Música

La locura en la ópera

La ópera es el único arte escénico en que los interpretes cantan afinadamente mientras mueren, generalmente de tuberculosis, de melancolía o atravesados por dagas y puñales de maridos celosos o enemigos poco virtuosos.

Como toda obra de arte, retrata la condición humana, reflejando amores, celos, pasiones desmedidas y, obviamente, locura. El doctor Juan Carlos Fustinoni, un afamado neurólogo a quien conozco desde la infancia, ha estudiado el fenómeno de la locura en más de 1500 óperas, analizando sus características diagnósticas. Fustinoni, siguiendo una noble tradición familiar, no deja de lado la semiología médica ni aún en el teatro. Muchas óperas están basadas en textos clásicos como los de Shakespeare (Otelo, Hamlet, Macbeth) o Pushkin, por lo que la insania de estos personajes. La celotipia de Otelo, los delirios de poder de Lady Macbeth, la reacción paranoide de su marido, la melancolía del principie danés y la esquizofrenia de Boris Godunov son del resorte de la literatura universal que los genios de Verdi, Tchaikovsky o Mussorgsky llevaron a la lírica, introduciendo elementos propios de este arte para adecuarse al desarrollo escénico.

Si bien la mayoría de las óperas están basadas en textos literarios, algunas de ellas lograron superar su origen y pasar a la memoria popular como propias del arte escénico.

Por ejemplo, todo el mundo reconoce el delirio de Lucía de Lammermoor de Gaetano Donizetti, pero no todos saben que está basada en obra Sir Walter Scott (Tales of my Landlord). En la ópera, Lucía hiere a su marido (Lord Buclaw) y cae en un trance delirante dando lugar a una pieza de bravura donde no todas las sopranos salen airosas.

Los demonios de Loudun es una novela de Aldous Huxley que fue llevada a la escena lírica por Krysztof Penderecki. Esta obra relata el delirio colectivo de unas monjas en la ciudad de Loudun en 1632. No fue el único episodio de este tipo en un convento ya que fueron varios los sitios de religiosas donde se dieron casos de locura colectiva que fue interpretada por la Iglesia como un acto de posesión demoniaca y en el caso de Loudun, una buena oportunidad para quitar del medio al molesto confesor del convento que terminó al spiedo teológico.

El suicidio es utilizado por los autores de ópera para resolver abruptamente el desarrollo argumental en forma llamativamente frecuente. Fustinoni nos cuenta que de 306 óperas analizadas hay ¡77 suicidios consumados! (32 hombres y 45 mujeres) de los cuales 7 son homicidio seguido de suicidio. Además hay 12 intentos de suicidio. Entre estos episodios dramáticos, tanto en Los Troyanos de Hector Berlioz, como en Jovánschina de Músorgski ¡todo el coro se suicida!

Estos números no guardan relación con los análisis estadísticos. Durkheim, en su clásico estudio sobre el suicidio, dice que por cada mujer que se quita la vida hay cuatro hombres que lo hacen. También se sabe que el porcentaje de intentos de suicidios es ocho veces mayor al suicidio consumado.

Como vimos, los intentos para terminar con la vida por mano propia son casi inexistentes en las óperas salvo, curiosamente, en las obras de Mozart, que utiliza el recurso histriónico de intentar poner fin a la vida de uno de sus protagonistas en dos de sus óperas más célebres: Così fan tutti y La flauta mágica.

Los suicidios son frecuentes en óperas como Werther (¡obvio!), El holandés errante y en Tristán e Isolda (ambas de Wagner). Es dable señalar que tanto después de los estrenos de Werther como con Tristán e Isolda, hubo una ola de suicidios entre jóvenes demasiado sensibles. Un lamentable coping behaviour.

También se suicida Madama Butterfly, la inmortal geisha de Puccini basada en la obra teatral de David Blesco, quien a su vez se inspiró en un relato de John Long publicado en la Century Magazine. Si bien en la vida real el niño impide el suicidio de su madre, Puccini recurre a este medio siguiendo una larga tradición musical de finalizar las óperas con este dramático recurso. También en Tosca termina la obra haciendo que la heroína se arroje al vacío, cuando se percata que ha sido engañada y su amante fusilado frente a sus ojos.

La ópera exalta lo mejor y lo peor de la condición humana: el amor puro y el desmedido, el amor a destiempo y los desencuentros, el amor a la patria y la traición, el amor filial y el último adiós a los padres (La mamma morta de Andrea Chénier), el amor a la vida (como Eugene Oneguin de Piotr Ilich Tchaikovsky, quien, curiosamente, murió por propia decisión) y la oscuridad del suicidios. Todas estas emociones son expresadas con sentidas arias o acrobacias canoras, al compás de melodías que nos acompañarán en los mejores y lo peores momentos de nuestras vidas, cuando al final comprendamos que la commedia è finita.

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