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La muerte de las flores del mal

Charles Pierre Baudelaire, el poeta maldito, el dueño de las palabras bellas y, a su vez atroces, el profeta de la modernidad y la decadencia, moría sin poder expresarse, víctima de una vasculitis sifilítica que parece haber buscado entre tantos amores corsarios que frecuentara con asiduidad suicida. Alguna vez dijo que el arte era prostitución y sus poemas brotaron de esos rincones oscuros.

Fue el "Dante de una época decadente", testigo y partícipe de una París convulsionado por las miserias, las revoluciones y esa búsqueda de una nueva sociedad que incluía las conflagraciones de ideas y conceptos estéticos .

Hijo de un ex seminarista, fue criado por el sirviente de la familia. Su madre, joven viuda, se casó con un oficial del ejército francés con el que Charles jamás confraternizó. Mientras estudiaba derecho, más por imposición que por convicción, conoció la bohemia parisina y el "paraíso artificial" de las drogas (cuya experiencia volcará años más tarde en un libro con ese nombre). Su familia, para alejarlo de esta vida de excesos, lo embarcó hacia los mares del sur. De poco sirvieron estos meses de navegación, Charles volvió a París y a sus costumbres, como frecuentar burdeles donde encontraba musas que inspiraban sus letras.

Entre ellas se destacaba una mulata llamada Jeanne Duval, a la que dedicó algunos de sus más famosos (y controvertidos) poemas.

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Jeanne Duval dibujada por Charles Baudelaire
Jeanne Duval dibujada por Charles Baudelaire

Inicia, entonces, su carrera de crítico de arte. Escuchado por una juventud ansiosa de nuevos valores, impone la estética de Delacroix, de Hoffman, Wagner y Edgar Allan Poe,.

Baudelaire esboza novelas y obras de teatro pero se destaca por sus versos disruptivos. "Las flores del mal" son consideradas una ofensa a la moral y buenas costumbres, de un tiempo de hipócritas y perversos, los tiempos del Segundo Imperio. Charles fue procesado por este libro, pero no se inmuta y dobla la apuesta: Los que critican son los "imbéciles de la burguesía", a quienes no duda en comparar con prostitutas que se sonrojan ante los desnudos del Louvre. A pesar de las multas y prohibiciones, sus "flores del mal" se publican. Todo París quiere conocer los versos de extraña belleza del poeta maldito que frecuenta prostíbulos y deshace sus noches en hachís y opio exponiendo en sus obras el mal retorcido y la despreciable realidad.

Lentamente la sífilis que lo corroe se empecina con su mente. Sufre una parálisis en 1865 y un año después ya no puede expresarse y en ese mundo sin sonidos muere ante la desesperación de su madre que no tiene mejor idea que sepultarlo junto al padrastro que odiaba. Está sepultado en el cementerio de Montparnasse.

"El arte es largo y el tiempo es breve y cada hombre porta dentro de sí su propia dosis de opio natural, incesantemente secretado y renovado".

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