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Los aventurados cruces del Atlántico en los tiempos heroicos de la aviación

Después de la Primera Guerra Mundial, la aviación estaba achicando el mundo. Una serie de pilotos trataban de romper los récords de altura, distancia, cruzar los océanos, atravesar los polos... pero ninguno de ellos fue tan recordado como el cruce non stop del Atlántico encarado por un joven e introvertido aviador americano llamado Charles Augustus Lindbergh. Esta es la historia de los aventurados vuelos transatlánticos.

Varios pilotos habían intentado la proeza de cruzar el Atlántico. Los primeros en intentar la travesía fueron dos aviadores británicos, Alcock y Brown que habían peleado para la R.A.F. y, curiosamente, ambos habían caído prisioneros de los alemanes. Después de escuchar el ofrecimiento de £ 10.000 del periódico Daily Mail, para atravesar el Atlántico, Alcock y Brown acondicionaron un Vickers (como habían usado en la guerra) y se largaron a la aventura. Las condiciones de vuelo eran tan primitivas que debieron valerse de un sextante para conocer su posición según las estrellas. Alcock y Brown lograron la hazaña uniendo Terranova con Irlanda. Pero Irlanda no era el continente europeo y Terranova, obviamente no era Nueva York. El empresario hotelero franco-americano Raymond Orteig estaba dispuesto a premiar con U$S 25.000 a aquel que hiciese un vuelo non stop¸ uniendo Nueva York con París. Orteig creía en el progreso de la aviación y cómo ésta estimularía al turismo en un futuro.

Alcock y brown
 Alcock y Brown.
Alcock y Brown.

El francés, René Fonck, un as del aire durante el conflicto con más de 75 victorias (solo superado por el celebérrimo Barón Rojo) se asoció con el diseñador ruso Igor Sikorsky a fin de lograr una máquina que reuniese las condiciones a fin de enfrentar el peligroso trayecto. Lamentablemente, el avión no llegó a despegar, probablemente por la carga excesiva que debía transportar (incluidos vinos, paté, caviar y champagne para celebrar como corresponde el arribo al otro continente). Lamentablemente Fonck no pudo saborear el espumante, pero sobrevivió al accidente y pudo escribir sus memorias. Sikorsky tuvo mejor suerte con los helicópteros.

Noel Davis y Stanton Wooster, dos pilotos navales norteamericanos, tampoco lograron despegar y murieron en el intento.

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René Fonck.
René Fonck.

A lo largo de 1927 varios aviones se prepararon para cruzar el Atlántico. Entre ellos se destacaba el América del comandante Richard T. Byrd, quien un año antes había partido junto a Floyd Bennet en el primer vuelo transpolar. Byrd dijo haber llegado al Polo Norte, aunque mucho se ha discutido si tal proeza realmente se logró.

A pesar de llamarse “América”, este avión había sido diseñado por un holandés llamado Anthony Fokker, que había asistido a los alemanes durante la contienda”. Este avión también fue construido en los Países Bajos. Sin embargo y a pesar del despliegue publicitario, la nave tampoco pudo despegar.

Por un momento parecía que el cruce del Atlántico sería imposible, hasta que Francesco de Pinedo, un aviador italiano que ya había unido Roma con Australia (vía Japón), llegó a los Estados Unidos, pasando por la costa de África, las Islas de Cabo Verde y el Caribe, desde allí llegó a New Orleans, donde inmediatamente fue recibido como un ídolo por la colectividad latina, que adoraba a este galante representante aéreo del Duce. Cuando el avión de Pinedo se incendió durante las reparaciones (un mecánico accidentalmente arrojó un cigarrillo sin apagar) los diarios italianos, reaccionaron denunciando el sabotaje como un “Vil crimen contra el fascismo”.

Sin embargo, la meta seguía siendo cruzar el Atlántico de un tirón, y los franceses Charles Nungesser y François Coli se prepararon para concretar la hazaña, en un avión de cockpit abierto. Una idea poco práctica para recorrer 3.600 millas a temperaturas bajo Cero… pero ambos pilotos eran héroes de guerra, y enseguida encendieron el espíritu patriótico de los franceses. Personajes famosos, como el boxeador George Carpentier y el chansonnier Maurice Chevalier, aparecieron junto a los aviadores apoyando esta gesta. Charles Nungesser era el piloto más condecorado de Francia después de Fonck. Además de condecoraciones lucía cicatrices ya que su historia clínica incluía seis fracturas de mandíbula, otras tantas de cráneo, dos heridas de bala, pérdida de piezas dentales y varios traumatismos más, que serían muy largo de describir. A Coli le faltaba un ojo… Estos individuos parecían los señalados para resucitar las glorias de la aviación francesa y prepararon una nave para la ocasión. Esta estaba diseñada por Pierre Levasseur, y se llamó L’Oiseau Blanc (el pájaro blanco). A diferencia de sus predecesores, el avión pudo despegar. Eso ya era un logro en sí mismo, que despertó el triunfalismo de los periodistas franceses. Al día siguiente, Paris Presse publicó que Coli y Nungesser habían acuatizado cerca de la estatua de la Libertad. ¡Qué mejor lugar para honrar las glorias de sus ancestros! Las campanas de París se echaron a volar y las botellas de champagne se descorcharon, celebrando la hazaña que una vez más ponía a Francia entre las naciones más modernas del mundo… pero la algarabía poco duró. Coli y Nungesser se habían perdido en el vasto mar. Inmediatamente se comenzó la búsqueda que también despertó falsas expectativas. Desde Islandia a Nueva York proliferaron noticias de avistajes, de misteriosas botellas con mensajes, y extrañas declaraciones de un campesino canadiense que juraba haberlos visto en Terranova… La verdad es que la desaparición de los franceses es uno de los grandes misterios de la aeronavegación.

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Charles Nungesser y François Coli.
Charles Nungesser y François Coli.

Mientras Nungesser y Coli preparaban su vuelo, del otro lado del Atlántico, un joven alto y rubio, de pocas palabras (que generalmente eran monosilábicas) anunciaba su intención de cruzar el océano desde Nueva York a París. En apenas nueve meses, once pilotos habían muerto intentando realizar esta proeza. ¿Por qué habría de ser exitoso este intento, si para colmo lo haría en solitario?

Charles Lindbergh resultó ser el héroe menos pensado.

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