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La extraña muerte de Allan Pinkerton

Este escocés que creó la agencia de detectives más célebres de la historia, sufrió una muerte insólita a pesar de haber esquivado a las Parcas a lo largo de su vida.

Allan Pinkerton emigró de Escocia a los 23 años en 1842 después de la muerte de su padre. Apenas 7 años más tarde fue designado alguacil en Chicago. Allí se asoció a Edward Rucker para fundar la agencia que llevaría su nombre y la consigna que había creado, "Nunca dormimos". Sus agentes cuidaron diligencias y ferrocarriles a lo largo de los EEUU cuidando los de salteadores, bandidos y renegados. Durante la guerra civil, estuvo encargado de custodiar al presidente Lincoln por las amenazas de muerte que pesaban sobre él. En tal condición frustró un intento de asesinato en Baltimore. A la vez que custodiaba al presidente llevaba adelante tareas de espías entre los confederados. Cuando fue relevado de sus servicios como custodio del presidente, se produjo el atentado donde muere Lincoln, razón por la cual su prestigio aumentó ya que todos creían que de haber estado él a cargo, el magnicidio no hubiese ocurrido.

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Pinkerton (Izquierda) con Abraham Lincoln (centro)
Pinkerton (Izquierda) con Abraham Lincoln (centro)

Tras la guerra continuó su lucha contra los atracadores de trenes y de bancos. A tal fin había creado una base de datos de criminales o sospechosos de serlo que, con los años, pasarían a integrar los documentos del FBI.

Pinkerton no solo era perceptivo e inteligente, sino también valiente. Le decían "el ojo de América". Su agencia ganó fama de eficiente y honesta, en un tiempo donde el contubernio y la corrupción estaban a la orden del día. La empresa creció y también la fortuna de Pinkerton, aunque no asi su suerte porque el 16 de junio de 1884 mientras caminaba por la calle, resbaló y se golpeó contra el pavimento. Al caer se mordió la lengua. Su dentadura estaba en tal mal estado que la herida en la lengua se gangrenó y el 1º de julio, Allan Pinkerton entregó su alma al Señor y su recuerdo a la Historia.

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