Los barcos suelen pasar a la historia por desgracias. El Titanic, el Mafalda y el Lusitania, están entre los naufragios más celebres de su tiempo. Otros, como el Graf Spee o el Bismarck, se convirtieron en sinónimos de lucha sin cuartel. El HMS Bounty fue testigo de un motín que pasó a los anales de la marina británica mientras, que el buque “La Amistad”, fue escenario de una rebelión de esclavos que ocasionó un conflicto internacional.

La Venganza de la Reina Ana era el barco insignia del pirata Barbanegra, y el Golden Hind de Sir Francis Drake (pirata al fin, pero con título de nobleza).

The Great Eastern y The Great Western, fueron naves a vapor, las más grandes de su época, creadas por el ingeniero más célebre del siglo XIX, Isambard Kingdom Brunel.

El nao Victoria fue el primer navío en dar la vuelta al mundo y el Victory fue la nave insignia del almirante Nelson, quien, al vencer en Trafalgar a los franceses y españoles, le dio a Gran Bretaña el dominio de los mares.

Curiosamente, el Victory, está relacionada con la ciudad de Maldonado, no porque se haya atracado en este puerto, sino porque aquí estuvo el capitán Sir Thomas Masterman Hardy (en cuyos brazos había muerto Horatio Nelson) en su condición de jefe de la escuadra británica en América del Sud.

El Victory comparte una historia común con otras dos naves de la marina inglesa, el HMS Temeraire y el HMS Agamemnon, al ser estas tres naves hermanas, construidas siguiendo los mismos planos.

El Victory, la nave capitana de la flota británica bajo el mando de Nelson, pasó a la inmortalidad porque el almirante murió bajo su cubierta y por la célebre victoria de Trafalgar.

El Temeraire estuvo junto al Victory, su nave hermana, durante esta batalla y logró fama imperecedera al ser retratada por John Turner, en uno de los cuadros más célebres de Inglaterra, llamado justamente, El desguace del Temeraire, donde se ve a esta nave, ya desarbolada y conducida hacia su destino final por un barco a vapor, marcando el final de una época, la de los grandes barcos a vela.

Esta historia de naves hermanas que surcaron los siete mares impulsados a viento y músculos, se complementa con el aciago final del HMS Agamemnon, el primer barco inglés en llevar el nombre del héroe griego. Sus primitivos marineros, que evidentemente no habían leído la Ilíada y cuyo nombre les era ajeno y difícil de pronunciar, lo rebautizaron como “Egg and Bacon” (Huevo y tocino) por coincidencia vocal y no por supuestos gustos gastronómicos del rey griego.

El Agamemnon estuvo bajo el mando de Horatio Nelson desde enero de 1793 hasta junio de 1796. Bajo su liderazgo peleó contra los revolucionarios franceses y la flota de Napoleón. Fue a bordo de esta nave que el entonces capitán visitó Nápoles y conoció a Lady Hamilton, quien sería el gran amor de su vida. Al mando de esta nave, participó de la batalla de Córcega, Génova y las Islas Hyères. Después de 3 años de batallar, Lord Nelson transfirió su insignia al HMS Captain, mientras el Agamemnon continuaba su campaña al mando de Robert Fancourt. Este oficial debió soportar un motín a bordo que se extendió a toda la flota británica y fue conocido como el motín de Nore.

Varias naves se insubordinaron y bloquearon el puerto de Londres reclamando, entre otras cosas, el fin de la guerra con Francia. Las autoridades no cedieron a ningún reclamo y finalmente los amotinados se rindieron. Varios tripulantes del Agamemnon fueron ejecutados, apresados o trasladados a Australia.

El Agamemnon se sumó a la flota de Nelson que bloqueó Cádiz y, como sus naves hermanas combatió en Trafalgar, hundiendo a la Santísima Trinidad, la nave insignia de Baltasar Hidalgo de Cisneros, futuro virrey del Río de la Plata.

Después de su glorioso desempeño, cruzó el Atlántico persiguiendo a la flota francesa que se dirigía a Santo Domingo. A las órdenes de James Gambier participó de la segunda batalla de Copenhague y fue uno de los pocos barcos británicos que siguieron la intrépida misión de Thomas Cochrane, futuro jefe de la escuadra chilena.

En 1808 fue enviada al Brasil donde cumplió diversas tareas de escolta, hasta que fue encomendada a apoyar a la nave María que transportaba al Dr. James Paroissien, futuro médico del general San Martín quien, además, cumplió delicadas tareas diplomáticas.

El 16 de junio de 1809 el Agamemnon y la escuadra buscaron refugio en Maldonado, durante una tormenta. Los marinos británicos bien conocían este puerto, porque era un lugar obligado para reaprovisionarse de agua dulce.

Como decíamos, una tormenta se abatió sobre la bahía y la nave, que ya había sido reparada en varias oportunidades y sufría ya el paso de los años, comenzó a hacer agua, obligando a su tripulación a abandonarla.

El capitán Jonas Rose, a cargo del Agamemnon fue sometido a corte marcial en Río de Janeiro, un año más tarde. En la oportunidad se estableció que las malas condiciones de la nave hacían muy difícil cualquier tarea de rescate. El capitán fue exonerado.

El Agamemnon yace en el fondo del mar cerca de Maldonado, custodiados sus secretos por el océano, testigo de sus pasadas glorias.

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