PinturaMayo francés | 1968 | Revolución Francesa

Las paredes del Mayo francés

Se conoce como Mayo francés o Mayo del 68 al conjunto de protestas que se llevaron a cabo en Francia y, especialmente, en París durante los meses de mayo y junio de 1968. Esta serie de sublevaciones fue iniciada por grupos estudiantiles, a los que posteriormente se unieron grupos de obreros industriales, los sindicatos y el Partido Comunista Francés. Como resultado, tuvo lugar la mayor revuelta estudiantil y la mayor huelga general de la historia de Francia, y posiblemente de Europa Occidental, secundada por más de nueve millones de trabajadores.

Si tomamos como canon de revolución a la Revolución Francesa (1789) o Soviética (1917), en ese particular Mayo (1968) no hubo un muerto, hubo heridos, ataques policíacos, incendios, pero ninguna víctima mortal, x ende no responde al canon revolucionario (aristotélicamente hablando). Ahora, a nivel cultural sí y vestigio de ello son los miles de afiches y grafitis que dejaron esos sediciosos sesentistas sobre las paredes de esa soliviantada nación.

Durante esos días la Ëcole de Beau – Arts y la Ëcole de Arts Decoratif de la Soborna, establecieron un atelier popular, que durante esa primavera produjo más de 350 diseños de carteles serigrafiados al día con grafitis simples e impactantes y eslóganes concisos al estilo de los grafitis de las calles. Hoy en día todavía se considera una de las expresiones del grafismo social más impresionantes jamás logradas.

Una mano que empeña una cachiporra acompaña la famosa frase de Luis XVI utilizada a menudo para caracterizar al gobierno gaullista, “Létat, cest moi” (el Estado soy yo), es el más famoso de los afiches. “Brisons les urnes colonialistes” (romper las urnas colonialistas), “L'ennui est contre-révolutionnaire” (el aburrimiento es contrarrevolucionario), “Le patrón a besoin de toi, tu n'as pas besoin de lui” (el patrón te necesita, tú no necesitas al patrón), “Oubliez tout ce que vous avez appris. Commencez par rêver” (olvídense de todo lo que han aprendido. Comiencen a soñar), son tan solo cuatro del centenar de grafitis escritos durante esos días.

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La policía arrancaba los carteles de las paredes y los coleccionistas no tardarían en hacerlo también. Al instante empezaron a venderse ediciones piratas de los mismos, lo que enfureció a los estudiantes de arte. “La revolución no está a la venta”, diría Jean-Claude Leveque, uno de los más bien recordados. El atelier rechazó una oferta de setenta mil dólares de dos grandes editoriales europeas, entre otras ofertas varias.

Los grafitis siguen siendo una de las expresiones de los jóvenes, callejera, genuina y transgresora, por fuera de la propaganda política, que tomó más fuerza después de aquel mayo francés, como una de las formas alternativas de comunicación, en todos los rincones del mundo, siendo muchas veces verdaderas obras de arte que nos rodean, pero que muchas veces no vemos.

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