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La conferencia de Yalta

Entre el 4 y el 11 de febrero de 1945, Winston Churchill, Franklin D. Roosevelt y Iósif Stalin se reunieron en Yalta (una ciudad en la península de Crimea) para decidir el futuro de Europa luego de lo que ya era una certeza: el fin de la Segunda Guerra Mundial con el triunfo de los Aliados.

No era la primera de las reuniones entre los máximos referentes de los Aliados: en enero de 1943, en Casablanca, se habían reunido Roosevelt, Churchill, Charles De Gaulle y Henri Giraud, para planear estrategias conjuntas; en noviembre de 1943, en El Cairo, Roosevelt, Churchill y Chiang Kai-shek se reunieron para determinar la posición de los Aliados frente a Japón y el futuro de Asia; y a fines de noviembre de 1943, en Teherán, Roosevelt, Churchill y Stalin se habían reunido para determinar estrategias conjuntas en Europa.

La decisión sobre el “reparto” de Europa después de la guerra era un tema que obsesionaba a Winston Churchill desde un año antes del fin de la guerra. Cuando la URSS se transformó de víctima en vencedora a principios de 1944, Churchill comenzó a tener mucha desconfianza sobre las intenciones de Stalin respecto del este y del sur de Europa. Le intrigaba saber si llegaría a un acuerdo con su colega soviético sobre lo que ocurriría con los Balcanes y con Italia, sobre todo; imaginaba al ejército soviético extendiéndose de un país a otro y eso lo obsesionaba.

Churchill propuso bloquear el avance de la URSS con un desembarco británico en el mar Adriático cerca de Trieste y avanzar luego a través de Ljubljana (hoy, Eslovenia) para “empujar” a los soviéticos hacia Viena. EEUU se mostró indiferente ante esa idea y no explicitó su apoyo; eso y la ocupación alemana en Italia le hicieron cambiar de idea: decidió ir en octubre a Moscú a hablar cara a cara con Stalin y ser más que directo: presentarle un plan para repartir en la postguerra las zonas que le preocupaban.

Churchill propuso que soviéticos y británicos se dividieran los Balcanes. En un papel (que él mismo denominó “el documento inmoral”), esbozó su propuesta: Rumania, 90% control soviético; Grecia, 90% control británico; Bulgaria, 75% control soviético; Hungría y Yugoslavia, 50% para cada uno de los dos. Los ministros de relaciones interiores de ambos, Anthony Eden y Viacheslav Molotov, terminaron de ajustar los porcentajes, que al final destinaron para la URSS un 80% de Hungría y Bulgaria.

Enterado del arreglo, Roosevelt estuvo de acuerdo y aceptó la expansión soviética sin alarmarse demasiado. El que se alarmó luego fue Churchill, cuando contempló cómo la URSS se extendía, además de lo pactado, hacia Polonia y Checoslovaquia.

Con este cuadro de situación se llega a la conferencia de Yalta, el 4 de febrero de 1945. Roosevelt, Churchill y Stalin establecieron allí acuerdos trascendentes. Es apropiado destacar que los tres líderes llegaban a Yalta en diferente forma; Roosevelt estaba enfermo (moriría dos meses después, y asumiría Harry Truman como presidente), Churchill estaba obsesionado con “frenar” a Stalin, y Stalin... quería todo; consideraba que él había torcido el curso de la guerra y quería hacerlo valer.

En una mirada retrospectiva, Yalta fue considerado un gran paso para la paz mundial y se resaltan las concesiones hechas a la URSS por EEUU y Gran Bretaña, para asegurarse la cooperación soviética hasta el final de la guerra.

En Yalta se declaró la “liberación” de Europa, se exigía la instauración de la democracia en Europa oriental (ja) y se convino en fundar la ONU, cosa que ocurrió en octubre de ese año en la conferencia de San Francisco (EEUU). Se decidió dividir a Alemania en cuatro zonas (primero fue en tres zonas, para Gran Bretaña, EEUU y URSS; rápidamente un nuevo protocolo agregaría a Francia y serían cuatro las zonas). Se decidieron las indemnizaciones que debería pagar Alemania (EEUU y URSS propusieron 20 mil millones de dólares, mientras que los británicos no terminaron de definirse). Se decidió que habría un gobierno de unidad en Yugoslavia y URSS se comprometió a intervenir activamente contra Japón apenas se rindiera Alemania, recibiendo a cambio las islas Kuriles y algunas zonas de Manchuria perdidas ante Japón en 1904. URSS se quedó con territorios orientales de Polonia y con el control de Polonia (para eso se designó el comité de Lublin, a quien se le exigió que incluyera miembros no comunistas –jaja–), y le fueron devueltos a Polonia los territorios que fueron ocupados por los alemanes. Sin embargo, en Polonia no hubo elecciones hasta 1948, y para entonces ya era un Estado unipartidista (comunista, por supuesto).

No se decidió nada sobre el tratamiento que se daría a los crímenes y criminales de guerra ni a las fronteras de Italia con Austria y Yugoslavia.

Entre el 17 de julio y el 2 de agosto del mismo año se celebró la conferencia de Postdam (en las afueras de Berlín). Los participantes no eran los mismos: asistieron el flamante primer ministro británico, Clement Attle, y Harry Truman reemplazó al fallecido Roosevelt; Stalin, presente, firme como rulo de estatua. El tono de la discusión también fue otro.

Stalin exigía una reparación alemana más dura; británicos y americanos, más leve (imaginaban que iban a tener que subvencionar a Alemania). Hubo desacuerdos sobre las fronteras definitivas de Polonia y sobre la consolidación legítima de los regímenes del este europeo. Finalmente, se confirmó la suma de 20.000 millones de dólares como indemnización.

Otro tema de discusión fue la cuetión sobre la bomba atómica. Truman, que le había contado sus intenciones a Churchill, advirtió a Japón (con el respaldo de un ultimátum de los Aliados en Postdam), que si no se rendía en forma incondicional sería víctima de una “destrucción rápida y eficaz” (los japoneses no se rindieron, y ya sabemos lo que ocurrió). Este asunto hizo que Truman tratara con más dureza a Stalin, dado el hecho de que ya no consideraba tan importante la intervención soviética contra Japón consensuada en Yalta.

Algunas de las decisiones tomadas en Postdam fueron complementarias de las de Yalta: democratización y “desnazificación”, etc, de las zonas recuperadas, persecución de los criminales de guerra nazis, confirmación de las nuevas fronteras de los países europeos involucrados en la ocupación alemana. Stalin quería romper relaciones con el gobierno de Franco, EEUU y Gran Bretaña no; así que partieron la diferencia: no rompieron con Franco pero se opondrían al ingreso de España en la ONU.

Al final, acordaron que cada potencia podría hacer lo que quisiera en su zona de ocupación de Alemania y que el límite de Polonia se desplazaría 240 km hacia el oeste ganando territorio alemán. Además, las tres potencias acordaron que reconstruirían Alemania sobre bases “democráticas”, aunque el término no fue definido taxativamente. Años después, en 1948, los soviéticos bloquearían Berlín y aquella decisión quedaría en la nada.

Y comenzaría la Guerra Fría.

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