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La más decidida victoria, las Piedras

Después del Grito de Asencio, las tropas nacionales sumadas a las milicias capitaneadas por el entonces teniente coronel José Gervasio Artigas, avanzaron hacia Montevideo. En el camino se enfrentaron a las huestes realistas en el pueblo de Las Piedras.

Al frente de este ejército de irregulares, el teniente coronel avanzó hacia Montevideo. No le fue fácil movilizar sus tropas durante ese mayo lluvioso, pero el entusiasmo todo lo pudo. Al final, el ejército revolucionario después de muchos obstáculos chocó contra las fuerzas españolas en el pequeño pueblo de Las Piedras, muy cerca de la estancia paterna.

Los realistas, necesitados de carne fresca, incursionaron en la estancia de Sauce, propiedad de los Artigas (18 de mayo de 1811). Este hecho precipitó la batalla. El capitán de fragata, José de Posadas, conducía las tropas realistas que ascendían a más de mil efectivos, mientras que Artigas, reforzado por las tropas que conducía su hermano Manuel, estaba al frente del inferior número de patriotas, divididos en 600 hombres de caballería y 250 infantes.

Al comenzar la contienda los españoles sufrieron varias deserciones, entre estos, 160 prisioneros que habían tomado partido para salir de la cárcel de Montevideo.

Después de varias horas de lucha, las tropas artiguistas rodearon a los españoles. En el campo quedaron, según el parte del vencedor, 30 muertos y cerca de 50 heridos, además de 482 prisioneros, entre ellos el mismo comandante realista. Los orientales sufrieron solo 20 muertos y 14 heridos. Fue, en palabras de Dalmaso Larrañaga, “la más decidida victoria”, que no fue completa porque al verse obligados a detener su marcha no pudieron llegar a las puertas de la ciudad. Esta demora fue un desperdicio estratégico debido al atraso en la llegada de Rondeau. La batalla de las Piedras fue el prolegómeno del sitio y de las desinteligencias entre ambos comandantes.

Artigas fue magnánimo con los vencidos, a Posadas le prometió respetarle la vida en caso de rendirse. Cuando así lo hizo, no recogió el sable del capitán realista. “Como tributo a su hidalgo respeto”, nos cuenta Zorilla de San Martín, “envió al capellán Valentín Gómez a recoger como objeto sacro aquella espada”.

Artigas no estaba dispuesto a repetir los excesos de los porteños. En la Banda Oriental no hubo fusilamientos sumarios, como los de Liniers, Córdoba, Nieto o Francisco de Paula Sanz, que mancharan de sangre el honor de los vencedores. El jefe de los orientales siempre respetó la vida de los vencidos.

“En la lomada de Las Piedras

izaron la bandera blanca

¡Para los vencidos pediste piedad

y obedecimos tu orden santa.”

La Junta de Buenos Aires respiró aliviada. Las Piedras reconfortaba por la fallida campaña al Paraguay. En reconocimiento, Artigas fue elevado al grado de coronel y recibió de manos del teniente coronel Martín Thompson –primer esposo de la célebre Mariquita- un espléndido sable de honor en compensación por sus esfuerzos. El oriental había resultado ser una magnifica inversión. ¡Miren lo que había hecho con apenas 200 pesos!

Ese 25 de mayo, durante los festejos del primer aniversario, resonaron con estrépito los nombres de los orientales. La marcha patriótica compuesta por Vicente López y Planes, en su séptima estrofa recoge la victoria del teniente coronel de Blandengues:

San José, San Lorenzo

Suipacha

Las Piedras, Salta y

Tucumán

La Colonia y las mismas murallas

del tirano en la Banda Oriental..

aquí el fiero opresor de la patria

su cerviz orgulloso dobló.

Nuesto Himno Nacional Argentino hace referencia a otra victoria en tierras orientales, la caída de la Colonia del Sacramento, rodeada por los hombres de Benavides. Sin más recursos, las tropas comandadas por Vigodet se embarcaron el 27 de mayo con rumbo al puerto de Montevideo. La campaña de la Banda Oriental quedó en manos de los patriotas.

Ahora se alzaba ante los ojos de Artigas su próximo desafío, la ciudad amurallada que tan bien conocía, la misma que había recorrido durante su infancia miles de veces. Sus pasillos, las almenas y las troneras que alojaban 310 cañones no eran un misterio para él. A pesar de su imponente aspecto, bien sabía que la fortaleza no era inexpugnable. Así lo habían demostrado los ingleses. Artigas se sentía seguro del éxito. Pero el peligro que lo acechaba no provenía de esas murallas sino de la otra orilla del Plata.

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La acción de Las Piedras | Autor: Juan Luis Blanes con intervenciones de Juan Manuel Blanes.
La acción de Las Piedras | Autor: Juan Luis Blanes con intervenciones de Juan Manuel Blanes.

Texto extraído del libro Artigas: un héroe de las dos orillas de Omar López Mato (Ed. El Ateneo)

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