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La primera batalla de la guerra moderna

La batalla de Sedán tuvo muchas implicancias, más allá de marcar el fin del segundo Imperio de Napoleón III y el comienzo de la tercer República Sedán es el comienzo de la guerra industrial y el fin de las batallas románticas, donde primaba la audacia y el coraje. La gallardía francesa chocó con la organización prusiana. Fue la tecnología contra los sables, la improvisación contra las concepciones bélicas de Helmuth von Moltke. Muchas cosas fueron distintas después de la derrota de Sedán.

Después del Congreso de Viena, Europa había llegado a un equilibrio de poderes que duró casi 50 años, hasta que la Prusia de Bismark derrota al Imperio Austrohúngaro en la Batalla de Sadowa y procede a unificar los reinados y principados germanos para configurar la Alemania moderna.

La unión aduanera propuesta por Bismark fue considerada como un desafío a la autoridad imperial de Napoleón III que aspiraba a reeditar los éxitos de su tío y conformar la nación más poderosa del mundo. Las victorias francesas en Crimea e Italia le conferían al ejército galo un aura de invencible como antaño lo había sido la Grande Armée de Napoleón I, aunque el desastre de la expedición a México requería un pronto resarcimiento y para eso era menester una demostración de poder, a fin de reverdecer sus laureles.

La candidatura del príncipe Leopoldo Hohenzollern al trono de España desbalanceaba aún más este equilibrio de poderes, razón por la cual Napoleón III se opuso firmemente y pidió la renuncia por escrito de las aspiraciones alemanas al trono ibérico. A tal fin, Francia envió a un embajador al balneario de Enrst, donde se hospedaba el Kaiser Wilhelm para exigir que se cumpliese dicha dimisión.

Si bien el encuentro fue cordial, la noche del 13 de julio de 1870 el Kaiser le envió un telegrama a Bismark relatando lo acontecido.

El Canciller de Hierro y el jefe del Estado Mayor, el general von Moltke, tomaron esta intromisión de los franceses como una provocación y reclamaron al gobierno de Napoleón por tales exigencias. Los franceses aprovecharon la oportunidad para declarar la guerra a los prusianos y así frenar con las armas el crecimiento de su poder.

Cuatro días después de la declaración de guerra los alemanes habían movilizado más de un millón de hombres, divididos en tres ejércitos que además de avanzar hacia el Rin mantenían vigiladas las fronteras con el Imperio Austrohúngaro y en el Báltico.

Los franceses solo pudieron concretar la movilización de 280.000 soldados concentrados en Metz y Estrasburgo.

Von Moltke había elaborado su plan con detenimiento y preparando un ejército provisto de una excelente artillería, el fusil de aguja que triplicaba la velocidad de tiro de la infantería, una logística que incluía transporte en ferrocarril y comunicaciones por telégrafo.

Los franceses, por su lado, habían organizado partidas de guerrilleros que hostigaban el avance de las tropas prusianas. Éstas reaccionaron violentamente, tratando a los guerrilleros capturados como criminales. Sobre ellos cayó todo el peso de la ley.

El ejército de von Moltke avanzó prontamente sobre las posiciones francesas, sitiando las tropas francesas emplazadas en Metz.

Un ejército francés al mando del general Mac Mahon, se dirigió hacia a Metz para liberarlo de su asedio, pero fue arrinconado en Sedán con una maniobra envolvente de los prusianos.

El mismo Mac Mahon fue herido y debió ceder el mando que quedó bajo la dirección del mismo Napoleón III. Viéndose rodeados, los franceses intentaron romper el asedio con la caballería del general Marguerite, que fue diezmada por el accionar de los cañones alemanes; el mismo Marguerite cayó en combate.

En pocas horas los franceses habían perdido 17.000 soldados y 21.000 habían sido capturados. Para evitar la aniquilación de su ejército, Napoleón III debió rendir sus tropas ante el avasallante avance de los prusianos.

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        <p>La Puerta de Brandeburgo en Berlín, decorada para celebrar la victoria de Sedán.</p><p></p>

La Puerta de Brandeburgo en Berlín, decorada para celebrar la victoria de Sedán.

La captura de Napoleón III marcó el fin del Imperio, la supremacía de Prusia y la unción del Kaiser Wilhelm como emperador, la conformación de la III República, la toma de París por las fuerzas alemanas y la consagración de la naciente Alemania como nueva potencia europea, no solo políticamente sino como poder industrial y su hegemonía científica y tecnológica.

No solo cambió el equilibrio de poderes en Europa y el mundo, también cambió la forma de hacer la guerra: la capacidad industrial se convirtió en un poder determinante a la hora de medir fuerzas. Los avances tecnológicos también llegaron al campo de batalla.

Los prusianos demostraron que la organización era determinante y hasta el desarrollo físico de los combatientes era esencial. No es de extrañar que los franceses reviviesen la práctica de los Juegos Olímpicos para estimular el cultivo del físico.

Con esta guerra comenzó a gestarse la necesidad de la instrucción militar de la población y se popularizó la práctica del servicio militar.

La humillante derrota francesa y la incorporación de Alsacia Lorena al Imperio alemán fue el germen de la Primera Guerra Mundial, de la misma forma que el humillante Tratado de Versalles de 1919 marcó el inicio de la Segunda Guerra Mundial.

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