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Los pilotos polacos en la batalla de Inglaterra

Cuando Churchill pronunció esa célebre frase sobre los pocos a los que Inglaterra tanto le debía, no solo hablaba de los pilotos ingleses y los británicos llegados de todo el mundo para defender al imperio, sino también de los pilotos polacos que tuvieron un brillante, pero no siempre reconocido desempeño en la contienda. Esta es la historia de los 145 combatientes oriundos de Polonia, que participaron en la Royal Air Force. Una fracción de "los muy pocos".

Después de la invasión soviética a Polonia y viendo que todo esfuerzo era en vano para revertir la derrota, centenares de pilotos llevaron sus aviones a Rumania y Hungría. En 1921 Francia y Polonia habían suscripto una alianza, razón por la cual se dirigieron a esa nación. Lamentablemente, la conducción hesitativa del general Gamelin, desaprovechó la capacidad operativa de estos aviones polacos que, aunque obsoletos, eran conducidos por intrépidos pilotos.

Aunque volaron 714 misiones y reportaron más de medio centenar de victorias, durante esta batalla en Francia, las autoridades francesas prohibieron volar a los aviones polacos, pero no les ofrecieron nuevas máquinas, razón por la cual y ante el inminente colapso de la "teóricamente" infranqueable línea Maginot, cientos de pilotos polacos se dirigieron a Inglaterra.

El mariscal del aire inglés, sir Hugh Dowding dudó antes de aceptar a estos voluntarios no británicos. Los polacos demostraron ser excelentes pilotos, aunque eran desorganizados y se expresaban muy mal en inglés. Por tal razón, al principio de la batalla de Inglaterra, los polacos fueron mantenidos en reserva mientras aprendían el idioma y los códigos británicos.

Recién en julio de 1940, cuando las bajas de la RAF hacían peligrar la defensa contra la Luftwaffe, fueron incorporados los escuadrones 300, 301, 302 y 303 volando los Hawker Hurricane. En pocos días demostraron su habilidad y una actitud valiente que rayaba con lo temerario. El escuadrón 308 se convirtió en la unidad de combate más efectiva de la RAF. Sin embargo, este dato no fue difundido por la prensa. La censura inglesa no quería darle el crédito que merecían a estos pilotos por una cuestión de imagen. Igualmente, las proezas de los polacos se difundieron de boca en boca y se convirtieron en la sensación de Londres, especialmente entre los jóvenes ingleses.

Una cosa era no difundir los éxitos de los pilotos no británicos y otra era desaprovecharlos; en pocas semanas se habían creado diez escuadrones más piloteados por polacos. Para el final de la guerra, más de 1000 pilotos polacos habían servido en las fuerzas aliadas.

Un destacado piloto de origen polaco, Witold Urbanowicz, más conocido como Kobra, derribó 15 aviones enemigos y fue el as del aire que condujo a sus subalternos del célebre escuadrón 303 que logró destruir 126 aviones enemigos durante la Batalla de Inglaterra. Witold fue el piloto más condecorado y el único polaco en recibir medallas de tres naciones aliadas.

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Otro de los miembros del escuadrón 303 era Jan Zumbach a quien, como muchos de los pilotos polacos, le daban un sobrenombre, dada la dificultad en pronunciar sus apellidos. En este caso lo llamaban Donald (de hecho, en sus aviones tenía una imagen del Pato Donald). Durante la batalla de Inglaterra derribó 8 naves enemigas.

La lista de combatientes es larga, fueron muchos los destacados. La mayor parte murió en acción a lo largo de la guerra. De los supérstites la enorme mayoría prefirió no volver a Polonia, que estaba dominada por un gobierno pro soviético. Los pocos que retornaron fueron apresados y atormentados por haberse ido de Polonia. Para ellos la guerra siguió de una forma más cruel.

Cuentan que George VI tenía curiosidad en ver a estos aviadores de los que se contaban tantas cosas. En una entrevista le preguntó a un piloto polaco qué era lo que le resultaba más difícil. Este, sin dudarlo, respondió “obedecer las disposiciones del Rey…”.

El ejército polaco se dispersó por el mundo y 14.000 de estos soldados encontraron una nueva vida en una Argentina, lejana y neutral, que los albergó como hombres que habían demostrado su buena voluntad.

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