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La caída de Berlín

Los soviéticos avanzaron en forma incontenible para adueñarse de Berlín. Los alentaba la sed de venganza por los destrozos producidos por los nazis en Rusia y Ucrania. El suicidio de Hitler quitó sentido a la resistencia. Berlín, la orgullosa capital de un Imperio que habría de durar mil años, cayó bajo la bota soviética. A lo largo de la ocupación, decenas de miles de mujeres alemanas fueron violadas por los soldados rusos.

Más de 1.500.000 de soldados soviéticos en 6.250 tanques, arrastraban 40.000 piezas de artillería, protegidos desde el aire por 7.500 aviones, atacaron Berlín.

Los alemanes concentraron sus fuerzas, más de 800.000 hombres, en las inmediaciones de la ciudad. Muchos de los defensores eran niños, ancianos y soldados que llevaban cinco años de lucha.

El 12 de enero de 1945, el ejército Rojo penetró en territorio alemán, y rápidamente llegaron hasta el río Óder, donde los alemanes habían establecido una línea defensiva, a cargo del general Gotthard Heinrici. Era este un aristócrata terrateniente, casado con una mujer de ascendencia judía. Heinrici había servido en Francia y el frente oriental, donde había puesto en marcha una estrategia de replegar tropas y contra atacar. Esto le había permitido sitiar Moscú por 10 semanas, aunque sus tropas fueran superadas 10 a 1.

Cuando fue nombrado jefe de la línea Óder, Heinrici, personalmente contradijo la disposición de Hitler, la llamada “Orden Nerón”, para destruir la infraestructura civil, a fin de dificultar el paso de los invasores. “Nada será destruido voluntariamente”, dijo el general.

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Gotthard Heinrici.
Gotthard Heinrici.

Heinrici ofreció una enérgica resistencia al avance del ejército de Zhukor. A punto tal de obligar a Stalin a ordenar el avance del ejército Konev para amenazar el sur de Berlín.

Insatisfecho con el accionar de Hernrici, Hitler lo reemplazó por Wilhelm Keitel. Ambos generales se trenzaron en una feroz disputa, cuando Keitel le ordenó fusilar a los “cobardes y desertores”. Heinrici le respondió que fusile él a los soldados enfermos y heridos, la mayor parte de su ejército.

Keitel era un hombre servil a los deseos de Hitler. Fue él quien le propuso a Erwin Rommel suicidarse. Sus colegas lo llamaban “El lacayo”.

Desde el 16 de abril Berlín fue bombardeada constantemente por los soviéticos, que superaban a los defensores en número y experiencia. Eran todos veteranos de guerra curtidos en la campaña rusa.

La batalla fue una lucha cuerpo a cuerpo, y casa por casa, hasta que el suicidio de Hitler desbarató la resistencia nazi. Los soviéticos querían tomar Berlín el 1ero. de mayo (por el día del trabajo), pero la ciudad recién se rindió el 2 de mayo. El oficial a cargo de la guarnición de Berlín era el general Weidling, quien negoció con los rusos para dar tiempo a sus soldados que huían a entregarse a los aliados. Cuando ordenó la claudicación ante los soviéticos, muchos de sus oficiales optaron por el suicidio. Alemania firmó la rendición incondicional el 9 de mayo. Keitel fue quien refrendó esta acta. Después de la guerra fue condenado por sus crímenes y ahorcado (Pidió ser fusilado, pero ni eso se le concedió).

A lo largo de esos días, miles de soldados alemanes, incluido Heinrici marcharon hacia el frente occidental para entregarse a los aliados, ya que temían la retaliación de los soviéticos. Entre estos se hallaba Martín Bormann, que murió a los pocos días, aunque hay versiones que afirman que se refugió en Sudamérica.

La muerte de Hitler desencadenó una ola de suicidios y asesinatos, como el de Goebbels, su esposa y sus seis hijos. Los generales Burgdorf y Kirbs, testigos del testamento del Führer también se suicidaron.

La resistencia alemana causó más de 400.000 bajas entre los soviéticos, que descargaron su furia saqueando y violando mujeres alemanas. Muchos de los soldados rusos venían de los lugares más alejados de Rusia. Y no conocían el uso de los retretes que se llevaban como trofeo.

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        <p>El Reichstag después de ser bombardeado y capturado por los soviéticos.</p><p></p>

El Reichstag después de ser bombardeado y capturado por los soviéticos.

Entre el 23 de abril y el 8 de mayo, la falta de disciplina de estas tropas en busca de venganza fue enorme. Es muy difícil calcular la cantidad de crímenes cometidos. Se habla de más de cien mil mujeres violadas (10.000 de ellas murieron a causa de esta agresión), aunque la Stanka (Alto mando soviético) aceptó que esto pudo pasar, pero solo fueron 72 los soldados soviéticos castigados por estos excesos.

El historiador Antony Beevor, calcula que 240.000 mujeres alemanas fueron violadas, aunque se estima que el número en todos los países involucrados (Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Austria, etc., y hasta el año 1948) puede exceder el millón y medio de casos.

Svetlana Alexievich, Premio Nobel de literatura, relató estos excesos por parte de las tropas soviéticas, que veían este acto como una prerrogativa de los vencedores.

El Pouch Treptower, en Berlín, que sirve de enterratorio de 7.000 soldados soviéticos, es conocido entre los alemanes como “la tumba del violador desconocido”.

Vale aclarar que los rusos no fueron los únicos, ya que los americanos registran 11.040 casos juzgados, pero se calcula que los “niños de ocupación” (hijos de soldados americanos con alemanas y austríacas), sumaban 94.000, de los cuales 3 % eran mulatos. Las tropas francesas no se quedaron atrás, y en algunos sitios, como en Baden Wurtemberg, tuvieron conductas muy parecidas a los soviéticos.

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