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La campaña de las cien flores de Mao

En febrero de 1957 Mao Tsé Tung lanzó una invitación que alentaba al pueblo a criticar al Partido. "Dejad que florezcan cien flores", anunció, pidiendo al pueblo que diera rienda suelta a nuevas ideas. Mao percibía que la sociedad china tomaba un rumbo que no era exactamente el que él había diseñado y concretado, y quería escuchar lo que la gente tenía para decir.

“Permitir que 100 flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra”.

Después del fallecimiento de Stalin en 1953 y la subida al poder de Nikita Khrushchev en la URSS, las relaciones chino-soviéticas se deterioraron notablemente. Se produjeron disputas fronterizas y desacuerdos en relación al camino que debía seguir el comunismo: seguir fomentando la revolución o mantener el statu quo. En este contexto, Mao, por entonces presidente de la República Popular China, propuso dejar que los intelectuales chinos debatieran sobre la política y alentó a los ciudadanos a que expresaran sus opiniones; quería propuestas, críticas y visiones alternativas. Al menos eso decía.

Como la propuesta de Mao era diferente a su estilo conocido y a lo que había llevado a cabo su gobierno desde que llegó al poder, la gente desconfió. Pero Mao los tranquilizó: era “de verdad”. No era una trampa. Aparecieron carteles en los que se criticaba al régimen y no fueron retirados. Después de que algunas voces, con cautela, hablaran en disidencia con el régimen sin ser acalladas ni castigadas, la gente empezó a pensar que a lo mejor sí, Mao decía la verdad y quería escucharlos; que Mao estaba abierto a hacer cambios. Así, empezaron a hacer propuestas y progresivamente fueron estallando todas las quejas y la rabia contenida desde hacía ocho años (Mao había llegado al poder como presidente del Gobierno Central en 1949).

Pero sí era una trampa.

Mao opinaba que Khrushchev era un líder débil porque había “abierto” la sociedad soviética, arrastrando por el barro el buen nombre de Stalin (en 1956, en un Congreso del Partido Comunista, Khrushchev criticó a Stalin y reivindicó a Lenin, en un memorable discurso –el “discurso secreto”–en el que calificó con dureza el personalismo y los métodos de Stalin). Así que Mao no estaba dispuesto a cometer el mismo “error” de Khrushchev.

En abril de 1957, Mao les dijo a unos pocos miembros de su entorno cercano: “los intelectuales están empezando a cambiar su actitud cautelosa por otra más abierta... bien, lo que queremos es que hablen; hay que armarse de paciencia y dejarlos que ataquen. Dejemos que todos estos diablos y serpientes nos maldigan y critiquen durante unos cuantos meses... Un día el castigo caerá sobre ellos.” Y agregaría más tarde: “¿Cómo íbamos a atrapar esas serpientes si no las dejábamos salir de sus guaridas? Necesitábamos que esos bastardos asomaran la cabeza para poder atraparlos.”

Los críticos de Mao sostienen que ese fue su plan desde el principio; los defensores de Mao, en cambio, explican que sus intenciones eran honestas y veraces pero que la cantidad de críticas e insultos lo sorprendieron y le dolieron y que por eso decidió castigarlos (interpretado de manera ecléctica, esta segunda postura no parece mucho mejor que la anterior en cuanto a la actitud de Mao).

Así que a la “campaña de las cien flores” le pasó por encima una cortadora de césped. O sea, una campaña antiderechista que comenzó en julio de 1957, cuatro meses después de la tentadora propuesta de apertura que había hecho el propio Mao.

Ahora que el gobierno podía identificar con toda precisión quiénes eran los descontentos, la clase intelectual ya podía ser purgada con eficiencia. Los científicos quedaron exentos, pero cualquier otro que se hubiera manifestado en contra del régimen fue enviado a los campos de trabajo a cortar madera, a trabajar en canteras o a extraer minerales de las minas.

Mao aprovechó además para debilitar a los miembros de su círculo más cercano que parecían consolidarse en sus cargos, alentando a los fanáticos y a los duros a combatir a los moderados en los escalafones más altos del Partido. Así, presionados, Chou Enlai y Liu Shaoqi fueron criticados, rebajados y hechos a un lado en el congreso del Partido. Aunque no fueron purgados, fueron debilitados enormemente en la consideración política del Partido Comunista y así Mao pudo seguir sosteniendo sus métodos personalistas.

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Chou Enlai y Liu Shaoqi
Chou Enlai y Liu Shaoqi

Poco después el contexto de la situación empeoró: las relaciones chino-soviéticas empeoraron aún más y Nikita Khrushchev canceló acuerdos de asistencia técnica soviética ya firmados. Además se dieron varias sequías severas que afectaron y redujeron notablemente a la producción agrícola. Mao decidió implementar en 1958 “El Gran Salto Adelante” (que resultó todo lo contrario), con el objetivo de transformar la tradicional economía agraria china a través de una rápida industrialización y trabajo colectivo, tomando como referencia elementos de la historia soviética pero mezclándolos y tratando de adaptarlos a la sociedad y a la realidad china. La combinación del establecimiento de cuotas de producción industrial irreales, la retirada de la asistencia técnica soviética, las sequías, el desplazamiento de agricultores a las fábricas y una economía estancada y restrictiva ocasionaron la hambruna más grande de la historia de China, entre 1958-1959 y 1961-1962.

Pero eso es otra historia.

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