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La seductora Emma Hamilton, musa de artistas y amante de Horatio Nelson

Emma Hamilton (1765-1815), una de las mujeres más famosas de su época, trabajó en un prostíbulo, fue modelo de pintores y amante del héroe militar. Aunque Nelson la declaró heredera y la pareja tuvo una hija, la retiraron del testamento, la encarcelaron por deudas y murió condenada al exilio.

Emma Hamilton fue una mujer deslumbrante que luchó contra las barreras y convenciones sociales, sedujo a pintores e intelectuales con su lánguida belleza, profetizó el arte de las performances con espectáculos de mimo a los que llamaba attitudes (actitudes, posturas), se casó con un embajador y, al tiempo, mantuvo un romance sin barreras con Horatio Nelson, el gran héroe naval de Inglaterra.

Aunque siempre será recordada como la amante que capturó el corazón del héroe de la nación, Nelson, el vicealmirante que murió en la batalla de Trafalgar en 1805, la unión alegal entre ambos —del que nació una hija, Horatia (1801-1881)— sólo es uno de los episodios de una vida extraordinaria. Emma cautivó a Europa con su belleza y logros y fue festejada por reyes y reinas.

Ante el ojo público en el siglo XVIII

Nacida en la pobreza en 1765, Emma era hija de un herrero de Cheshire que murió cuando la niña tenía dos meses. A los 12 años se trasladó a Londres y entró en contacto con el submundo de la prostitución, trabajando en burdeles en los que fue explotada sexualmente. A los 15 fue tomada bajo la tutela, nada inocente, del noble Charles Francis Greville, para quien trabajó de criada y amante, pero empezó a ser un estorbo al quedar embarazada a los 16.

Gran modelo de pintores

Un golpe de suerte —su protector era un gran coleccionista de arte— le permitió conocer al pintor George Romney, que la convirtió en su musa, dando salida a la belleza de la joven y su natural habilidad teatral. La retrató como Circe, como bacante, representación idealizada de la naturaleza y en docenas de diversos ambientes. Gracias a las sesiones, la fama de Emma se extendió y convirtió a la chica en una de las modelos más reclamadas por los artistas de su tiempo. Se considera que fue una de las mujeres más pintadas de la historia británica.

Greville, sin embargo, anhelaba una esposa adinerada, y Emma, por hermosa que fuera, se estaba convirtiendo en una carga. Una "solución" al dilema fue traspasar a la joven a su tío, el diplomático William Hamilton, embajador británico en Nápoles. Aunque no se conocían, Greville convenció a Hamilton de que la aceptara como amante, "pasando de sobrino a tío como las pinturas y esculturas que ambos hombres reunían con avidez".

Su propio arte de la 'performance'

Con solo veinte años, Emma alcanzó en Nápoles, capital entonces de un reino, una prominencia artística aún mayor que en Londres. Determinada a aprovechar cualquier oportunidad para mejorarse a sí misma, se embarcó en las oportunidades educativas Hamilton le ofreció y las usó, junto a su experiencia como modelo, para crear "su propio arte de la performance con las asombrosas actitudes", en las que daba vida a heroínas mitológicas.

Las elegantes poses de la joven cautivaron a los grandes turistas que pasaban por Nápoles. Al casarse con el embajador se convirtió, además, en cortesana y ganó la confianza de María Carolina, Reina de Nápoles y Sicilia y hermana de María Antonieta, llegando a ejercer un poder político considerable.

Uno de los grandes amoríos de la historia

En 1798, después de su gran victoria en la batalla del Nilo, el almirante Nelson llegó a Nápoles. Emma organizó celebraciones en su honor y Nelson la consideró su guía vital en la corte y el reino. La admiración mutua de Emma y Nelson se convirtió en pasión y en uno de los grandes amoríos de la historia. Aunque Hamilton consentía las relaciones, al regreso a Londres las acusaciones de adulterio comenzaron a ser comunes.

Los rumores dañinos sobre la infidelidad —Nelson también estaba casado— comenzaron a circular con rapidez y en algún caso se acusó a Lady Hamilton de poner en ridículo a un héroe nacional. Aunque Emma y Nelson soñaban con vivir juntos, Horatia fue entregada nada más nacer, en absoluto secreto, al cuidado de una enfermera, porque las convenciones sociales dictaban que Emma no podía admitir ser su madre.

Nelson le envió su coleta y su abrigo

La muerte de Nelson en el momento de victoria en Trafalgar destrozó el mundo de Emma. Tenía el corazón roto y nunca se recuperó. Emma estaba en los pensamientos de Nelson, incluso mientras estaba moribundo y ordenó que le enviaran su coleta y el famoso abrigo de uniforme que llevaba durante la batalla. En Inglaterra la amante no pudo asistir al entierro de Estado del vicealmirante. Tampoco se consideró legal el testamento de Nelson nombrándola heredera.

Sin la belleza juvenil que había impulsado su ascenso a la fama, la fortuna de Emma nunca se recuperó de la tragedia. Su vida se hizo cada vez más difícil, empeorada por sus propios esfuerzos desesperados y extravagantes para mantener un estilo de vida de altos estándares. En 1813 fue arrestada por deudas y enviada a prisión.

Aunque algunos amigos encontraron fondos suficientes para comprar la libertad de Hamilton, la condición era el exilio. Pasó sus últimos meses, con mala salud pero lejos de sus acreedores, en Calais. Murió en enero de 1815, destrozada e indigente, a los 49 años.

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