MúsicaMozart | Masonería

La flauta mágica

El 30 de septiembre de 1791 el público del Theater auf der Wieden de Viena pudo escuchar por primera vez La Flauta Mágica. Pocos recuerdan que el otro nombre de la obra es Lulú, al menos Alban Berg lo sabía y compuso una opera con el mismo título. Mientras que la obra de Alban Berg se arrastra por un ambiente sórdido, la obra de Mozart está plena de simbolismos y de referencias masónicas. Cuando se produjo el estreno, la masonería acababa de ser prohibida en los dominios del emperador José II, por su relación en ese país con los Iluminados de Baviera.

Los iluminados de Baviera era una sociedad secreta que, como muchas instituciones masónicas del siglo XVIII y XIX, tenía como objeto limitar la influencia de la Iglesia y los abusos de poder.

El fundador de este grupo era el ex jesuita Adam Weishaupt (1748-1830) un profesor de Derecho Canónico en la Universidad de Ingolstadt. Inicialmente se denominaron los Perfectibilistas y proponían que la iluminación racional era capaz de conducir al hombre a una perfección superior, al margen de la fe. De hecho, Weishaupt estaba en contra de los Rosacrucianos por considerarlos místicos.

Después de 1778 la orden se popularizó y pasó a llamarse Los Illuminatenorden (se definían como sucesores de la orden Templaria). Entre sus muchos afiliados, se contaba el escritor Johann Wolfgang von Goethe.

Las discrepancias entre sus miembros llegaron a tal punto que hubo sospechas de asesinatos entre ellos. Las autoridades bávaras terminaron por prohibir todas las órdenes masónicas, (entre elloas, la Zur Wohltätigkeit, a la que pertenecía Mozart desde 1784).

Si bien la obra nos resulta cómica, abre las puertas a un mundo sobrenatural, con la sublime intención de elevar al espíritu humano. Esta ópera llega a ese extremo. Disfrútenlo con La Reina de la Noche en la versión de Colin Davis y la voz de Diana Damrau.

la reina de la noche

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