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La Estatua de la Libertad y su conexión argentina

La Estatua de la Libertad es uno de los monumentos más importantes de Nueva York, Estados Unidos y todo el mundo y así lo ha sido siempre, desde su inauguración oficial el 28 de octubre de 1886, es decir, hace 132 años.

La Estatua de la Libertad es el ícono paradigmático de New York, obra del escultor francés Frédéric Auguste Bartholdi, un conocido escultor francés.

Esta inmensa estatua hecha con planchas de cobre y ubicada en la desembocadura del río Hudson, más precisamente en La isla de la Libertad (Liberty Island), antiguamente llamada Isla de Bedloe (Bedloe's Island), tiene una estructura de acero en su interior diseñada por el Alexandre Gustave Eiffel (célebre por la Torre que lleva su nombre). El Ing. Eiffel fue asistido por el arquitecto Eugène-Emmanuel Viollet-le-Duc (el encargado de la reconstrucción de la abadía de Saint Denis, donde están enterrados los reyes de Francia).

La idea de entregar este presente a los Estados Unidos nace del jurista francés Édouard René Lefebvre de Laboulaye, quien fue homenajeado por su amigo Domingo Sarmiento, bautizando con su nombre la ciudad cordobesa. Curiosamente, ninguna ciudad en Estados Unidos lleva su nombre.

Laboulaye quería honrar la relación del pueblo francés con el americano y la colaboración durante la Guerra de la Independencia, cuando las tropas enviadas por Luís XVI y comandadas por el general Lafayette asistieron a los insurgentes comandados por George Washington.

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La idea surgió hacia 1860 y, según algunos, Sarmiento –que mantenía correspondencia con Laboulaye– no fue ajeno a concebir este homenaje a los Estados Unidos, nación admirada por el sanjuanino.

El político francés convocó a su amigo Frédéric Auguste Bartholdi, quien realizó el primer modelo en 1870. El escultor se había inspirado en el Coloso de Rodas, y había diseñado un faro para el Canal de Suez, entonces en construcción bajo la conducción de Ferdinand de Lesseps. Como la obra no se llevó a cabo en Egipto, Bartholdi pudo volcar su idea primigenia al otro lado del Atlántico.

La entrega del monumento se atrasó por la Guerra Franco-Prusiana. Finalizada ésta, hubo cierto resentimiento en las relaciones franco americanas por la simpatía que Estados Unidos había mostrado durante el conflicto hacia el bando alemán.

Superada esta instancia, más de 100.000 franceses colaboraron con los fondos para realizar esta obra, que debía entregarse en 1876 para la celebración del centenario de la Independencia. Se juntaron 400.000 francos, pero éstos resultaron ser insuficientes, ya que el costo se elevó a 1.000.000, cifra que recién se alcanzó a reunir en 1880.

Tampoco las cosas marchaban al ritmo necesario del otro lado del Atlántico, ya que el Congreso se los Estados Unidos recién aprobó la construcción del basamento en 1887.

El encargado de elegir el lugar de emplazamiento fue el general William Tecumseh Sherman, héroe de la guerra civil, quien escogió la Isla Bedloe, a tal fin. La espléndida vista a la entrada de la bahía le confería un lugar de privilegio.

Como los fondos para la construcción no afluían con la debida presteza, Joseph Pulitzer (el periodista que dio su nombre al célebre premio) puso a disposición de los responsables las páginas del New York World para promover la recaudación.

La obra construida en Francia entre 1881 y 1884, fue desmantelada en 350 piezas y embaladas en 215 cajas para cruzar el Atlántico. El 17 de junio de 1885 llegaba a tierra americana.

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El 28 de octubre de 1886 la estatua fue inaugurada en un acto presidido por el mandatario Stephen Grover Cleveland. También estuvo presente el ingeniero Lesseps.

Entonces la estatua también era un faro, según lo planeado originalmente por Bartholdi, pero en 1902 dejó de servir a tal fin.

La antorcha, que originalmente era de cobre, fue rediseñada en 1916 usando vitraux amarillo. El encargado de esta tarea fue Gutzon Borglum (conocido por esculpir los rostros de los presidentes americanos en el Monte Rushmore).

Debido a un atentado perpetrado por agentes alemanes, el 30 de julio de 1916 en plena Guerra Mundial, se clausuró el acceso a la antorcha.

La obra fue restaurada en varias oportunidades, siendo la más importante la que se realizó en 1984, durante el gobierno de Ronald Reagan, cuando fue declarada Patrimonio de la Humanidad. En la oportunidad la antorcha de vitreaux fue reemplazada por láminas de oro.

Algunas curiosidades

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Según una versión, nunca confirmada (ni negada) por Bartholdi, los rasgos de la Estatua de la Libertad reproducen las facciones de su madre.

La escalera que conduce hasta la cabeza tiene 354 escalones y llega a los 93 metros de altura.

La corona tiene 7 picos que representan los 7 mares y se eligió esta opción antes del clásico gorro frigio con la que usualmente se representa la libertad.

La tabla que sostiene en la mano izquierda tiene grabada la fecha de la Independencia Norteamericana July IV MDCCLXXVI.

En su base hay una placa de bronce con las estrofas de un poema de la poetisa norteamericana Emma Lazarus, colocada en 1903, donde declara a esta «poderosa mujer con una antorcha… la Madre de los desterrados…» ya que los inmigrantes que arribaban a New York, lo primero que veían era esta estatua, y en la que cifraban sus esperanzas.

Después de los atentados de las Torres Gemelas, el acceso a la corona estuvo prohibido hasta el año 2009.

Nuestras estatuas

Nosotros también tenemos nuestras estatuas de la libertad. No una, sino dos.

A pesar de la comentada amistad entre Laboulaye y Sarmiento, a nuestro monumento lo debimos comprar para ubicarlo sobre las Barrancas de Belgrano.

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No son de cobre sobre acero, sino de hierro fundido y como tantas otras obras que adornan la ciudad, fue realizada por la Fonderie d'art du Val d'Osne.

Tanto la estatua de New York como la porteña fueron inauguradas el mismo año aunque, como vimos, la americana sufrió un atraso de 10 años con respecto al centenario de la Independencia norteamericana. La obra emplazada en Buenos Aires se expuso al público pocos días antes de la inauguración de su hermana mayor en Nueva York (es 10 veces más pequeña).

Como muchos monumentos de Buenos Aires, nuestra Libertad ha sido objeto de agresiones y víctima de vandalismo de inadaptados. Las inscripciones de múltiples graffittis irreverentes muestran la falta de respeto a la voluntad de nuestros ancestros que regalaron a la ciudad estas estatuas con la finalidad de embellecer y dotarla de imágenes de fuerte contenido simbólico.

Hay otra estatua de la Libertad en la provincia de San Juan, más precisamente en el departamento de Pocito. Esta réplica fue encargada por Federico Cantoni en 1909 e inaugurada un año más tarde, durante los festejos de 1910. Al menos por un año estuvo embalada, hasta que fuera ubicada primero en la Plaza de Mayo de San Juan y posteriormente, en 1931, trasladada a Pocito. En una de sus manos luce un escudo argentino, hecho que desmiente una versión según la cual esta libertad estaba destinada a Puerto Rico y por un error terminó en nuestro país.

Como ven, son muchos los caminos de la Libertad.

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