MedicinaOmar López Mato | París | médico | Papa | oftalmólogo

Juan XXI, el Papa médico

En su libro "Tesoro de los pobres", el sumo pontífice, quien también era médico, recomendaba recetas para aumentar el placer sexual y se se explayaba sobre métodos contraceptivos pre- y postcoitales.

Hoy, que tenemos un Papa argentino, quiero recordarles que también hubo un Papa médico. Efectivamente, era un sacerdote que, antes de acceder al trono de San Pedro, ejerció como médico, especializado en las enfermedades de los ojos. Nos referimos a Pedro Julião, nacido en Lisboa en 1215. No solo fue el único Papa oftalmólogo, sino también el único de origen portugués en ser ungido Papa. Justamente, por su origen, se lo conocía como Petrus Lusitanus.

Hijo de un médico de noble ascendencia, Pedro estudió en Lisboa y en la Universidad de París, bajo la conducción de Alberto Magno, uno de los grandes teólogos de todos los tiempos, donde se adentró en los conocimientos tanto médicos como teológicos.

Entre 1245 y 1250 enseñó en la Universidad de Siena, ciudad en la que se hizo conocido por la autoría de la Summa Logicales, usado como libro de lógica aristotélica durante los siguientes 500 años.

En 1261 se inició como diácono de la Catedral del Lisboa, donde conoció al Papa Gregorio X, quien lo nombró médico de la Corte del Santo Padre. En tal condición volvió a Roma. Por entonces publicó un libro de medicina llamado Thesaurus pauperium (algo así como un Tesoro de los pobres), donde se explayaba sobre métodos contraceptivos pre- y postcoitales. El libro fue de enorme aceptación entre las personas de escasos recursos y bastante efectivo para la época. En realidad, y vistas técnicamente algunas de sus propuestas, los tratamientos recomendados eran francamente abortivos.

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Como habíamos dicho, Pedro también se explayó sobre la oftalmología en Liber de Oculo, un tratado sobre higiene ocular. En este texto hablaba de “la dureza” del ojo, adelantándose al concepto de glaucoma o de hipertensión ocular.

En realidad este libro es un cut and paste (corte y pega) del libro de Alí Ebu Isa y del Practica Oculorum, de Benevenutus Grassus, los dos textos donde se condensaban los conocimientos de oftalmología desde los griegos hasta los tiempos de Petrus Lusitanus. Al parecer, copiarse de textos previos o plagiarlos lisa y llanamente era para Petrus solo un pecado venial.

Pedro continuó su carrera eclesiástica como Arzobispo de Braga, cardenal y finalmente accedió al trono de San Pedro en 1276. Por entonces era Obispo de Tusculum. Lamentablemente, su reinado fue breve: tan solo ocho meses. Pero estos fueron ocho largos y difíciles meses, a lo largo de los cuales debió concentrarse sobre los delicados asuntos de la Iglesia, envuelta en conflictos con el rey de Sicilia, Rodolfo de Hapsburg. También debió lidiar con el Concilio de Lyon y organizar la próxima cruzada contra los sarracenos, que habría de ser conducida por Felipe III de Francia en persona. Quizás el tema que más le importó a Juan XXI fue la unificación de la Iglesia de Oriente y Occidente. Un sínodo realizado en Constantinopla durante el mes de Abril de 1277 bajo la presidencia de Juan Beccus reconoció la supremacía del Papa. Roma sería una vez más el centro de la cristiandad. Lamentablemente, para cuando llegó el enviado desde Constantinopla a entrevistar a Juan XXI, este había muerto. Resulta que, para continuar con sus estudios científicos, Juan había hecho construir un apartamento en Siena, donde se retiraba a meditar sobre el hombre y su condición, atrapado entre la lógica y la irracionalidad que le tocaba vivir día a día, con respuestas airadas de los monarcas europeos y con los planteos de una grey problemática e indócil. Mientras dormía en su apartamento, el techo colapsó, y Juan XXI terminó sus días a causa de las heridas recibidas, después de una larga agonía. ¿Acaso fue este un accidente premeditado? Juan XXI fue uno de los diez Papas que murieron violentamente.

Como corolario de su carrera, el Dante incluye a Juan XXI en la Divina Comedia como el único Sumo Pontífice que vive en el Paraíso.

Un último detalle: no existió un Papa Juan XX. Probablemente el error numérico se haya debido a la exclusión del Juan VIII, considerado un antipapa. Juan XXI, de esta forma, pasó a ser un adelantado a su tiempo, en espíritu, en conocimientos y cronológicamente.

Texto del libro IATROS, de Omar López Mato. Disponible en librerías y AQUÍ.

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