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La muerte de Shakespeare, el rey de los poetas

La celebración del Día del Libro parte de una coincidencia más deseada que real que no deja de ser una excelente excusa: que Cervantes y Shakespeare hayan muerto el mismo día.

El Día del Libro, que celebramos hoy, parte de una coincidencia más deseada que real que no deja de ser una excelente excusa: que Cervantes y Shakespeare hayan muerto el mismo día. Pero lo cierto es que Cervantes no murió el 23 de abril sino que fue enterrado ese día de 1616. Su deceso se produjo el día anterior. Sin embargo, la coincidencia con Shakespeare, no es por un tema de calendarios. Mientras España usaba el calendario impuesto por el Papá Gregorio XII, los ingleses continuaban usando el calendario Juliano. Por tal razón se daba la paradoja de que el 23 de abril en Gran Bretaña era el 3 de mayo en España.

Para sumarle intriga al asunto, nadie está seguro de que Shakespeare haya muerto en dicha fecha. Se deduce que fue el 23 por el registro de su entierro, el 25 de abril de 1616en la Iglesia de la Santa Trinidad, en su pueblo natal, Stratford-upon-Avon.

Los últimos meses de su vida se sumieron en el escándalo por el juicio contra su yerno Thomas Quiney. El marido de su hija Judith había sido sometido a juicio por las relaciones impropias que mantuvo con otra mujer, que había muerto al dar a luz a un hijo de Thomas. Por esta razón, Shakespeare había reescrito su testamento en el mes de marzo de ese año.

Algunas versiones sostienen que la noche antes de su muerte había celebrado bebiendo hasta altas horas de la noche junto al dramaturgo Ben Jonson y el poeta Michael Drayton. La relación con Jonson era un vínculo de amor y odio, de envidia y admiración. Sin embargo, Jonson confesó tres años después de la muerte de Shakespeare: “amé al hombre y honro su memoria tanto como cualquiera”. Aunque este amor no evitase criticar su obra, especialmente Julio César, el último gran éxito de William.

Michael Drayton era, en cambio, la sombra de Shakespeare, un poeta cuya vasta obra no trascendió.

Los tres escritores se habían reunido, según escribió John Ward, el vicario de la Iglesia de la Santísima Trinidad “en alegre reunión y al parecer estuvieron bebiendo escandalosamente”. En su pueblo todos sabían que el llamado rey de los poetas no era abstemio. Se cree que Shakespeare murió de la neumonía que contrajo por un enfriamiento al volver de esa noche de juerga. Otra versión sostiene que había estado enfermo desde hacía un mes antes, razón por la cual, siguiendo la tradición de esos tiempos escribió su testamento. El documento se conserva y los trazos irregulares de su firma, hacen sospechar que William estaba debilitado en ese momento.

Shakespeare murió a una edad adulta, llegando a ver crecer a sus nietos, después de una vida larga y sin registro de graves enfermedades. Tenía un buen pasar, pues era dueño de su hogar y de algunas propiedades en Londres y en su ciudad natal. Para los estándares de su época, no podía quejarse. Incluso, para ser enterrado dentro de la Iglesia de la Santísima Trinidad, había adquirido el título por más de cuatrocientas libras, una cifra enorme para la época.

Mucho se ha discutido sobre si William Shakespeare era el autor de todas las obras que se le atribuyen. ¿Quiénes fueron esos probables autores? ¿Acaso el conde de Oxford? ¿Eran de Francis Bacon o de Christopher Marlowe? ¿O quizás del conde de Derby? La lista de posibles autores es enorme e incluye reyes -como Eduardo VI-, hombres de armas -como Sir Francis Drake-, nobles, escritores, cardenales y otros hombres de diferentes procedencias.

Pero si hay algo seguro es que él compuso los versos inscriptos sobre su lápida:

Buen amigo por amor de Jesús prohíbe

que se desentierre el polvo que aquí se esconde

bendito sea el hombre que deje en paz estas piedras

y maldito aquel que remueva mis huesos

Desde entonces se respeta su voluntad, que descansa sin ser perturbado bajo esta lápida. Por tal razón el rey de los poetas jamás fue trasladado al rincón que le pertenece en la Abadía de Westminster, donde tiene reservado un espacio entre los grandes de la literatura inglesa.

A pesar de los misterios, no deja de ser poético el pensamiento de que dos genios de la literatura universal partieran de este mundo el mismo día.

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