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La muerte del poeta escosés

Sir Walter Scott vivió obsesionado con la historia de Escocia que volcó en versos y novelas, siguiendo los lineamientos de la escuela romántica. Fue el único superstite de cinco hermanos que murieron en la infancia. Él mismo sobrevivió a la poliomielitis que le dejo una dificultad para caminar. Estudió abogacía y ejerció distintas funciones públicas, razón por la cual solía publicar sus escritos en forma anónima. Fue uno de los que resolvió la recuperación de las joyas de la corona escocesa, razón por la cual fue nombrado barón. A él se debe la divulgación de los tartanes de los clanes escosés que se han popularizado en el mundo. Una editorial que había fundado sufrió pimportantes pérdidas (150000 libras de la época, casi 15 millones de dólares). Podría haber recurrido a la ayuda de sus admiradores que incluía al mismísimo rey, pero prefierió dejar sus bienes en un fideicomiso y juntar fondos con la edición de sus obras. Esta tarea descomunal minó su salud... aunque después de muerto, los derechos de autor saldaron sus deudas.

Sir Walter Scott (Edimburgo, 1771 - Abbotsford, Reino Unido, 1832) Novelista, poeta y editor británico. La novela histórica romántica tiene en Walter Scott, si no a su inventor, a su primer y más influyente representante. Hijo de un abogado, desde su infancia se sintió fascinado por las leyendas y los episodios históricos, preferentemente medievales, de su tierra natal escocesa, que posteriormente constituirían el tema principal de muchos de sus poemas y novelas.

Licenciado en derecho, sus primeros pasos en la literatura los dio como traductor, vertiendo al inglés obras como Lenore, de Gottfried A. Bürger, y Götz de Berlichingen, de Goethe. La publicación, entre 1802 y 1803, de la recopilación de baladas Trovas de la frontera escocesa dio a conocer su nombre al gran público, que también acogió con entusiasmo una serie de largos poemas narrativos entre los que destacan El canto del último trovador y La dama del lago.

De 1814 data su primera novela, Waverley, publicada anónimamente como la mayoría de las que le siguieron, en consideración a los cargos públicos de su autor (sheriff de Selkirk desde 1799 y secretario de los tribunales de justicia de Edimburgo desde 1806) y la dudosa reputación del género. Con ella y con las posteriores (El anticuario, Rob Roy, Ivanhoe, El pirata, Quentin Durward, El talismán) estableció los cánones de la novela histórica, tal como ésta iba a desarrollarse hasta bien entrado el siglo XX. La más famosa de las citada es Ivanhoe (1820), que desarrolla las contradicciones entre los sajones y los normandos en un argumento de aventuras.

La autoría de estas novelas no se reveló hasta 1826, año por otro lado especialmente doloroso para Scott, que sufrió la muerte de su esposa y la quiebra de la editorial Constable, en la que había invertido dinero y por la que contrajo una deuda de 130.000 libras. Antes, en 1820, había sido nombrado barón de Abbotsford.

Los estudiosos de la obra de Walter Scott lo definen como el fundador de la novela histórica, y alaban sus facultades para recrear la realidad del pasado de Escocia y de la Edad Media con vigor y talento descriptivo, basándose en diálogos y argumentos que fascinan por la cualidad de crear expectativa en el lector. Por otra parte, mostró un excelente olfato para discernir los conflictos políticos de su época y representarlos en la ficción. Maestro del diálogo y la descripción, poseedor de un estilo vigoroso y poético, Walter Scott influyó en los novelistas de su época, tanto de su patria como foráneos, y también en los músicos y pintores que glosaron y recrearon sus temas.

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