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Médicos que pusieron en práctica la autoexperimentación

A veces no queda otra opción que experimentar las nuevas ideas que pueden obsesionarnos, en uno mismo. Hay una larga lista de médicos que, a falta de valientes voluntarios, pusieron en práctica sus revolucionarios conceptos en carne propia, con distintas suertes. Esta es una lista de los abnegados y temerarios galenos que pusieron en práctica la autoexperimentación.

William Hunter, el médico más famoso de Londres en el siglo XVIII, hábil cirujano y ávido coleccionista de curiosidades anatómicas (legadas a la medicina en un museo que lleva su nombre), tenía la idea de que la sífilis y la gonorrea (entonces no se conocía la diferencia entre ambas enfermedades), eran transmitidas durante el acto sexual. Hasta allí demostraría tener razón, pero el método para evidenciarlo resultó ser el equivocado (y por lo tanto las conclusiones a las que arribó, también lo fueron).

Ante todo, es menester aclararle que lo que está usted pensando es equivocado. Al casto Dr. Hunter no se le hubiese ocurrido mantener relaciones sexuales promiscuas para demostrar su punto de vista, ¡No señor! Optó por un método más virtuoso (bueno, es una forma de decir). Tomó material purulento de un paciente con gonorrea (al que llamaba toxina generes) y lo puso en contacto con su miembro viril, sin que mediase acto sexual… a los pocos días padeció una uretritis purulenta, signo que confirmaba sus sospechas. La experiencia no resultó ser tan simple ya que días más tarde apareció con un chancro sifilítico. Esta eventualidad empujó al Dr. Hunter a afirmar que ambas enfermedades eran la misma. Y como esto lo decía el Dr. Hunter, era palabra santa ...

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Clase de William Hunter en el Royal College of Arts, 1783, según Johann Zoffany, mediatinta. Wellcome Collection, Creative Commons.
Clase de William Hunter en el Royal College of Arts, 1783, según Johann Zoffany, mediatinta. Wellcome Collection, Creative Commons.

Sin embargo, con esta falsa conclusión falaz lograda en el sufrido campo de la autoexperimentacion, atrasó en varios años las investigaciones en enfermedades venéreas, porque lo que no sabía el Dr. Hunter es que el paciente del que tomó la pústula, era un pecador que padecía tanto sífilis como gonorrea, enfermedades que el Dr. Hunter contrajo al mismo tiempo gracias a su enorme curiosidad científica.

Su ejemplo no sirvió para escarmentar a otros colegas y poco después el Dr. Stubbins Ffirth de Filadelfia se prestaba a demostrar que la fiebre amarilla no era una enfermedad transmisible por contacto directo. A tal fin se inoculó, instiló e inyectó material proveniente de enfermos que la padecían, y al no contaminarse demostró que no era una enfermedad transmisible por contacto directo o por "mismas " como se decía entonces …

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En realidad, la fiebre amarilla fue un tema excluyente de las enfermedades infecciosas, cuyo origen se debatió por mucho tiempo. El Dr. Carlos Finlay expuso su teoría sobre la necesidad de un vector para su transmisión. Pero, ¿cuál? Un grupo de médicos militares norteamericanos se ofrecieron como voluntarios para ser picados por un mosquito (Anopheles aegypti). Fue así como los doctores James Carroll, Arístides Agramonte y Jesse Lazear, bajo las órdenes del coronel Walter Reed fueron inoculados y pudieron demostrar cual era el vector de la enfermedad, aunque dos de ellos dejaron su vida en el intento.

August Bier demostró los beneficios de la anestesia raquidea en sí mismo y en su ayudante August Hildebrandt. No solo eso, sino que demostraron cual era la dosis necesaria (usaron cocaína entonces) y donde debían hacerse las inyecciones para anestesiar distintas partes del organismo.

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August Bier
August Bier

Sin embargo, la experiencia más impactante la protagonizó un joven médico llamado Werner Forssmann, quien fue el primero en realizar un cateterismo cardíaco… en sí mismo. En 1929 mientras trabajaba en Eberswalde, se hizo una incisión en su vena cubital e introdujo un catéter urinario por la vena hasta llegar a la aurícula. Una vez logrado este cometido, caminó hasta la sección de radiología con el catéter en su lugar, y allí se hizo una radiografía donde demostraba que había llegado al corazón. Lo que también le llegó fue el telegrama de despido, porque la administración del hospital no vio con buenos ojos esta aventura científica. Si la experiencia no hubiese sido exitosa y Forssmann moría en el intento ¿De quién era la culpa? Bueno, cosa de abogados. De hecho, como seguía con esta idea y sus jefes no querían saber nada de esta peligrosa técnica, Forssmann se especializó en urología (como su esposa) después de volver de la guerra dónde sirvió en el ejército nazis. Con el tiempo, su trabajo fue reconocido con el Premio Nobel en 1956.

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 Radiografía mostrando el catéter en el corazón de Werner Forssmann
Radiografía mostrando el catéter en el corazón de Werner Forssmann

Curiosamente el Texas Heart Institute Journal juntó 465 casos de autoexperimentación a lo largo de 50 años. Por lo menos doce de ellos recibieron el Premio Nobel. Un alto reconocimiento para una peligrosa práctica.

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