En Argentina la soberanía nacional se defendió con sangre. Y hubo hombres que se pusieron al servicio de una patria que no en todos los casos los había visto nacer. Además de criollos, fueron soldados irlandeses, americanos, e ingleses quienes pelearon contra la flota anglo francesa que intentó forzar las cadenas aquel 20 de noviembre de 1845, en la Vuelta de Obligado. Esta es la historia de los heroicos y algunos olvidados defensores de la soberanía que hoy conmemoramos.

Entre los convocados por Lucio N. Mansilla a participar de la defensa de Obligado se encontraba el hijo del Almirante Guillermo Brown, Eduardo (1817 - 1856). Éste fue encargado de la batería nombrada en honor a su progenitor. Eduardo había estado en la armada de la Confederación bajo las órdenes de su padre. Cuando fue sancionado por una falta menor, Rosas hizo que pasase el tiempo de arresto que le correspondía en la casa de "Don Bruno", que era como Rosas llamaba al almirante.

También bajo las órdenes de Don Bruno había servido quien llegaría a coronel de la armada, Álvaro Alzogaray. El entonces capitán había nacido en Santa Fe. Desde joven ingresó al ejército y posteriormente a la nueva armada. La relación con Brown fue tormentosa por algunas manías del almirante que lo hizo arrestar sin razón aparente. Cuando Alzogaray fue a quejarse a Rosas por esta injusticia, el Restaurador, condescendiente, le dijo "usted sabe como es Don Bruno", y sin más el tema quedó archivado. Alzogaray condujo una de las baterías que tuvieron a raya la flota agresora. Y que paradójicamente se llamaba "Restaurador". Caído Rosas, Alzogaray continuó sus funciones en la armada, que culminó durante la guerra de la Triple Alianza. Su hijo, homónimo, también sirvió en esta contienda.

Otro marino formado junto a Brown fue el irlandés Tomás Craig (1806 - 1863), quien había iniciado su carrera militar en el Ejército del Norte, batiéndose en Tucumán, Salta y los desastres de Vilcapugio y Ayohuma. Se incorporó a la flota chilena durante la campaña del Pacífico, a las órdenes de Thomas Cochrane, para después servir en la contienda contra el Imperio bajo el mando de Brown y John Halstead Coe. También tuvo la oportunidad de pelear contra un italiano pelirrojo, llamado Garibaldi. Desde la nave "El Republicano", Craig hostigó a las naves que trataron de pasar las cadenas que bloqueaban la Vuelta de Obligado. Cuando se percató de que era imposible sostener la posición, hizo estallar la nave para que no cayera en manos del enemigo.

El "sordo de Obligado" y la tropa de Rodríguez

Juan Bautista Thorne era norteamericano, nacido en Nueva York en 1807. Veterano de guerra del Brasil, había mostrado su coraje peleando en Carmen de Patagones, frenando el avance de los lusitanos. Tiempo después su nave fue capturada y estuvo un año preso en Río de Janeiro. Reincorporado a la marina participó en las contiendas civiles que azotaron nuestra nación, peleando a las órdenes de Coe contra los unitarios. En vuelta de Obligado estuvo al frente de la batería "Manuelita", permaneciendo en su puesto de combate a pesar de las numerosas heridas sufridas durante la acción, entre las que se contaba una pierna fracturada. El estallido de una bomba en su cercanía lo privó de la audición, y así se ganó el apodo de "el sordo de Obligado". Tuvo una larga carrera en nuestra marina defendiendo la soberanía nacional contra las pretensiones de distintas naciones. Su cuerpo era el mejor testigo de sus proezas donde exhibía las "severas impresiones de plomo" español, portugués, inglés y francés. Murió en 1885 y su cuerpo está enterrado en el Cementerio Británico.

Ramón Rodríguez fue el veterano oficial al mando de la infantería -que incluía al regimiento de Patricios- y la caballería porteña. Lo precedía una larga historia que se iniciaba con las Guerras de Independencia y continuaba con el conflicto con Brasil. Como edecán de Rosas, este le encomendó traer los restos de Facundo Quiroga asesinado en Barranca Yaco, y enterrado en Córdoba, a fin de cumplir el deseo de la esposa de que sus restos descansen en Buenos Aires.

Entre los soldados que tuvo a su mando, se encontraba un tal Antonio Rivero. Nadie esta seguro que haya sido el mismo paisano entrerriano -hay quien dice que era oriental y descendiente de charrúa- que había peleado contra los usurpadores británicos en Malvinas. Rivero había sido apresado por los británicos, conducido a Inglaterra y liberado por los jueces de ese país, que le reconocieron el estado de beligerancia y su condición de defensor de su terruño. Vuelto a Entre Ríos se desempeñó en distintas tareas rurales hasta que integró las fuerzas del coronel Ramón Rodríguez en la batalla de Vuelta de Obligado. Mucho se ha discutido sobre si era el mismo Gaucho Rivero que se había batido en Malvinas y enfrentado a las tropas usurpadoras tanto en las lejanas islas como en los márgenes del Paraná, y si bien no existe evidencia para negar que haya sido el mismo, la patria también se hace de mitos y leyendas, y resulta propicio creer en esta justicia poética en la que un paisano, gaucho entrerriano, se levantó en armas para defender la soberanía nacional.

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