Personajes

Manuel Blanco Encalada

Nacido en el seno de una familia criolla y bien posicionada, sus padres fueron el oidor Manuel Lorenzo Blanco Cicerón, de nacionalidad española, y Mercedes Calvo de Encalada y Recabarren, criolla nacida en Chile. Fue enviado en 1801, siendo aún muy joven, a España para aumentar y mejorar su formación como futuro militar. En 1806 consiguió entrar en la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, donde se forjó en sus primeros escalones militares. En 1808 participó en la lucha contra el invasor francés, regresando de su puesto en el apostadero de El Callao, siendo ascendido a alférez y destinado al mando de una división naval en el Pacífico.

Estando en destino en el mar estalló el movimiento revolucionario en Buenos Aires, pero las sospechas de las autoridades españolas pronto se hicieron patentes, ya que tanto su familia como gran parte de sus amistades estaban bajo control de las autoridades ante la creencia de que sus ideas liberales y prorrevolucionarias podían ser peligrosas. Por este motivo, fue comisionado a España para alejarle del foco principal del movimiento independizador, aunque en 1812 pudo volver a América como oficial de la corbeta Paloma, destinada al puerto de Montevideo.

Estando en Montevideo abrazó formalmente la causa del movimiento de la independencia, refugiándose entre los miembros de la alta sociedad uruguaya que también se había decantado por el proceso revolucionario. En 1813 tomó el camino de Chile, llegando a Santiago cuando acababa de recibirse la noticia del desembarco del brigadier Antonio Pareja en Talcahuano. El general José Miguel Carrera lo destinó inmediatamente al arma de Artillería, encargándole la construcción y reparación de cañones y armamentos, organizando Blanco la primera maestranza y taller de armas que tuvo el país.

Fue hecho prisionero por los españoles después de la derrota de Rancagua, e internado en la isla de Juan Fernández, donde permaneció hasta después de la batalla de Chacabuco. Liberado, sirvió eficazmente de nuevo al frente de las tropas insurrectas que trataban de liberar Chile. Después de la batalla de Maipú (5 de abril de 1818) fue nombrado teniente coronel efectivo de su Arma. Esta victoria no decantó, pese a los logros iniciales, la estrategia independentista de manera definitiva. O’Higgins y su ministro Zenteno se dispusieron a preparar una escuadra, fundamental para obtener el dominio del mar y a través de éste asegurar dicha independencia.

El 28 de junio de 1818, con el grado de capitán de Marina de 1.ª clase, se nombró a Blanco Encalada comandante general interino del departamento de Marina, con sede en el puerto de Valparaíso, encargándose además de la organización de la Academia de Guardia Marinas para formar oficiales y el reclutamiento de marineros extranjeros, en especial ingleses y norteamericanos. Su labor al frente de la Marina tuvo efectos prontos, ya que con las fuerzas de que disponía pudo ya en pocos meses apuntarse las primeras victorias, como fueron las del apresamiento de la fragata María Isabel, así como de otros navíos menores, causa por la que fue ascendido a contralmirante. El 28 de noviembre de 1818 llegó a Valparaíso el almirante escocés Thomas Alexander Cochrade, y el gobierno le entregó formalmente el mando supremo de la recién creada Marina chilena. Blanco asumió el mando como segundo de la escuadra, pese a ser el verdadero creador e inspirador de la misma.

A solicitud propia fue trasladado al ejército el 7 de junio de 1820, asumiendo como jefe interino del Estado Mayor y comandante general de Armas de Santiago. Además, el 7 de septiembre del mismo año, el Senado le otorgó el alto honor de darle la investidura de mariscal de campo. Su campaña más brillante, sin embargo, durante la guerra de independencia, que se encontraba ya en sus últimas fases, fue la expedición para liberar Chiloé en 1825, el último baluarte hispano en Chile. Allí, nuevamente al frente de la escuadra, condujo las fuerzas del general Ramón Freire Serrano, que finalmente ocuparon el territorio sin una resistencia elevada. A su regreso de la victoriosa campaña de Chiloé, y terminada la gestión de Freire como director supremo, en julio de 1826 el Congreso Nacional lo nombró como primer presidente de la República, aunque muy pocos meses después abandonó el cargo para separarse definitivamente de la política, a la que no sentía un especial apego.

En 1836, con motivo de la revolución militar organizada por el coronel Vidaurre, marchó contra Santa Cruz como general en jefe de aquella campaña. Al concluir satisfactoriamente su mando para sofocar esta revuelta, fue destinado al mando de las fuerzas que fueron al Perú a derribar a Santa Cruz, quien era el responsable de la confederación peruano-boliviana. Firmó con él los tratados de Paucarpata, pese a que no contó con la aprobación de sus jefes políticos en Chile. Esto motivó que a su regreso fuera sometido a un duro consejo de guerra que, aunque le declaró libre y exento de toda responsabilidad pública, fue motivo más que suficiente para que se retirara definitivamente a la vida privada.

En 1847 fue encargado de la Intendencia de Valparaíso y en 1852 de la embajada de Chile en París, donde se granjeó fuertes simpatías gracias a su peculiar diplomacia y tacto. Concluido su mandato, regresó a Chile, donde estuvo retirado de la política hasta que en 1865 fue comisionado para tomar el mando de las escuadras combinadas de Perú y Chile frente a la guerra contra España.

Después de su muerte, una fragata de la Marina chilena tomó su nombre, Blanco Encalada, por Decreto n.º 227 del Ministerio de Guerra y Marina del 15 de septiembre de 1876.

Texto extraído del sitio: https://dbe.rah.es/biografias/13779/manuel-blanco-encalada

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