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La verdadera historia del médico cazador de vampiros

Abraham "Bram" Stoker descubre a Vlad Tepes o Dracul mientras buscaba material para una novela en la Biblioteca Británica. El tema de los vampiros ya lo había llevado al libro el Dr. John Polidori, un amigo de Lord Byron, aunque en este caso succionase más sentimientos que sangre. El tema de los vampiros había creado inquietud desde hacía siglos hasta que un médico (que en la novela de Stoker asume el papel  el profesor Van Helsing) convence a las autoridades austriacas de investigar qué pasaba realmente en las inquietantes tierras de Transilvania.

El personaje del doctor Abraham van Helsing nacido con Drácula, la novela de Bram Stoker (8 de noviembre de 1847 - 20 de abril de 1912), tomó vida propia. El atribulado científico se ha convertido en un multifacético cazador de vampiros, con algo de cowboy y de Darth Vader, es decir, un personaje impensado por el autor.

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Bram Stoker
Bram Stoker

Este médico novelesco está basado en la vida de un profesional de origen holandés que existió en el siglo xviii, llamado Gerard van Swieten (1700-1772), discípulo de Herman Boerhaave (inmortalizado por el infrecuente síndrome que lleva su nombre cuando existe una ruptura esofágica). Gracias a su prestigio como clínico, fue nombrado médico de la prolífica María Teresa de Austria. A través de los dieciséis príncipes que trajo al mundo, sus genes se distribuyeron por todos los reinos de Europa. Su numerosa prole auguraba descendencia segura para su parentela política. María Teresa se convirtió en sinónimo de fertilidad; fue madre de dos emperadores del Sacro Imperio Romano, de una reina de Nápoles, de la duquesa de Parma y de la más conocida de las reinas de Francia, María Antonieta.

Van Swieten no solo fue su médico personal: actuó como Ministro de Sanidad, fundó el Hospital General de Viena, se preocupó por la mortalidad infantil, creó una farmacopea, liberó a los locos de las cárceles (un precoz Pinel) e hizo obligatoria la autopsia para todas las muertes acaecidas en los hospitales.

No solo eso, sino que además propuso la vacunación contra la viruela, tema muy discutido entre los profesionales austríacos. El debate llegó a feliz término cuando María Teresa hizo vacunar a su numerosa prole. Si la emperatriz lo hacía, sus súbditos no podían discutir la orden. Para quitar toda suspicacia, María Teresa invitó a una cena en el Palacio Schönbrunn a los primeros sesenta niños en ser inoculados.

Todos estos logros académicos de van Swieten quizás hubiesen sido olvidados si no hubiera sido por un curioso detalle: el doctor fue enviado por María Teresa a Moravia a fin de dictaminar sobre la existencia o no de vampiros. Así son las cosas: una vida dedicada a la ciencia para terminar en una novela de vampiros…

En esos años (y hasta el siglo XXI también) en parte del imperio austrohúngaro era una costumbre frecuente desenterrar cadáveres para clavar estacas en el pecho de estos muertos vivos que asolaban la tranquilidad de los pueblos vecinos. Estos actos eran tan frecuentes que la emperatriz envió a su hombre de confianza para valorar qué había de cierto en esa costumbre tan inquietante.

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Gerard van Swieten.
Gerard van Swieten.

En 1755 el doctor van Swieten viajó con el doctor Grässer hacia los lugares donde Vlad Tepes III, el empalador (personaje inspirador de la figura de Drácula, que quiere decir “demonio”), había guerreado contra los turcos utilizando métodos represivos que aún, para su época, parecían excesivos. Se dice que, al ver este bosque de empalados moribundos entre atroces dolores, Mehmed II frenó su avance sobre tierra cristiana, de allí que Vlad Tepes III sea considerado por los rumanos como un héroe.

En realidad, van Swieten no estaba interesado en la historia de Drácula sino en los ritos de los campesinos. El doctor no dudaba en llamar “barbarismo de la ignorancia” a la costumbre de desenterrar cadáveres. En su reporte llamado “El discurso sobre la existencia de los fantasmas”, van Swieten explica por qué algunos cadáveres aparecían incorruptos y el porqué del quejido espantoso al clavar una estaca en su pecho, que no es otra cosa que una violenta emanación de gases. Gracias a este texto, María Teresa dictó una ley donde se prohibía desenterrar cadáveres de supuestos vampiros, por ser esta una práctica irracional.

Gerard van Swieten volvió a su trabajo como médico de la reina y murió años después, rodeado de honores y respeto profesional. Su gesta asistencial se recuerda con varios monumentos y con un curso de administración hospitalaria que hasta nuestros días organiza la Universidad de Heidelberg pero, cuando ustedes vean una película de Drácula y a este estremecerse ante la cruz que exhibe el doctor van Helsing, recuerden que Gerard van Swieten no creía en esas estupideces.

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