Nos encanta creer que nuestros próceres mueren pobres y atormentados en el exilio. Si bien puede ser verdad para algunos, como Belgrano (que no murió en el exilio, sino en la misma casa en la que nació), o Rondeau y Artígas, otros gozaron de un retiro acomodado, o por lo menos decoroso, cómo Sarmiento, Facundo Quiróga, Martín de Sarratea o Carlos María de Alvear (que fue representante diplomático de la Confederación en París y Estados Unidos, respectivamente). Rivadavia que tenía una cómoda casa en Cádiz, o Pueyrredón, que después de vivir holgadamente en París, murió en Buenos Aires, en su vistosa quinta de San Isidro.

Mitre, el fundador de nuestra historiografía, vivía en la casa que le fue donada y se convirtió en museo, rodeado de una enorme biblioteca y con el reconocimiento de la ciudadanía.

Urquiza era una de las personas más ricas del país, y Rosas también lo fue, aunque la decomisión de sus cuantiosos bienes solo le permitió tener la propiedad rural de Burguess Farm, desde donde escribía cartas a sus seguidores, reclamando aportes para su sostenimiento, que llegaban a £ 1.000 al año, una cifra nada despreciable entonces.

En el caso de San Martín después de su campaña emancipadora, vivió cómodamente a lo largo de un retiro de 25 años, aunque haya pasado períodos de estrecheces. ¿De dónde obtuvo los medios para sostener su ritmo de vida que incluía viajes por Europa y visitas a balneareos de moda?

Estando en Chile, junto a O’Higgins abrieron una cuenta conjunta en Londres para cobrar una comisión por la compra de armas a Inglaterra, una práctica bastante común en la época. Lamentablemente, la caída de la bolsa de Londres e inversiones desafortunadas de Álvarez Condarco (quien manejaba estos fondos), desbarataron éstos dineros que estaban destinados a cubrir las erogaciones de su retiro. Su amigo O’Higgins pudo vivir sus años de exilio en una casa decomisada a los españoles en Lima, que San Martín le había cedido cuando fue Protector del Perú.

La concesión de bienes y $ 500.000 de San Martín a figuras de la política peruana, a fin de comprar voluntades, había creado un malestar entre las tropas argentino-chilenas. Las Heras y Necochea renunciaron a sus puestos y volvieron a Chile.

Después de su renuncia como Protector del Perú, San Martín también se vio obligado a volver a Chile, donde no fue bienvenido por la decisión de mantener impagos los sueldos caídos a los tripulantes de la Marina chilena, conflicto que terminó con el espinoso episodio de Ancón, cuando el almirante Cochrane decidió cobrarse la deuda manu militari, capturando al buque “Sacramento”, dónde se había transportado el equivalente a £ 80.000 del Tesoro de Perú.

Lo cierto es que este episodio creó un enfrentamiento con el almirante escocés, que lo acusó ante el gobierno de Chile. Durante su permanencia en Santiago se rumoreó que el general habría de ser encarcelado, cosa que al final no se cumplió por la paciente injerencia de O’Higgins.

Al final, San Martín pudo llegar a Buenos Aires, donde cobró la herencia de su difunta esposa, que ascendía a $ 43.000, e incluía varias propiedades de los Escalada, una de las familias más adineradas de Buenos Aires.

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Escultura de Remedios de Escalada en el Instituto Nacional Sanmartiniano.
Escultura de Remedios de Escalada en el Instituto Nacional Sanmartiniano.

Entre los negocios que San Martín dejó en el país al partir, estaba su quinta de Barriales, en Mendoza y algunas propiedades en Buenos Aires, entre las que se contaba la esquina frente a la Plaza de Mayo, donde está la sede del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Además cobraba una pensión de $ 9.000 anuales, otorgada por el gobierno de Lima. Con estos dineros invirtió con Braulio Costa (el financista más encumbrado de Buenos Aires, que manejó después los cuantiosos bienes de Facundo Quiroga) una hipoteca por la suma de $ 30.000 sobre la estancia Rincón de López que era propiedad de los Ortíz de Rosas.

Gracias a los ingresos que le otorgaban sus propiedades en América Latina, alquiló una casa por $ 200 en Bruselas con su hermano Rufino, el único de los San Martín que compartía las ideas liberales de José, ya que los otros dos continuaron prestando servicios en el ejército español (Tadeo llegó a ser una autoridad de importancia en Filipinas).

Los problemas económicos comenzaron cuando el peso se depreció durante la Guerra con el Brasil, y el gobierno peruano se vio en dificultades económicas para pagar el empréstito en libras esterlinas, que el mismo San Martín había contraído durante el Protectorado. La cifra convenida, se redujo a $ 5.000 y la deuda impaga ascendió a $ 33.000.

El viaje de su hija Mercedes a Buenos Aires junto a su marido, Mariano Balcarce le permitió poner en orden sus cuentas en Mendoza, Buenos Aires y Santiago.

Mientras su hija y su yerno se encontraban en Buenos Aires, se reencontró con su antiguo compañero de armas del ejército español, Alejandro María de Aguado, un poderosísimo banquero que debió alejarse de su país adherir a las políticas de José Bonaparte. Esta diferencia no le impidió mantener una fluida relación financiera con el gobierno de Fernando VII, a quien concedió un crédito para paliar las enormes sumas adeudadas por el gobierno español (mientras el monarca depositaba en Londres su fortuna personal de varios millones de libras esterlinas).

Su activa participación en las finanzas de España le había granjeado el título de marqués de las Marinas del Guadalquivir y a su muerte acumular una fortuna de 190.000.000 de francos, cifra inmensa que causó sorpresa aún al mismo San Martín, quien sabía que su amigo era rico, pero no “tan” rico. El Libertador fue nombrado albacea de los hijos de Aguado y como tal, tuvo un sueldo de 4.000 francos mensuales y un legado a 30.000 francos.

A instancias de su amigo, compró un predio vecino a la casa de campo de Aguado, llamado Gran Bourg, por el que abonó 13.500 francos. En sus parques los dos compañeros de armas solían caminar los días de verano.

Al año siguiente compró un apartamento en 9 Rue Saint Georges, en el centro de París, por 140.000 francos, edificio que aún está en pie, pero no se puede visitar.

Gracias a esta bonanza económica aparejada por el vínculo con Aguado, el general decidió cederle a su amigo Tomás Guido, las 50 Ha de la quinta de Barriales. La designación de su yerno Mariano a cargo de la delegación argentina que había estado en manos de Martín de Sarratea, mejoró la situación económica de la familia.

Sin embargo, la casa que conocemos los argentinos es la réplica de Boulogne Sur Mer, un edificio alquilado donde pasó sus últimos días, cuando temía que los desbordes revolucionarios franceses podían desembocar en una anarquía, razón por la cual pensaba cruzar con su familia a Inglaterra.

La casa donde actualmente reside el Instituto Sanmartiniano en Palermo es una reproducción de mayor tamaño al original, donde el Libertador pasó sus últimos momentos, cuando la tormenta lo llevó al puerto (C’est l’orgi qui mene au port) de donde partiría hacia la inmortalidad.

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Notas fiduciarias

Un franco valía 4 gramos de plata fuerte. Hoy un gramo de plata vale € 0,50 aproximadamente.

Una libra esterlina de 1830 debería multiplicarse por 45 para tener una idea de su valor actual.

Cada 5 pesos españoles que se usaban en América Latina equivalían a £ 1, pero ésta proporción se perdió después de la guerra con el Brasil.

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