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La Rosa Blanca, el emblema de la resistencia contra la opresión

Por diversas razones, nunca ha sido bien difundida la resistencia de los alemanes al régimen de Hitler. Muchos, muchísimos dieron su vida peleando contras las barbaridades del nazismo. La Rosa Blanca fue un grupo de jóvenes estudiantes de medicina que alzaron su voz contra el nazismo en la Alemania de Hitler.

En 1930, Richard Walther Darré, un agrónomo nacido en Argentina, conoció a Hitler y en 1933 fue elevado al car­go de ministro de Agricultura del III Reich. Entonces propuso la política de Rasse und Raum (Raza y Espacio), propugnando la política de expansión nazi hacia el este en búsqueda del Lebens­raum (el espacio vital), idea expuesta por Hitler en Mein Kampf (Mi lucha), inspirada en los conceptos de Friedrich Ratzel (1844-1904), en el libro del mismo nombre que publicara en 1901.

Una parte de las teorías conservacionistas del nacionalso­cialismo es reflejo de las ideas de Darré, como el cuidado del medio ambiente, la observación de la naturaleza y el respeto a cánones ecológicos.

Como buen criador de ganado, Darré también adhería a una estricta eugenesia que condujo desde la Oficina Central de Raza y Asentamiento en las nuevas tierras conquistadas (Polonia, Ucrania, etc.).

Darré, a diferencia de Herman Wirth (1885-1981), era un promotor del neopa­ganismo nazi y acusaba al cristianismo de enseñar la igualdad de los hombres frente a Dios, dejando de lado “la nobleza teu­tónica de sus fundamentos morales”.

Este ministro de Agricultura del Reich, junto a su subor­dinado Herbert Backe (1896-1947), llevó adelante el Hunger Plan (Plan de Hambre) para asegurar el suministro de alimen­tos a los alemanes que ocupaban las zonas invadidas desde 1942 en adelante, a expensas de condenar a la inanición a mi­llones de campesinos rusos y judíos (el historiador Timothy Snyder estima que murieron 4.2 millones de habitantes en el territorio conquistado durante la contienda).

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En esta fotografía, Darré aparece tercero por la derecha. A su derecha están Heinrich Himmler y Rudolff Hess. A su izquierda, Herman Goering y Adolf Hitler.
En esta fotografía, Darré aparece tercero por la derecha. A su derecha están Heinrich Himmler y Rudolff Hess. A su izquierda, Herman Goering y Adolf Hitler.

Mientras que Darré y Wirth ordenaban los criterios “cien­tíficos” de la nueva propuesta aria, Himmler fundaba el primer campo de concentración en Dachau. Muchos de los que allí fueron recluidos no habían cometido otro crimen más que el disenso ideológico. Este es un tema no menor, porque después de la derrota se divulgó el mito de que en Alemania no había habido resistencia ni oposición al nazismo y que el pueblo ale­mán se sometió masiva y mansamente a un régimen autoritario, gracias a la perniciosa filosofía de Nietzsche y su concepto de Superhombre que “brutalizó” a los alemanes, convirtiéndolos en bestias inhumanas. Según esta perspectiva, los alemanes res­paldaron sin chistar las barbaridades del régimen.

No todos los alemanes fueron nazis, ni todos los nazis fue­ron alemanes; la ideología se diseminó por el mundo y encon­tró adeptos tanto o más feroces fuera de Alemania.

Jamás el nazismo contó con el voto de más del cuarenta y cuatro por ciento del electorado, aunque en sus momentos de auge, Hitler pudo contar con un mayor apoyo. Una persistente oposición subsistió a lo largo de esos doce años, aunque gran parte de aquellos que disentían con el gobierno fueron encerra­dos en campos de concentración o limitados en su expresión, como le pasó al general Paul von Lettow-Vorbeck (1870-1964), héroe de la Primera Guerra, quien literalmente envió a Hitler al diablo cuando ambos fueron diputados. Von Lettow-Vorbeck pudo sobrevivir gracias a su prestigio entre los oficiales alema­nes y el apoyo internacional que obtuvo de sus antiguos con­trincantes (especialmente del gobierno sudafricano).

El nazismo, como otros regímenes autoritarios surgidos del voto popular, se adueñó de la voz de las mayorías, callan­do a la oposición con un aparato propagandístico que actuó con agresividad, imponiendo su perspectiva de lo que era “la corrección política”. El gobierno de Hitler se convirtió en promotor y árbitro de la opinión pública.

La resistencia al nazismo fue un fenómeno importante, pero a su vez poco conocido, aun en Alemania, como señala Barbara Kohen en su libro sobre el tema(1). ¿Por qué no se difundió esta oposición? En primer lugar, para muchos alemanes la oposición en tiempos de guerra era vista como una traición a la patria y para los Aliados (especialmente para los rusos) divulgar la oposición perseverante al nazismo era una molesta carga que no servía a los fines de denigrar a los vencidos.

Después de la derrota en 1945, tanto los rusos como los americanos prefirieron mostrar a un pueblo bruto y violento que sin chistar siguió a un loco criminal. Este prototipo perseveró y se multiplicó en miles de películas ¿Cuántos de ustedes han oído hablar del presbítero Gerhard Ritter (1888-1967) o de Annedore Leber (1904-1968) y tantos otros que construyeron un círculo de resis­tencia, sin ser ellos marxistas, ni judíos, ni gitanos o pertenecer a etnias perseguidas? Ellos eran alemanes conscientes de lo que estaba pasando y muchas veces denunciaron las barbaridades nazis al mundo, pero el mundo no les creyó, como bien señala Hans Rothfels (1891-1976) en sus estudios sobre la resistencia.

Entre 750.000 y 1.200.000 alemanes fueron encarcelados por estar sospechados de llevar adelante tareas contra el régimen. Desde 1934 a 1944, 12.212 personas fueron ejecutadas en Ale­mania, 7000 de ellas por cuestiones políticas. Entre 1939 y hasta su muerte, se calcula que hubo 40 intentos de asesinar a Hitler.

La juventud descreída del nazismo creó una contracultura propia llamada Edelweißpiraten, de tal envergadura que el ré­gimen se vio obligado a construir un campo de concentración en Neuwied solo para alojar a estos jóvenes revoltosos ajenos al nazismo.

Uno de los intentos más trágicos de resistencia fue una pe­queña organización de estudiantes de medicina de la Univer­sidad de Múnich autodenominada “la Rosa Blanca”. Estos jóvenes repartían panfletos contra el gobierno llamando a “la libertad y el honor”, oponiéndose al programa de eutanasia y a los campos de exterminio que estaban regidos por médicos. Hans Scholl (1918-1943) y su hermana Sophie (1921-1943), am­bos estudiantes de medicina, junto a Christoph Probst (1919-1943), fueron condenados a muerte por el Tribunal del Pueblo y guillotinados junto a Alexander Schmorell (1917-1943), Kurt Huber (1893-1943) y Willi Graf (1918-1943) por fomentar la resistencia al nacionalsocialismo. Todos ellos había sido testigo de las barbaridades cometidas en el frente ruso y en Francia. El doctor Georg Groscurth (1904-1944), profesor de Medicina Interna, creó una organización que se extendió por la Europa conquistada, que asistía a judíos a escapar y que protegía a soldados que deserta­ban. El profesor fue apresado por la Gestapo y ejecutado.

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Sophie y Hans Scholl -  La Rosa Blanca.
Sophie y Hans Scholl - La Rosa Blanca.

El atentado contra Hitler perpetrado el 20 de julio de 1944 fue una revuelta de jerarcas militares conscientes de la derrota a la que el Führer los conducía; la imagen casi romántica del barón Claus von Stauffenberg (1907-1944) es suficientemen­te conocida por distintas versiones cinematográficas (como Operación Valkyrie, filmada en 2008), pero fue el último re­clamo de un grupo de oficiales que después de acompañar por años al Führer se percataron de los graves errores cometidos. Sin embargo, este atentado perpetrado por militares no refleja el espíritu de oposición de los millones de civiles alemanes que día a día resistieron con sus escasos medios contra un régimen opresor y totalitario que reprimía con firmeza cualquier cona­to de subvertir el orden imperante.

El pastor protestante Martin Niemöller (1892-1984)(2) ex­presó magistralmente cómo el miedo y la indiferencia frenaron la expresión de un mayor rechazo a la presión del nazismo.

Original

Als die Nazis die Kommunisten holten,

habe ich geschwiegen;

ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten ein­sperrten,

habe ich geschwiegen;

ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,

habe ich nicht protestiert;

ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,

habe ich nicht protestiert;

ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,

gab es keinen mehr, der protes­tieren konnte.

Traducción

Cuando los nazis vinieron a llevarse

a los comunistas,

guardé silencio,

porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los social-

­demócratas,

guardé silencio,

porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sin­dicalistas,

no protesté,

porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los

judíos, no protesté,

porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,

no había nadie más que pudiera

protestar.

Este poema se atribuye erróneamente a Bertolt Brecht (1898-1956). Niemöller promovió la Declaración de Culpabi­lidad de Stuttgart firmada por los líderes protestantes, donde se reconocía que las iglesias (tanto católica como protestante) no habían expresado su rechazo con claridad y contundencia para combatir al nazismo.

la rosa blanca

(1). La resistencia alemana contra Hitler, 1933-1945, Alianza.

(2). Durante la Primera Guerra Niemöller fue comandante de submarinos. Después de 1923 estudió teología. Cuando se impusieron las leyes raciales, junto a Dietrich Bonhoeffer (1906-1945) fundaron la Iglesia Confesante (Bekennende Kirche), en franco antinazismo. Fue detenido e internado en los campos de concentración de Sachsenhausen y de Dachau desde 1938 hasta 1945.

Extracto del libro CIENCIA Y MITOS EN LA ALEMANIA DE HITLER de Omar López Mato (Ediciones B).

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