Historia

La batalla del fin del mundo

La flota franco española venía de regreso a Europa desde las Antillas como parte del plan para incitar a la flota británica a perseguirlos, para poder tener el control del Canal de La Mancha a la vuelta, para una posible invasión de las islas británicas. En las Antillas la flota combinada encontró un convoy británico de 16 mercantes con un valor total de 5 millones de francos y con la escolta de la fragata de 28 cañones Barbadoes y de la balandra Netley. La flota en seguida ordenó caza general y dos fragatas francesas junto con el navío español Argonauta, que se unió a la caza gracias a su buen andar, lograron capturar todos los mercantes excepto uno, mientras que la escolta huyó. Los mercantes fueron llevados a Guadalupe.

El 30 de junio de 1805, la flota franco española capturó y quemó un corsario inglés, de 14 cañones y 49 hombres. El 3 de julio la flota represó el galeón español Matilda, con un tesoro a bordo de valor estimado de 14 a 15 millones de francos; y al mismo tiempo capturó el corsario, el Mars, de Liverpool, que había capturado anteriormente el galeón, y lo conducía a un puerto inglés. El mercante Matilda posteriormente sería puesto a salvo y el dinero reintegrado a sus propietarios, salvo la parte de represa que le correspondía a la flota, que consistió en una décima parte del valor total. El corsario fue incendiado, y el mercante tomado a remolque por la fragata francesa Sirène. Nada de importancia sucedió después a la flota combinada hasta que llegó al cabo Finisterre el 9 de julio; en el que hubo un vendaval violento de viento del nordeste que se llevó la verga mayor del Indomptable, y dañó de manera levemente algunas de las naves. La travesía atlántica había sido bastante accidentada y muy dura, tanto que el propio Gravina dijo que fue la travesía más difícil de su vida. Por tanto con los buques en malas condiciones y con las tripulaciones muy cansadas y con escasez de víveres llegaba la flota a las cercanías de Finisterre. El viento moderó, pero continuó soplando de modo adverso, hasta un día o dos antes del 22; cuando, con un cambio favorable del viento, se encontraron con la escuadra británica del vicealmirante Calder.

El general Gravina describía así la situación antes de enfrentarse a los británicos:

  • .../... El 10, en la latitud de 42° 42' se nos declararon los vientos al NE. frescos, que nos causaron diferentes averías en las arboladuras y velamen; pero estas fuerzas combinadas, no obstante la escasez de agua, del considerable número de enfermos con que sus entrepuentes estaban embarazados, y de la falta absoluta de medicinas, no hubo esfuerzo que no se hiciese para conservar y mantener el cabo de Finisterre, para poder verificar la reunión de las fuerzas navales del Ferrol; pero en este arriesgado y difícil oficio, el talento suele no alcanzar a vencer la contrariedad de los tiempos cuando se obstinan en presentar obstáculos; y puede estar persuadido V. E. que jamás escuadra los ha experimentado mayores que ésta en la campaña actual; tal fue nuestra situación hasta el 20 ó 21, que rolando los vientos al cuarto cuadrante nos pusimos en derrota para nuestro destino.../...

    Navío Argonauta, al ancla en el puerto de Vigo, a 28 de julio de 1805. — E. S. Federico Gravina. — E. S. B.° Fr. D. Francisco Gil y Lemus.»

En la latitud 43° 34 ' norte, longitud 16° 13 ' oeste, de París. 15 navíos de línea (cuatro de ellos poderosos tres puentes de 98 cañones), dos fragatas, un lugger y un cutter apenas se movían con la ligera brisa del noroeste a oeste, con frecuencia invisibles unos de otros a causa de una espesa niebla que varió desde una neblina a una niebla impenetrable, rota sólo de vez en cuando. El Capitán Cumming, mandando el navío en el que tenía la insignia el vicealmirante Robert Calder, el Prince of Wales de 98 cañones, registró su posición al sudeste de El Ferrol a aproximadamente 117 millas a las 11 aquella mañana, del 22 de julio de 1805. El mar estaba en calma, la insignia de Calder revolotea casi imperceptiblemente en el aire caliente, cuando vieron tres columnas de navíos al sudoeste, antes de que desaparecieran otra vez.

El Teniente General Don Federico Gravina, a bordo del Agonauta de 80 cañones y otros cinco navíos de línea españoles que formaban la vanguardia de los veinte barcos de la Flota Combinada franco española del Vicealmirante Villeneuve, fueron los primeros en ver la fuerza británica.

A ningún marinero le gusta la niebla y, a algunos al menos, esto debió haber sido bastante misterioso aquella mañana el ver las flotas fantasma acercarse unos a otros, las voces de miles de marineros en una docena de lenguas diferentes, gritando con excitación, debía ser algo fantasmagórico. Pero con las apariciones breves de unos y otros, era comprensible que cada bando sobrestimara al otro ligeramente, Gravina calculó en veintiuna velas al principio cuando ellos tenían veinte, contando las fragatas, el cutter y el lugger, y Calder creía que la fuerza de Villeneuve se componían de veinte navíos de línea, tres barcos de 50 cañones, cinco fragatas y tres bergantines cuando, de hecho, había siete fragatas en vez de navíos de 50 cañones.

'Inmediatamente anduvimos al encuentro del enemigo con mi escuadra', dijo Calder más tarde en su informe. Al mediodía el Prince of Wales izó la señal para prepararse para la batalla, cuando dos columnas fueron formadas, seguidos por la orden de formar en una sola línea de batalla. Esta orden con frecuencia tomaba muchas horas para ejecutarla con tales buques indóciles, fue completada a las 1.15 de la tarde cuando se izó otra señal para mantener el orden cercano. Finalmente el Defiance, que estaba a dos millas del enemigo, había vuelto a las 3 de la tarde para retomar su lugar en la línea. El Hero estaba ahora en primera posición, seguido por Ayax, Triumph, Barfleur, Agammenon, Windsor Castle, Defiance, Prince of Wales, Repulse, Raisonnable, Dragon, Glory, Warrior, Thunderer y Malta, todos navegando con las velas superiores solamente.

Mientras tanto, la flota de Villeneuve de veinte navíos de línea y siete fragatas, que habían estado viajando en tres columnas, había emitido señales similares, y había formado una línea de batalla inmensa virando en redondo en busca de la escuadra británica. La escuadrilla española del Teniente General Gravina, que se había encontrado en un principio en la retaguardia, se encontraba ahora en la vanguardia tras la virada, y eran los más cercanos al enemigo. Con el Argonauta como insignia de ellos, esta escuadrilla española la formaban además del buque de Gravina, el Terrible, América, España, San Rafael y Firme, seguidos por catorce barcos franceses - Pluton, Mont-Blanc, Atlas, Berwick, Neptune, Bucentaure (en el duodécimo lugar), Formidable, Intrépido, Scipion, Swiftsure, Indomptable, Aigle, Achille y Algesiras. A las 3.30 de la tarde la Flota Combinada, iba en línea bien formada, precedida por una fragata, mientras en retaguardia otra fragata remolcaba el mercante con el tesoro. Las cinco fragatas restantes formaron una segunda línea sobre el lado de barlovento por el centro. Las dos flotas estaban casi en paralelo, pero todavía aproximadamente a unas siete millas.

Estos grandes gigantes de madera se movían con mucha lentitud con la brisa leve al igual que una manada de elefantes, perezosamente paseando a través de alguna sabana inmensa. Claramente la carencia de un viento fuerte que pudiera permitir la buena maniobrabilidad, al igual que la pobre visibilidad, demostraba los problemas para las dos flotas para enfrentarse con sus líneas de batalla cerradas casi imperceptiblemente.

La distancia entre las dos flotas había disminuido, los bancos brumosos tendieron a espesarse, haciendo difícil, sino imposible, la visión de los movimientos de cada flota, ni siquiera al navío que tenían delante. A las 3.20 de la tarde Calder izó la señal de atacar al enemigo, seguido de otras órdenes como virar en dirección sur, y formar la línea de batalla ahora abierta y con la clara intención de cortar la línea de la combinada. Esto representaba un claro peligro para los franco españoles ya que se exponían a ser envueltos por los buques británicos y ser atacados en superioridad numérica, en un movimiento que era muy similar al que Nelson haría dos meses después en Trafalgar. Pero una hábil maniobra ordenada por Gravina, tras hablar con Escaño, hizo virar su buque por redondo, señalando que los demás navíos siguiesen sus aguas, y llevando su barco alrededor para proteger el flanco de la flota, incluyendo el mercante con el tesoro. Villeneuve también había ordenado previamente la orden de virar. La fragata británica Sirius, que iba tras la retaguardia de la Flota Combinada, intentando acercarse al mercante del tesoro, tuvo que desistir en su empeño tras la maniobra de la combinada y se retiró al salirle al paso el barco de Gravina, el Argonauta.

'Con una paciencia sumamente honorable del Almirante Gravina', escribió el historiador William James, ' el Argonauta pasó al lado de la fragata británica sin disparar, al igual que el Terrible y el América. Quedando esta a la altura del España'.

Cuando el barco británico que iba en la vanguardia de su línea, el Hero de 74 cañones se acercó a la línea española, a las 5.15 de la tarde, los barcos españoles izaron sus banderas de guerra y dispararon los primeros tiros de la batalla, el Argonauta de 80 cañones descerrajó una tremenda andanada en hilera al Hero causando un terrible daño, el España de 64 atacó a su vez a la fragata Sirius, causándole daños y bajas, haciendo que esta se refugiara a sotavento, al abrigo de su flota, para no volver a intervenir en la batalla.

En ese momento, desde el Prince of Wales, Calder emitió varias señales, para maniobrar su flota para atacar a los barcos franceses por el centro y atacarlos lo más estrechamente que fuera posible. Sin ordenes, sin embargo, el Hero en solitario viró, al comprobar que la Flota combinada había cambiado de dirección, después fue seguido por los demás barcos británicos, que en un diagrama habría mostrado a las dos flotas haciendo zigzag para permitirles acercar al uno y al otro en la misma dirección y no dejar atacarse en perpendicular o hilera. Una gran maniobra de Gravina, que no dejaba a los británicos conseguir su objetivo. De haber mantenido el Almirante español la línea de batalla hubiera sido cortado por los británicos, por lo tanto este actuó eficazmente.

Pero maniobrar aquellos grandes navíos de madera era un proceso incómodo, y esto ocurría a las 5.45 de la tarde, treinta minutos después de que el Hero hubiera virado y había comenzado a devolver el fuego del Argonauta, que el segundo barco británico, Ayax, habría seguido, pero entonces había abandonado la línea de batalla para informar al comandante del cambio de viraje. El Ayax entonces se dejó caer detrás del Glory, en el duodécimo lugar. El tiroteo ya era bastante general y a las 6 de la tarde todos los barcos británicos excepto el Dragon habían virado y atacaban al enemigo en clásica línea de batalla.

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Plano de los momentos inicales de la batalla, con el viraje del Hero. Mapa de la obra de William James.
Plano de los momentos inicales de la batalla, con el viraje del Hero. Mapa de la obra de William James.

La visibilidad, que había sido tan pobre que el Almirante Calder no había sido capaz de ver la virada del Hero, ahora había empeorado. En el más claro de las condiciones meteorológicas, sin ninguna neblina por pequeña que fuera, el humo producido por cientos de cañones de gran calibre generaba una nube intensa de humo, dando a los contrincantes una visibilidad de un par de cientos de metros a lo máximo. Hoy, sin embargo, a la niebla inicial se les añadió el humo de estos cañones, que hacian que sus objetivos fueran simples conjeturas de sus movimientos, a pesar de los destellos brillantes de sus cañones.

El caos fue pronto general y a veces causaba que varios barcos atacaran a un opositor solo. El Windsor Castle de tres cubiertas, de 98 cañones, bajo el mando del capitán Charles Boyles, sufrió esto en el lado inglés, como también le pasó a los españoles, y en particular al San Rafael de 80 cañones, al Firme de 74 cañones y al España de 64 cañones, que debido a los daños recibidos en la arboladura fueron cayendo a sotavento, hacia la línea británica.

La retaguardia de los navíos franceses no estuvieron directamente implicados en la batalla la mayor parte del tiempo, ya que la rígida disciplina de la línea de combate dejaba a la retaguardia francesa sin opositores con quien combatir. Si hubieran actuado con iniciativa, como Gravina, y hubieran salido de la línea de batalla, habrían podido hacer mucho daño al enemigo. Pero tras señalar a Villeneuve que no hacían fuego por no tener enemigo a su través, en vez de ordenar el almirante francés que la retaguardia envolviese a la retaguardia británica, les ordenó permanecer en sus puestos. De haber mandado a los buques franceses atacar a los británicos podían haber apresado o castigado sin ninguna duda al enemigo, y salvar así a la asfixiada vanguardia de la línea. Pero no se hizo nada y esto fue lo que le fue reprochado a Villeneuve posteriormente.

Tan aporreados estaban los navíos San Rafael y Firme (este con 35 muertos y 60 heridos, y con sólo el palo de trinquete) que cayeron a sotavento, en la línea de batalla británica, haciendo que los Británicos despiadadamente se ocuparon de ellos con múltiples fuerzas, con sólo otro navío, el francés Plutón de 74 cañones, intentando proteger a sus aliados españoles, hasta que terminó por irse. Los británicos dirían más tarde que la captura de los dos navíos españoles, que tan bravamente habían combatido, fue por pura casualidad al encontarlos en la niebla. El España caía también peligrosamente a sotavento y ahora estaba también bajo el fuego sumamente pesado británico y pudo ser salvado gracias a dos 74 cañones franceses, el Mont-Blanc y el Atlas.

Los seis barcos del General Gravina estaban en una situación desesperada ahora, cuatro de ellos mal dañados tras una eficaz lucha. El Firme y el San Rafael se encontraban a la deriva, sin posibilidad de gobierno alguno, pero los británicos, aun siendo claramente superiores en número, forzaron la rendición de los buques a base de artillería, no intentando abordarlos en ningún momento para no tener muchas más bajas propias.

Es curioso que la tan afamada rapidez en el disparo de los británicos no se hubiera notado mientras se había combatido en línea, y sólo cuando los dos navíos españoles cayeron en su línea, por la falta de maniobra, pudieron poner en práctica su táctica de combate preferida, atacar varios a un oponente a bocajarro, para aprovechar así la ventaja de las carronadas que en combate a distancia eran poco menos que inservibles. Decididamente esta era la ventaja de los británicos, mientras que la teórica rapidez de los artilleros británicos era algo difícil de creer. Si estos dos buques no hubieran caído a sotavento los británicos hubieran tenido un número de bajas y daños materiales muy parecidos a los franco españoles, lo que extraña esa supuesta ventaja artillera de los británicos de tres disparos suyos por cada uno de los aliados que se ha dado siempre.

A las 8 de la tarde con la niebla, la neblina y el humo que oscurecía el día, el navío Firme de treinta y cuatro años, sin palos y perfectamente desvalido, después de que una magnífica lucha, se rindió a los Británicos, seguido unos minutos más tarde por el San Rafael, viejo navío de de cincuenta y un años, que era igualmente desarbolado.

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Dibujos de elaboración propia en parte basados en los mapas aparecidos en el artículo sobre la batalla de Finisterre de la revista
Dibujos de elaboración propia en parte basados en los mapas aparecidos en el artículo sobre la batalla de Finisterre de la revista "La Aventura de la Historia". Las imágenes se ampliarán en una nueva ventana al pulsar sobre ellas.

Movimientos de acercamiento de ambas escuadras. Sobre las 14:40 horas.

La escuadra de Calder, con la fragata Sirius a la cabeza, se dirige a cortar la línea combinada, en un movimiento que recuerda al que varios meses después ejecutaría Nelson en Trafalgar, con lo cual se demuestra que este no inventó nada nuevo. En este caso no funcionó dicha maniobra porque Villeneuve ordenó virar por contramarcha a la vanguardia mandada por Gravina. Este, ya había previsto la maniobra con antelación y la había registrado así en el cuaderno de bitácora, tras haber consultado con Escaño, teniendo preparadas las banderas de señales para ordenar el viraje, ejecutándola con presteza el Argonauta. Al virar lo que se pretendía era evitar que Calder cortara la línea, quedándose a sotavento de la combinada.

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Situación a las 17:00 horas.

Viendo los británicos que la vanguardia de Gravina se colocaba a barlovento, y en una posición donde podía atacar a placer en perpendicular a los primeros navíos de Calder, el Hero sin poder consultar con su Almirante debido a la espesa niebla, decide correr en paralelo con la línea enemiga, abandonando la idea de cortar a los franco españoles porque corría el riesgo de ser a su vez cortada la británica. La fragata Sirius vira en sentido contrario para alejarse de la batalla por no poder oponer resistencia, tras recibir varias andanadas del España. El Argonauta, que había retenido el fuego, dejando pasar a la fragata británica, decide disparar contra un adversario de más entidad, descerrajando una terrible andanada en hilera al Hero, quien no puede contestar hasta ponerse en paralelo con el insignia de Gravina.

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Situación a las 17:30 horas.

Las dos escuadras están prácticamente en paralelo en su totalidad, excepto las últimas unidades de cada escuadra, pero el combate es ya generalizado. La espesa niebla no deja ver al enemigo y se dispara casi a bulto o a los resplandores de los cañonazos. Los británicos, a sotavento de la combinada, disparan por lo alto principalmente, empezando a dañar a varios navíos de la vanguardia seriamente, que poco a poco van derivando a sotavento al quedar sin maniobra. Los últimos 6 navíos de Villeneuve, todos franceses, se quedan sin enemigo a su través, por ser la línea combinada más larga que la británica debido al menor número de navíos de estos. Villeneuve, que sabe este dato por las señales que le hacen desde retaguardia, no ordena ninguna acción para que estos entren en combate de otra forma, como intentar doblar a la retaguardia británica y así atacarlos entre dos fuegos. En vez de eso ordena mantener la línea.

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Situación a las 20:00.

Tras más de tres horas sometidos a un intenso fuego el Firme y el San Rafael, navíos españoles de la vanguardia, han caído a sotavento entre la línea británica, ya que su arboladura se encuentra muy dañada y no han podido maniobrar para mantenerse en la línea de la combinada. Gravina, debido a la niebla, no se ha enterado de este grave hecho. El Pluton, navío francés que navegaba de matalote de popa del Firme sí se ha percatado de la situación y fuerza vela para tapar el hueco que han dejado los dos navíos españoles sotaventados para evitar un hipotético corte de la línea por los británicos. El Firme le hace señales para que acuda en su auxilio, pero el Pluton no las ve, o no quiere verlas, y sigue adelante, al igual que el resto de buques que pasan sin percatarse de los dos navíos, que ya se encuentran dentro de la línea enemiga. Los buques de Calder atacan con triples fuerzas a los solitarios buques y no tardan en rendirlos tras un gran destrozo y mortandad. En las tres horas que ha durado la batalla en paralelo en ningún momento Villeneuve ha ordenado a su inmaculada retaguardia atacar, a pesar de saber que no combatían por no tener enemigo a su través. La incompetencia demostrada en este acto hace que se pierda una oportunidad histórica y proporciona dos trofeos a los británicos, que no habían tenido tampoco ninguna actuación lúcida, o digna de elogio, en este combate a la vieja usanza. Seguramente este fue el último combate de la historia con las clásicas líneas paralelas entre dos escuadras.

A las 9.25 de la noche la flota de Calder, al igual que la de Villeneuve, estaban completamente dispersadas y desunidas, cuando la noche los envolvió. La flota británica aguantaba muy justamente a barlovento, apenas en el radio de disparo de sus opositores, el Windsor Castle "cojeó" por delante del Prince of Wales y fue tomado al remolque por el Dragon de 74 cañones. De hecho, a las 8.25 de la tarde, debido a la opacidad de la niebla, Calder había decidido emitir ' la señal privada de la noche ' a la flota para abandonar la acción. Sin embargo muchos de los navíos no la vieron o la oyeron y la lucha siguió durante una hora más. Calder entonces llevó sus barcos a un rumbo nuevo, hacia el sudoeste.

De los navíos británicos, el Windsor Castle había sufrido la peor parte. Había perdido su trinquete y una gran parte de sus vergas superiores, además de daños en el casco, alguno de los disparos cerca de la línea de flotación, a la lumbre del agua; después estaba el Agamemnon de 64 cañones, que también perdió un palo, y el Malta de 80 cañones, con el palo mayor y mesana muy dañados, mientras el Ayax de 74 cañones había perdido las vergas principales. Sorprendentemente, considerando la intensidad y la duración de la batalla, sólo 41 oficiales y hombres británicos murieron y otros 158 fueron heridos en el combate.

La flota combinada de Villeneuve sufrió más pesadamente, con dos barcos españoles completamente desarbolados y en manos británicas hacia el final del día, aunque sus captores rápidamente descubrieron que eran dos navíos sin ningún valor. El 31 de julio, después de haber sido escoltado por la flota más allá del alcance de la escuadrilla Rochefort, los dos barcos capturados fueron anclados en Plymouth. El San Rafael fue construido en La Habana en 1771, con 2130 toneladas, montaba sobre sus primeras y segundas cubiertas la misma fuerza nominal que un navío francés de 80 cañones (batería de 36 y 24 cañones), sobre su castillo y alcázar montaba 10 cañones de 8 libras (dos de ellos de cobre) y 10 obuses de 36 libras, y sobre su toldilla seis obuses de 24 libras, haciendo un total de 88 cañones (1); con un complemento, la mañana de la acción, de 800 hombres y muchachos, y 104 soldados (pertenecientes a la tropa de desembarco que la flota combinada transportaba). El Firme fue construido en Cádiz el año 1754, lo que le hacía ser un viejo barco con demasiados años de servicio, pesaba 1805 toneladas y que de no haber sido capturado seguramente tendría que ser desguazado debido a su mal estado. Ni el San Rafael ni el Firme pudieron ser utilizados por la Royal Navy más que como pontones de prisioneros, por lo tanto el valor de las presas era muy exiguo que no compensaban al Almirantazgo inglés el haberse retirado de la batalla sin "sacar" algo más.

Otros cinco navíos (incluida una fragata) fueron dañados, la mayor parte de ellos habiendo perdido al menos una verga o mástil, que más adelante fueron puestos en dique seco para su reparación, manteniéndolos fuera de servicio en algunos casos durante varios meses. La Flota Combinada franco española perdió a 149 oficiales y hombres muertos y 327 heridos, siendo la mayor parte de los dos navíos españoles capturados. Aproximadamente 1.200 hombres fueron hechos prisioneros por los Británicos, también provenientes de los navíos capturados. Sólo tres de los dieciséis barcos franceses habían luchado con distinción, el Mont-Blanc, el Atlas y el Pluton, los cuales contabilizaban la mayoría de las bajas francesas. En cuanto al buque insignia del Vicealmirante Villeneuve, el Bucentaure, como la mayor parte de los barcos franceses restantes, vio muy poca acción y solamente contabilizó 10 bajas. Cuatro buques franceses de la retaguardia ni siquiera llegaron a tener bajas.

Los españoles habían demostrado ser hombres muy valientes en verdad, sus seis barcos atacaron la línea británica de quince navíos, ellos solos, los dos barcos apresados tuvieron una destacada acción, soportando estoicamente un daño excesivo. El almirante Calder había ganado simplemente porque había conseguido capturar dos barcos enemigos, pero de no haberlo conseguido estaríamos hablando claramente, a lo mejor no de una victoria de la combinada, pero sí de un serio revés británico.

Los españoles debían en parte su gran comportamiento de sus dotaciones al comandante principal de los Tercios Navales don Antonio de Escaño, uno de nuestros mejores marinos y más queridos por sus hombres, quien antes de partir la escuadra combinada se preocupó de pedir 1.500 hombres de matrícula (marineros profesionales) para completar la escuadra española y se preocupó de que Godoy estuviera al corriente en los pagos a las mujeres de dichos marinos mientras estaban fuera. Esta fue una de las principales causas por la que los marineros profesionales no se enrolaban en los barcos españoles, la falta de pagas que hacían vivir en auténticas penurias a las familias de los marinos que se encontraban lejos embarcados. En esta ocasión la labor de Escaño sirvió para que se pagaran a estos hombres. como también fue providencial la mano de este hombre en el pronto adiestramiento continuo de las levas que embarcaron, aunque el conjunto de las tripulaciones españolas y francesas llegaron al combate tras un periplo que las dejó agotadas y muchos de ellos enfermos, pero aun así cumplieron con creces con su deber. También se notó la experiencia de navegar varios meses sin interrupción, donde se pudieron adiestrar las tripulaciones, tanto en el disparo, como en la navegación.

Al amanecer del 23 de julio, los contendientes permanecieron sobre la misma posición que el día antes, aunque en vez de enfrentarse, cada lado estuvo apartado, Calder incluso maniobró su flota para evitar un segundo combate. De hecho, Calder rechazó atacar el 24 también, aunque hubo un cambio beneficioso en los vientos. Calder, en palabras de William James (2), 'ni atacaría, ni se retiraría'; en verdad, estaba más preocupado en escoltar al tullido Windsor Castle y sus dos viejas presas españolas más allá del alcance del peligro, que renovar la acción. El 25 de julio las dos flotas enemigas, ahora con muchas millas separadas, dejaron de verse y acabaron yendo en direcciones diferentes.

El Consejo del Almirantazgo debió aceptar esto como una humillación, y Robert Calder - tan vehemente en su discurso, pero tan haragán en la acción - tuvo que aceptar una investigación sobre su comportamiento. Los franceses no se molestaron en hacer lo mismo, sin embargo, sino el Vicealmirante Villeneuve no habría estado al mando en Trafalgar varios meses más tarde.

Gravina, por contra, había demostrado ser un gran marino que no tenía nada que envidiar a sus colegas británicos, maniobrando sus buques de forma eficaz y demostrando gran arrojo. Gravina había sido siempre un Almirante "agresivo" pero cuando se encontraba subordinado a las órdenes de otro Almirante (como le pasó con Villeneuve en Trafalgar) su alto concepto del honor y el deber le obligaba a "bloquear" su iniciativa y atenerse al plan general de batalla, aunque en el caso de Finisterre no ocurrió y podemos suponer que hubiera actuado de la misma forma que con Calder frente a Nelson, de haber tenido libertad de acción desde el principio de la batalla de Trafalgar. Calder, en su informe, daría cuenta de este hecho, que el General español era letal en combate, y que por tanto se debían adoptar las oportunas medidas en cuanto se presentara batalla contra él. Cosa que intentaron en Trafalgar, cuando su buque el Príncipe de Asturias fue atacado en sucesivos momentos por varias unidades británicas a la vez, sin conseguir nunca su rendición.

El informe de Villeneuve sobre la batalla era en verdad muy incompleto, más típico de una evaluación diplomática que de un sumario naval de acontecimientos, deliberadamente dando poca indicación de los verdaderos papeles que él, Gravina y sus flotas habían jugado. En verdad, Villeneuve intencionadamente deformó la situación ocultando el hecho que los seis navíos de Gravina llevaron la iniciativa en la batalla, la mayor parte de la lucha, corrió los mayores riesgos e incurrieron en el mayor número de víctimas, y no digamos una mayor parte del daño de la Flota Combinada.

Tampoco Villeneuve declaró, o hizo alusión, que la escuadrilla de Gravina había infligido el mayor daño a la flota de Calder. De la misma manera no logró mencionar que sólo tres barcos franceses (de catorce) hicieron una verdadera tentativa de entrar en la lucha y ayudar a los españoles asediados, y que él, el Comandante en jefe, no estuvo en ningún momento en situación de peligro. Ni una sola vez elogia el distinguido papel del Teniente General Gravina en los acontecimientos del día, a los que Villeneuve permaneció meramente como testigo presencial de los mismos. El terror que le inspiraba Napoleón y las posibles consecuencias que le podía acarrear el combate, le hacía tergiversar los hechos para intentar justificar su deplorable comportamiento.

En su informe al Almirante 'Decraise' (nunca pronunciaba el nombre de Decres correctamente) del 28 de julio, Gravina informó que:

  • 'la lucha comenzó muy bien, la vanguardia (consistiendo en mis buques) y algunos navíos de la retaguardia lucharon al Enemigo con el mayor Coraje, pero entonces una niebla espesa y la noche que cayeron sobre nosotros paralizó nuestras operaciones, al grado que nosotros no podíamos distinguir señales o movimientos y es por eso que no fui capaz de ver (hasta que al día siguiente) que nosotros habíamos perdido al San Rafael y Firme '.

En un segundo informe al primer ministro Godoy, Gravina reconoció que ' el fuego era siempre muy animado y sostenido ' sólo terminando alrededor de las 9 de la noche ' cuando el enemigo se retiró de la lucha '. Aquella noche Villeneuve había hecho lanzar cohetes cada media hora para intentar localizar su flota, y darles su posición, pero fueron dispersados unas millas y la niebla permaneció casi impenetrable. Al día siguiente, prosigue, ' era todavía muy brumoso cuando comprendimos que nos faltaban dos barcos de mi escuadrilla '. Gravina añadió que el 23 de julio, 'seguimos persiguiéndolos todo el día, aunque con poco efecto, porque el enemigo al instante maniobraba para evitar un segundo combate... La misma situación se repitió el 24, ' mientras sobre el 25, ' bajo mar gruesa perdimos de vista al enemigo ' y se dirigieron a Vigo.

El 25 de julio Villeneuve tomó una decisión:

  • 'como parece no haber ningún cambio en el tiempo, y con el temor de desarbolar varios de mis navíos en cualquier momento, en particular aquellos que pesadamente fueron dañados durante la batalla, y como varios de nuestros navíos requieren de reparación también, después de haber consultado con el Almirante Gravina, he decidido ir a Cádiz'.

Curioso que el almirante francés consultase a Gravina si atacar o no a Calder, cuando en plena batalla había permanecido impasible mientras la línea combinada había pasado por los dos buques apresados sin hacer nada, sabiendo que su retaguardia le indicaba que no tenía con quien luchar y obligándolos a permanecer impasibles. No era lógico que quisiera ahora consultar si se podía combatir, teniendo unos cuantos buques dañados. Parece, por tanto, que hablaba de "cara a la galería" para cubrirse las espaldas. Algo parecido le haría de nuevo a Gravina poco antes de Trafalgar, en aquel famoso consejo de guerra con varios altos oficiales franceses y españoles, en los que el General español convenció a Villeneuve para no salir de Cádiz, pues se preveía la tragedia. Villeneuve aceptaría las alegaciones de Gravina sólo para que constase en acta que sino salían a combatir era porque lo había aconsejado el español.

Pero los vientos contrarios entonces hacen que ir a Cádiz sea imposible, y se decide cambiar de rumbo a Ferrol, a sólo quince millas de distancia. Cuando hasta este rumbo no fue factible, ya que las exigencias de su flota requerían ir a el primer puerto posible, fueron entonces a Vigo.

Gravina informó también a Decres:

  • "aunque yo me encontraba en la línea como Almirante eso no me impidió ordenar mis naves para formar la vanguardia ni de tomar la posición de primacía personal en esa línea durante la lucha, como si yo fuera un capitán corriente.".

Cuando Napoleón averiguó la verdad dijo:

  • "ese condenado Gravina es todo un genio en batalla. ..si Villeneuve tuviera esas cualidades... ¿Cómo tiene el valor de quejarse de los españoles? ¡Ellos han luchado como leones!".

Para los españoles el comportamiento de los franceses los habían decepcionado profundamente. El normalmente servicial Gravina se quejó ante el Primer Ministro Godoy. Al menos en Trafalgar se consiguió que los franceses navegaran entremezclados con los barcos españoles, para evitar otra situación como la de Finisterre.

En defensa de Calder (no merece siquiera intentar defender el comportamiento patético de Villeneuve) este argumentó que temió que la flota de Villeneuve se uniera con otras escuadrillas francesas - incluido los cinco barcos del Capitán Allemand (3) (que estaban cerca) y los quince navíos del Ferrol que lo habría puesto en una mayor desventaja. Pero el señor Calder estuvo claramente más interesado en la protección de sus propios barcos dañados y cuidar sus dos presas españolas, que atacar al enemigo un segunda vez y deliberadamente se retiró varias millas de distancia, permaneciendo dentro de la vista de la flota franco española.

El fracaso de Calder fue no reasumir la batalla el 23 y 24 de julio, lo que le ocasionó una severa reprimenda de un consejo de guerra en diciembre. Para el Almirantazgo inglés, dejar escapar a Villeneuve con la mayoría de sus fuerzas era algo que se debía haber evitado a toda costa, ya que la amenaza de invasión seguía latente. El Almirantazgo británico buscaba una batalla definitiva, de exterminio de la mayor parte de las unidades enemigas y frustrar de una vez por todas el pretendido plan de Napoleón. Acabar con una mayoría de buques hubiera sido la solución, pero esto no pasó en Finisterre, por tanto Calder les había fallado. Agravado, además, porque la flota británica rechazó reanudar el combate repetidamente cuando los aliados buscaron el enfrentamiento al día siguiente.

El 25 de julio de 1805 la situación de Villeneuve se deterioraba rápidamente, debido al combate y la disminución del alimento y provisiones, agravadas por un número considerable de heridos a bordo - por no mencionar el estado trastornado de su mente que su correspondencia debía revelar en el futuro- llegando a la bahía de Vigo el 27 de julio, donde tras un breve tiempo y dejando dos barcos muy dañados antes de ir a Ferrol el 31 de julio. Gravina sólo podría salir a navegar de nuevo con el Argonauta (que finalmente había perdido el palo de mesana y que se había cambiado junto con el tajamar que ya venía dañado de las Antillas) y el Terrible, mientras que el América y el España no se encontraban en condiciones de navegar. La penosa travesía desde las Antillas y la batalla habían dejado a estos dos buques en malas condiciones, por lo que se dejaron en el Ferrol para su reparación.

Calder mientras tanto navegó con sus dos capturas y el dañado Windsor Castle hasta que el 26 de julio los envió bajo escolta a Plymouth mientras él, con su catorce navíos restantes, regresó a el Cabo Finisterre donde esperó a unirse a Nelson. Al no encontrarlo allí siguió adelante para Ferrol el 29 de julio para reasumir sus deberes de bloqueo, de mala gana, mandando a Inglaterra el navío Malta, que también había sufrido un daño considerable y no estaba en buenas condiciones.

El 2 de agosto, se separó el Contralmirante Stirling y sus cuatro navíos, que debían seguir con su misión de interceptar al escuadrón de Allemand, dejando a Calder en una situación incómoda, teniendo sólo nueve navíos de línea cerca de un puerto principal enemigo. Para su consternación, volviendo a Ferrol el 9 de agosto, después de que una tormenta lo había hecho alejar a alta mar, se encontró a la Flota Combinada de Villeneuve protegida dentro del puerto, a la que se le había unido las escuadrillas de los Contralmirantes Grandallana y Gourdon, ahora dándolos una fuerza de veintinueve navíos (aunque sólo veintisiete estuvieran preparados). ' En este estado ' comentó William James:' Calder, con sus nueve navíos de línea abandonó el bloqueo y sobre el 14 de agosto se unió al Almirante Cornwallis en Ushant. '

  • Notas
  • (1) El sistema nominal de 80 cañones o 74 no contaba el uso de las carronadas u obuses, es por ello que todos los barcos llevaban más artillería de la que oficialmente se decía. William James en sus notas sobre esta batalla, de donde se han sacado los datos de artillería, da como carronadas los obuses del San Rafael, pero no hay constancia de que la Real Armada usara este tipo de cañón en los navíos de forma masiva, aunque sí ocasionalmente y siempre en pequeño número. Precisamente uno de los navíos que si llevaba carronadas en esta batalla era el "España". Según los estados de fuerza de los navíos españoles la mayoría portaban obuses de diferentes calibres.
  • (2) Wiliam James era un historiador británico del siglo XIX, autor de la célebre obra "Historia naval de la Gran Bretaña".
  • (3) El Contralmirante Allemand estaba al mando del escuadrón Roquefort, compuesto por el insignia Majesteux de 120 cañones , y los navíos de 74 cañones Jemmapes, Lion, Suffren, y Magnanime, además de las fragatas Armide, Gloire y Thetis y los bergantines Sylphe y Palinure, y que tenían por misión atacar el comercio marítimo británico, sobre todo en el Mediterráneo, donde causaron verdaderos estragos. Entre sus azañas esta la destrucción de la balandra inglesa Ranger (18) el día 17, apenas la escuadra escapó de Rochefort y al poco tiempo el apresamiento del East Indiamen Calcutta (56) que protegía un convoy. Cuando Allemand regresó tenía a bordo de sus buques 1.200 prisioneros ingleses de los dos buques arriba mencionados, un cutter y 43 mercantes en su increíble "crucero" que había durado 161 días.
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Mandos de la Escuadra Combinada franco-española (en orden de combate)

(Datos de Juan Ramón Viana Villavicencio)

Españoles:

- Argonauta, buque insignia del Teniente General D. Federico de Gravina, capitán de bandera D. Rafael de Hore y armado con 80 cañones.

- Terrible de 74 cañones, Comandante D. Francisco Vázquez de Mondragón

- España al mando de D. Bernardo Muñoz y artillado con 64 piezas

- América también de 64 cañones mandado por D. Juan Darrac

- San Rafael de 80 cañones a las ordenes de D. Francisco de Montes

- Firme de 74 cañones mandado por Rafael de Villavicencio

Franceses:

- Plutón de 74 cañones mandado por Ms. Cosma

- Mont Blanc también de 74 cañones y mandado por Lavillegris

- Atlas de 74

- Berwick de 74 al mando del Comandante Camas.

- Neptune de 80 cañones mandado por Maistral

- Bucentaure también de 80 cañones y mandado por Magendie y en este último la insignia del Comandante General de la escuadra combinada el Vicealmirante Villeneuve.

La insignia del Contralmirante Dumanoir se enarbolaba en el navío de 80 cañones Formidable, Comandante Letelleir.

Estaban armados con 74 cañones los navíos Intrepide, Comandante Infernet; Scipion, Comandante Berenguer y Swiftsure, Comandante Villemadrin. Tenia 80 cañones el Indomptable mandado por M. Hubert; y cerraban la línea los tres navíos de 74, Aigle, Algesiras (insignia del Contralmirante Magon) y Achilles, mandados por los Comandantes Currege, Brouard y De Nieuport.

Otros buques menores de la escuadra combinada (todos franceses):

Fragatas

- Hortense, Comandante Lameillerie

- Hermione, Comandante Mahé

- Cornelie, Comandante Martinencq

- Didon, Comandante Milius

- Rhin, Comandante Infernet

- Sirene, Comandante Chabert

- Themis, Comandante Jugan

Bergantines

- Furet, Comandante Demay

- Argus, Comandante Taillard

- Observateur

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TEXTO EXTRAÍDO DEL SITIO: https://www.todoababor.es/articulos/finisterre.htm

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