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La maldición de Tutankamón

Tutankamón fue un faraón perteneciente a la XVIII Dinastía que reinó entre 1336/1327 antes de Cristo. Hubiese sido un faraón más de la lista de monarcas olvidados de Egipto, si no fuera por el descubrimiento de su tumba en un espectacular estado de conservación. El hallazgo fue realizado en 1922 y revolucionó los conocimientos de los egiptólogos y antropólogos, las modas y hasta dio lugar a una leyenda de muertes misteriosas que persiste hasta nuestros días. ¿Cuáles fueron las causas de estas muertes impensadas?

Si bien Tutankamón había sido responsable de un cambio teológico al restablecer el culto tradicional y devolver el poder a los sacerdotes del dios Amón, bien podría haber caído en el olvido. Muerto a los 18 años, fue enterrado junto a sus bienes más preciados, que se salvaron de ser saqueados por generaciones de ladrones de tumbas que se habían enriquecido por siglos rapiñando los tesoros de los monarcas.

Su tumba fue descubierta por el egiptólogo británico Howard Carter, cuya expedición (después de tres años de búsqueda) había sido soportada económicamente por Lord Carnarvon.

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Howard Carter.
Howard Carter.
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George Herbert de Carnarvon.
George Herbert de Carnarvon.

El magnífico estado de preservación y la riqueza del entorno, convirtió a este hallazgo en un acontecimiento mundial, ya que todo el mundo habló del faraón. Surgieron vestidos, música, joyas, tragos y hasta un estilo arquitectónico que remedaba el sarcófago de Tutankamón.

Existía desde tiempo inmemorial la maldición de los faraones para aquellos que perturbaran su reposo. Carter y los suyos no podían escapar de la misma, después de este espectacular hallazgo.

En la antecámara de Tutankamón, Carter encontró una inscripción en la pared que decía “La muerte golpeará con su miedo a aquel que altere el reposo del faraón”. Solo cuatro meses después de abrir la tumba, Lord Carnarvon moría de una neumonía, rodeado por extrañas circunstancias, como un apagón en el Cairo y la simultánea muerte de su mascota, Susie, en Londres.

El hermano de Lord Carnarvon, Audrey Herbert también presente cuando se descubrió la tumba, falleció ese mismo año en Londres. Audrey gozaba de excelente salud hasta su óbito. Arthur Nace, el hombre encargado de abrir la pared que permitió el acceso a la cámara mortuoria, también murió sin causa aparente en el Cairo. Sir Archibald Douglas Reid, el encargado de radiografiar la momia del faraón, murió pocos meses después en Suiza. La misma suerte corrieron la secretaria de Carter y un egiptólogo canadiense que visitó la tumba. Según algunos investigadores, para 1930 eran 30 las personas víctimas de la maldición, aunque no faltaron las versiones exageradas, como la que afirmaba que el mismo Carter había muerto cuando el egiptólogo aún gozaba de buena salud.

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        <p></p>Máscara funeraria de Tutankamón en el Museo Egipcio de El Cairo. <p></p>

Máscara funeraria de Tutankamón en el Museo Egipcio de El Cairo.

El mito revivió en la década del ’60, cuando algunas piezas halladas en el sepulcro fueron trasladadas en el Museo del Cairo e, inexplicablemente, murieron varios directivos del museo, al igual que hubo accidentes entre los miembros de la tripulación que trasladó a Londres los restos de la momia.

La última atribuida a dicha maldición, fue el actor Ian McShane, a poco de comenzar la filmación de la película, llamada justamente La maldición de Tutankamón, sufrió un extraño accidente automovilístico que le produjo la fractura en una de sus piernas y debió ser reemplazado en el reparto.

Si bien, Carter murió en 1939 de causas naturales y el médico que hizo la autopsia de la momia falleció a los 75 años, la versión subsistió gracias a la difusión que le dio el Dr. Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes y ferviente espiritista, que hablaba de un hongo encerrado por años en el sarcófago, esperando el momento de “vengarse” de aquellos que perturbaron su sueño.

La versión no es descabellada, ya que en estas tumbas se han hallado gérmenes patógenos como Pseudomonas y hongos como el Aspergillus.

El mismo Carter, a quien las versiones de la maldición habían asesinado en más de una oportunidad, murió en 1939, a los 64 años, afirmando que “todo espíritu de comprensión inteligente se halla ausente de estas estúpidas ideas”.

Pero todos sabemos que una versión escandalosa es mucho más efectiva que las verdades más contundentes.

Tutankamón

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