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La muerte Peter O'Toole, el actor que fue Lawrence de Arabia

El 14 de diciembre de 2013 murió en Londres, a los 81 años de edad, una de las grandes miradas azules del cine, un actor eléctrico peleado con el Oscar y, en algunas fases, con su propia vida. Peter O’Toole falleció después de una larga enfermedad, cuatro décadas después de superar un cáncer de estómago al que sin duda contribuyó su afición a la bebida.

Después de una fase autodestructiva que parecía definitiva y que le costó su matrimonio con la actriz Sian Phillips, logró resucitar su carrera y volver a lo más alto, hasta que en el 2012 anunció su retirada: «El cine me ha proporcionado todo el apoyo emocional posible por parte del público. También me ha permitido conocer gente maravillosa y compañeros de profesión inolvidables», dijo en un comunicado que no cumplió. Después de participar en casi cien títulos, trabajó en uno más, «Katherine of Alexandria», que no llegó a verla.

O’Toole nació entre junio y agosto de 1932, parece que en Irlanda, porque no están del todo claras la localidad exacta ni la fecha. Se sabe que su familia se trasladó a Leeds (Inglaterra), donde su padre, exfutbolista, trabajó como corredor de apuestas. Cuentan que una monja del colegio intentó corregirle la zurdera. Quizá por ello abandonó los estudios antes de tiempo.

A los 14 años dejó la escuela para trabajar como aprendiz en «The Yorkshire Evening Post», periódico donde hacía toda suerte de encargos y, a veces, podía iniciarse como reportero. A los 17 años, sin embargo, el joven Peter se subió a un escenario y descubrió que había una forma aún mejor de contar historias; si podían ser auténticas o escritas por Shakespeare, tanto mejor. O’Toole dio vida a tres reyes, dos emperadores, un príncipe, un presidente y varios lores.

En la Real Academia de Arte Dramático coincidió con Albert Finney, Alan Bates y Richard Harris, amigos ya para siempre. Antes, parece que fue expulsado de la Escuela Dramática del Abbey Theatre, en Dublín, por su deficiente conocimiento de la lengua gaélica. No debutó en el cine hasta 1960, a los 28 años, en «Kidnapped», al lado de Peter Finch. Su única experiencia previa ante las cámaras procedía de la televisión.

Después llegarían «Los dientes del diablo», sensacional acercamiento de Nicholas Ray a la vida de los esquimales, y «El robo al banco de Inglaterra», de John Guillermin. Pero fue David Lean quien lo lanzó al estrellato en 1963. El intérprete era casi un desconocido y recibió el papel principal en la superproducción «Lawrence de Arabia», con un reparto que incluía a Alec Guinness, Anthony Quinn, Jack Hawkins, Claude Rains, José Ferrer, Anthony Quayle y Omar Sharif. Parece, sin embargo, que Marlon Brando y Albert Finney habían rechazado el personaje inmortal de T. E. Lawrence.

No hace falta añadir que la apuesta salió bien y O’Toole empezó a conocer lo que serían casi dos décadas prodigiosas, con títulos como «Lord Jim», «Adiós Mr. Chips», «Mi año favorito», «Becket» y «El león en invierno». Por todas ellas y alguna más sería nominado al Oscar y en cada ocasión saldría derrotado, hasta que recibió el premio honorífico en 2003, que quiso rechazar porque interpretó que era una forma de dejarlo «fuera de juego». Con «Venus», en 2007, comprobó que aún se acordaban de él, aunque no lo suficiente.

Otras de sus películas más conocidas son «La Biblia»,«Casino Royale», «El hombre de la Mancha», «Amanecer zulú», «Calígula», «El último emperador» y «Troya». Incluso prestó su voz al personaje del crítico Anton Ego en «Ratatouille» y apareció en la serie «Los Tudor», pero la intensidad de su mirada azul, que un día iluminó el desierto, ya no era la misma.

El 14 de diciembre de 2013 se apagó para siempre, aunque si el espectador recupera «Lawrence de Arabia» comprenderá por qué triunfó una cinta de la que Omar Sharif dijo: «Era muy cara, sin chicas, sin nadie que se desnudase, sin acción real y con un montón de árabes vagando por el desierto durante cuatro horas con sus camellos». Estaba Peter O’Toole.

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