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Mariquita

María Josepha Petrona de Todos los Santos Sánchez del Velasco y Trillo, viuda de Thompson y de Medeville, es para todos solo Mariquita, el símbolo de la emancipación femenina. Fue ella una mujer de carácter que ocupó un puesto de primera línea dentro de la naciente sociedad argentina, por vínculos y méritos literarios que volcó en una extensa obra epistolar. Mariquita nació el 1ero de noviembre de 1786 y su imagen está íntimamente ligada a la de nuestro Himno por sus curiosas asociaciones iconográficas, que no siempre condicen con los hechos.

¿Por qué fue Mariquita Sánchez de Thompson el nombre de la mujer emancipada y no otras, como Melchora Sarratea, Ana Perichón, o Eduarda Mansilla, entre otras damas de la sociedad porteña? Quizás por sus vínculos sociales o por ser ferviente opositora antirrosista, que asistió a los Unitarios en su guerra contra Rosas y en el exilio. Quizás Mariquita trascendió porque la precedía un publicitado escándalo romántico, que había vivido para lograr casarse con su primo, Martín Thompson, a pesar de la oposición de su padre. Fue necesario el dictamen del Virrey Sobremonte para dejar sin efecto los arreglos nupciales de Don Velasco, que obligaba a su única hija a un matrimonio sin amor (como la mayor parte de los consagrados en esa época). Sin embargo, Mariquita no le devolvió el favor al Virrey, ya que cuando llegaron los ingleses, ella les abrió las puertas de su hogar para confraternizar con los apuestos oficiales británicos y más tarde adhirió a la empresa libertaria que terminó con la dominación española en el Río de la Plata.

Mariquita pasó a la historia como la anfitriona que ofrece su hogar para la ejecución de la marcha patriótica, que, si bien se dice se llevó a cabo en su casa de la quinta “Los Ombúes”, en San Isidro, el 14 de mayo de 1813. No fue este el estreno del que se convertiría en el Himno de los argentinos, ni aconteció lo que refleja el cuadro de Pedro Subercaseaux, aunque se haya convertido en parte de la mitología nacional (ver Historia del Himno Nacional). En esta obra es Remedios de Escalada quien entona el Himno, cuando en realidad fue Mariquita la interprete.

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El fervor patriótico de su marido lo llevó a representar al joven país en los Estados Unidos, donde cayó víctima de un abrupto deterioro mental (¿Acaso sífilis terciaria?).

Quedó Mariquita viuda, encargada de criar a los cinco hijos que había tenido con Martín, en un difícil momento del país. A pesar de ello, encontró tiempo para atender “La Sociedad de Beneficencia”, que Rivadavia le confió.

Joven aún, interesante, preparada y mundana, nuevamente Mariquita se casa, esta vez con Washington de Mendeville, francés y aventurero, dilapidador de la fortuna de su esposa, diplomático y opositor a los designios del nuevo hombre fuerte de la Argentina y amigo de la infancia de su esposa. Conociendo la frialdad de Don Juan Manuel de Rosas, Mariquita prefiere poner distancia, afincándose en Montevideo, después de un breve cambio de esquelas donde confiesa el ya célebre, “Porque te tengo miedo, Juan Manuel”.

No solo se escapó de Rosas, Mariquita también aprovechó la oportunidad para poner distancia con Mendeville, al que poéticamente llamaba “la tierra de mis lágrimas”, una elipsis literaria para definir las desavenencias conyugales y económicas.

Mariquita apoyó a la intelectualidad porteña que se alojaba entre las murallas de Montevideo, seduciéndolos con su cultura y su don de gentes, aún hasta el paroxismo erótico que relata sin tapujos un joven y fogoso Sarmiento.

Después de Caseros volvió Mariquita a Buenos Aires a brillar como antaño lo hiciera convertida en la figura de la emancipación nacional y femenina.

Murió el 23 de octubre de 1868 y sus restos fueron enterrados inicialmente en la bóveda de los Lezica, poderosa familia de banqueros a la que estaba unida por vínculos políticos. Posteriormente sus restos fueron trasladados a la bóveda de la Recoleta que la recuerda con el nombre de su último marido.

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Tumba de Mariquita Sánchez de Thompson, en el cementerio de la Recoleta.
Tumba de Mariquita Sánchez de Thompson, en el cementerio de la Recoleta.

Se dice que en ese lugar también está enterrada la hija del Conde Waleska (enviado francés durante el bloqueo que esa nación impuso a nuestro país) quien era hijo natural de Napoleón Bonaparte. Erróneamente se dijo que Mariquita era la madrina de esta niñita, nieta de Napoleón.

En oportunidad de la muerte de “este tierno suspiro”, José Mármol le escribió una carta a la esposa de Waleska (la Condesa Ana María Ricci) donde se conduele de su pérdida, “Usted ha podido llorar con sus ojos fijos en una tumba, (mientras miles de madres argentinas) no pueden llorar a sus hijos en tumba alguna, ni llevarles flores”.

La obra completa de Mariquita se editó en el año 2003.

mariquita sanchez

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