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Marco Antonio y los despechos

"Vengo a enterrar al César y no a alabarlo", fueron las palabras que Shakespeare puso en boca del leal seguidor de Julio César con la intención de alzar a la plebe romana contra los asesinos del conquistador. Marco Antonio se convirtió en el hombre fuerte de Roma, el sucesor de César en el poder hasta que Octavio, el hijo adoptivo de Julio César se unió a su gesta primero y después compitió con el por la conducción del Imperio. Estas guerras terminaron con la trágica muerte de Marco Antonio, sin sentidos discursos ni nadie que lo alabara.

Marco Antonio nació en el seno de una familia patricia y en medio de intrigas palaciegas como era la política romana de entonces… y de ahora. Pasó su juventud vagando por Roma, una vida rebelde y despreocupada, involucrado en escándalos y deudas de juego. Para escapar de sus acreedores huyó a Atenas donde invirtió lo que le quedaba de fortuna en la actividad más remunerativa, su educación. Estudió a los clásicos y aprendió retorica, aunque nunca se destacó por su oratoria.

Después ingresó al ejército que era la forma más segura de obtener prestigio y dinero. Estuvo en Egipto, en Siria, y acompañó a César en la conquista de las Galias. Aunque su carácter confrontativo le provocó innumerables conflictos y hasta un reproche del César, éste le concedió ascensos hasta nombrarlo tribuno del pueblo.

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Julio César. Obra de Nicolas Coustou.
Julio César. Obra de Nicolas Coustou.

Marco Antonio apoyó a su mentor en el momento más dramático de su carrera, cuando debían volver a Roma, renunciando a su condición de procónsul.

Ambos se encontraron en el cruce del Rubicón, cuando no había posibilidad de arreglar con el Senado y desencadenaron una guerra civil. El conflicto fue coronado con la unción de César como dictador. Marco Antonio se convirtió en su mano derecha, magister equitum. Sin embargo, las habilidades administrativas de Marco Antonio eran de nulas a escasas, pero su ambición y codicia eran sobresalientes. Se adueñó de las propiedades de Pompeyo y se dedicó a dilapidarl prolijamente junto a una “actriz” llamada Cytheris. César le recriminó esta actitud. Marco Antonio se ofendió y como en las anteriores oportunidades actuó con violencia. César relevó a Marco Antonio de sus responsabilidades y no se vieron por dos años hasta qué Cesar lo madó a llamar a su lado.

Corría el año 44 a.C. y llegaron los idus de marzo y con estos la traición y muerte del romano más famoso.

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Cuadro de William Hilton hecho en el siglo XIX que recrea el funeral público de Julio César presidido por Marco Antonio
Cuadro de William Hilton hecho en el siglo XIX que recrea el funeral público de Julio César presidido por Marco Antonio
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Cuadro de William Hilton hecho en el siglo XIX que recrea el funeral público de Julio César presidido por Marco Antonio
Cuadro de William Hilton hecho en el siglo XIX que recrea el funeral público de Julio César presidido por Marco Antonio

Antonio debió escapar de la ciudad vestido de esclavo, temiendo que los asesinos harían correr la misma suerte a los seguidores del dictador. En contra de todas las estimaciones, se declaró una amnistía y así salvó su vida.

Fue Marco Antonio quien tomó la iniciativa y comenzó la retaliación contra los magnicidas.

De aquí en más se desarrolló una larga contienda que se extendió hasta Macedonia. Antonio, Octavio y Lépido constituyeron un triunvirato que llevó adelante la guerra que concluyó con la muerte de 1000 caballeros y 160 senadores romanos. Entre ellos estaba Cicerón que había hostigado con hirientes discursos la integridad de Marco Antonio. La venganza cayó sobre el orador, cuya cabeza y manos fueron cortadas y exhibidas en Roma.

Pero la suerte no es eterna y las venganzas son largas. Los ayer aliados, se pelearon y el triunvirato cayó.

Marco Antonio se fue a Egipto donde quedó seducido por la viuda del César: Cleopatra VII.

La perdición de Marco Antonio llegó a manos de su esposa despechada. Fulvia instó a vengar la afrenta y los ejércitos de Roma. Sin embrago la muerte de su conjugue le dio la oportunidad a Marco Antonio de recomponer su situación política casándose con la hermana de Octavio. Pero el recuerdo de Cleopatra primó en el espíritu de Marco Antonio, quien volvió a Alejandría y a sus brazos.

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El encuentro de Antonio y Cleopatra (1885), de Lawrence Alma-Tadema.
El encuentro de Antonio y Cleopatra (1885), de Lawrence Alma-Tadema.

Después de marchas y contramarchas a lo largo y ancho del Imperio, Octavio enfrentó a las fuerzas conjuntas de Marco Antonio y Cleopatra en la batalla naval de Accio. La suerte les fue esquiva y Marco Antonio decidió suicidarse, pensando que Cleopatra ya se había quitado la vida. Sin embargo, la reina de Egipto no había tomado aún esa decisión y llegó a acariciar a Marco Antonio en sus momentos finales, muriendo en sus brazos. La leyenda dice que la bella faraona trató de seducir a Octavio, pero éste la rechazó. Sin salida posible, Cleopatra se hizo morder por una serpiente.

No hay tumba donde llorar la lealtad de Marco Antonio, ni cantar las glorias y penurias, ni las traiciones y despechos que tuvo en vida.

“Muere luego y vive antes; revive con besos. Si tal poder tuvieran, yo mis labios gastaría besando” – William Shakespeare “Antonio y Cleopatra”.

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