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La muerte del Peludo

Apenas dos años antes Hipólito Yrigoyen había sido destituido por una revuelta militar. Uriburu llegó a la Casa Rosada al frente de cadetes del colegio militar y una turba destruyó su casa en la calle Brasil. Esta es la historia de sus últimos días, en boca de Félix Luna, y el entierro multitudinario del veterano conductor de la UCR que fue inhumado en el Cementerio de la Recoleta, amortajado con un sayo franciscano.

“Muchos argentinos –dice Félix Luna– aplaudieron lo del 6 de septiembre, en aquel día aciago: ignoraban las causas oscuras del movimiento, causas a las que quizás fueron ajenos muchos de su dirigentes. Pero los días ponen perspectiva a las cosas. El tiempo ha demostrado que en esa jornada no cayó solamente Hipólito Yrigoyen, ni cayó el radicalismo solamente: cayó la Constitución y, con ella, la convivencia digna de los argentinos. Ese día, al atardecer, en la soledad recoleta de su casa, un hombre que durante largos años había estado descifrando como un mago los presagios y los signos de la patria, meditaba en silencio”.

La imagen de Yrigoyen se había desgastado. El mito del “diario de Yrigoyen” instaló en la sociedad la figura de un conductor decrépito, una marioneta de la voluntad de unos pocos. No era así, pero ¿cómo convencer a esa gente que veía mermada su economía? El crac del 29 se sintió en Argentina y la culpa, toda la culpa, fue del Peludo.

Félix Luna nos cuenta los últimos momentos del expresidente: “Se moría Yrigoyen. Y mientras el rumor de la multitud congregada en suspendido recogimiento frente a la casa humilde bajo la persistente lluvia invernal, llegaba apenas a la celda monástica, se le abrían al agonizante visiones de Patria en el trasfondo desvaído de su alucinación”.

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Yrigoyen.
Yrigoyen.

Visiones de la Patria en su última hora. Visiones de la Patria y de la eternidad. El jefe popular quiso morir en el seno de Dios. “El día 2 de julio, un sacerdote dominico, fray Álvaro Álvarez y Sánchez, viejo amigo del caudillo, lo confiesa y le administra la eucaristía: volvía así Yrigoyen a las prácticas religiosas de su niñez, volvía a reconciliarse formalmente con Dios, este gran cristiano de toda la vida”, señala Luna. “Llega monseñor Miguel de Andrea y le imparte la bendición papal. El día está nublado y a ratos quiere lloviznar… A las 17 hay una ligera reacción: se incorpora un tanto y abre los ojos. Ansiosamente, los presentes le hacen preguntas para ver hasta qué punto ha mejorado. Pero él solo atina a mover flojamente las manos. Luego vuelve a su letargo”.

Los últimos momentos de Yrigoyen están marcados por el inicio de la “década infame”. Ante su partido, Hipólito Yrigoyen dio la instrucción de “rodear a Marcelo” (por Marcelo Torcuato de Alvear, que había sido presidente radical entre 1922 y 1928 y era ahora el nuevo jefe del radicalismo, un radicalismo que se abstuvo en las elecciones de 1932 al ser vetada su fórmula presidencial de Alvear-Güemes).

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Yrigoyen fue velado durante tres días en la casa de Sarmiento 844 y luego fue trasladado a pie hasta el cementerio de la Recoleta debido a que la gente literalmente se adueñó del féretro para brindarle un último adiós.
Yrigoyen fue velado durante tres días en la casa de Sarmiento 844 y luego fue trasladado a pie hasta el cementerio de la Recoleta debido a que la gente literalmente se adueñó del féretro para brindarle un último adiós.

La figura de Yrigoyen, maltrecha por versiones malintencionadas, se agrandó con este entierro multitudinario, con esta devoción de la gente que seguía a su parco líder al silencio sepulcral que lo albergó en el Panteón Radical, donde estaban los caídos de la gloriosa Revolución del 90.

Ahora el Peludo descansa entre camaradas, amigos y el bronce de la historia.

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Panteón de los caídos de la Revolución de 1890 en el Cementerio de la Recoleta.
Panteón de los caídos de la Revolución de 1890 en el Cementerio de la Recoleta.

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