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La tumba de hielo: Walt Disney (1901-1966)

Uno de los mitos urbanos más difundidos del mundo se refiere a la supuesta suspensión criónica que mantiene a Walt Disney en una helada espera, hasta que la ciencia encuentre una cura a su enfermedad.

Según una de las versiones más difundidas, el cuerpo de Walt Disney estaría congelado debajo del juego de la película Los piratas del Caribe, el espectáculo más visitado de Disneyland... pero no es así, el célebre animador no está congelado y no yace bajo ningún juego o escondite secreto. Lamento informarles que falleció hace ya muchos años... y sin camino de retorno.

El proceso llamado “criogénesis”, la conservación de los cuerpos a bajas temperaturas, comenzó poco después de su muerte. En 1967, el libro de Ettinger, Prospect of immortality, popularizó el tema de la suspensión criónica. Walt Disney, por su popularidad, fortuna y mente abierta a las innovaciones, era un personaje ideal para esta aventura póstuma.

Dos biografías de Disney, una de Robert Mosley en 1986 y otra de Marc Elliott en 1993, sostienen que barajó esa idea en vida pero, en realidad, el primero en ser sometido a esta técnica fue James Bedford, un millonario estadounidense afectado por un cáncer incurable para los medios de su época. Este decidió suspender sus actividades vitales el 12 de enero de 1967, a la espera de un tratamiento efectivo a sus males. Cabe destacar que Bedford aún no ha vuelto de su frígida espera.

En noviembre de 1966, Walt Disney fue operado de un cáncer de pulmón. La enfermedad estaba muy avanzada: tenía ganglios diseminados por todo el cuerpo y los médicos le habían augurado un año de vida. Aburrido de estar en el hospital, pidió volver a su trabajo. El 30 de noviembre fue internado nuevamente para ser sometido a radiaciones, tratamiento que a veces lo dejaba sumido en un estado de confusión.

El día que cumplió 65 años, se encontraba en un estado muy delicado. Todos esperaban un pronto desenlace pero, una semana más tarde, su esposa Lilly lo visitó y lo encontró muy animado. Pensaron que había pasado lo peor. Sin embargo, a las 9:45 del día siguiente, el 15 de diciembre de 1966, Walt Disney murió de un colapso circulatorio.

En ningún momento, el animador dejó consignado fehacientemente ser congelado, aunque entre sus colaboradores se decía que no hacía falta congelarlo ya que, por naturaleza, era bastante frío. Aún más, su cuerpo fue entregado al fuego. Walt Disney fue cremado y sus cenizas enterradas en Forest Lawn Memorial Park de Glendale, California ‒más precisamente, en 33 Freedom Way‒, junto a su esposa y a su yerno (su hija adoptiva pidió que sus cenizas se esparzan en otra parte). El lugar puede ser visitado por cualquiera, a fin de constatar que, lamentablemente, Walt Disney nunca volverá de la muerte.

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Su cuerpo fue incinerado el 17 de diciembre y trasladado al panteón familiar en el Forest Lawn Memorial Park de Glendale, California.
Su cuerpo fue incinerado el 17 de diciembre y trasladado al panteón familiar en el Forest Lawn Memorial Park de Glendale, California.

Alguna vez dijo: “Resulta patético que le recuerden a uno por haber creado un ratón”, haciendo alusión al mítico Mickey Mouse. Esta es una expresión de poco reconocimiento hacia un personaje que le redituó millones de dólares. Pero así era Walt, un cascarrabias. Nunca fue muy popular entre sus empleados que, al enterarse del rumor de su criopreservación, muchos dijeron que se había congelado para convertirse, al fin, en un ser humano más cálido.

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