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Juan Verdaguer

Juan Verdaguer fue un humorista y actor uruguayo residente en Argentina, que tuvo una destacada actuación en los escenarios de América Latina, nació en Montevideo el 30 de julio de 1915. Es considerado como el mejor autor de chistes de salón.

Hijo de una familia de artistas, Verdaguer se caracterizó por la seriedad con que contaba los chistes y por utilizar las figuras de la esposa y la suegra como protagonistas.

Inició su trayectoria a los 12 años en un circo, donde se destacó como malabarista y violinista. Años después, ya en Buenos Aires, su desempeño en el teatro de revistas le permitió ganar popularidad en la céntrica avenida Corrientes y luego saltar al cine y a la televisión para su consagración definitiva.

Verdaguer intervino en ocho películas. La primera fue «Locuras, tiros y mambo», comedia musical de 1951 con los Cinco Grandes del Buen Humor. Seis años después sobresalió como actor dramático en «Rosaura a las diez», sobre novela de Marco Denevi.

Pero enseguida llegaron las comedias «La Herencia» -en la que participó con Natán Pinzón y el principiante Alberto Olmedo- y «Cleopatra era cándida», coprotagonista con Niní Marshall.

Con el humor pasó por innumerables revistas y se mantuvo en televisión diez años seguidos (1960/1970) para proyectarse como uno de los grandes contadores de chistes. Su última actuación fue en la ciudad bonaerense de San Nicolás.

SU ESTILO DE HACER REIR

Cuando se le preguntaba por su estilo de humor, su respuesta favorita era: «Asaltan a un hombre y lo dejan completamente desnudo, eso es comicidad. En cambio, si lo dejan en camiseta y calzoncillos, es humorismo. Yo hago humorismo, porque prefiero que la gente se quede, por lo menos, en ropa interior».

En entrevista al diario Clarín, a principios de 2000, Verdaguer se definió «como un monologuista. A veces hago diálogos, generalmente con vedettes, a quienes elijo como contrafigura: son más altas que yo y muy voluminosas».

Pero sus chistes no eran todo, ya que también tenía una puesta en escena característica: con una mano en el bolsillo, hablando casi de costado y una cadencia al decir que marcaba un ritmo muy particular.

«El Señor del Humor», como se lo conocía en el ambiente, había debutado en 1932 en un circo y actuó en él durante varios años para luego, como comediante, presentarse en México, Estados Unidos, Colombia y España, entre otros países.

EL VIOLIN

Recorrió América con esa exótica y arriesgada habilidad para permanecer durante horas en el último travesaño de una escalera de cinco metros de alto y una sola hoja. «Para hacer esta prueba no debo comer. Y para poder comer debo hacer esta prueba», evocaba con su cinismo sarcástico. Ese número, que completaba tocando con su violín las Czardas, de Monti o La cumparsita, se lo enseñó su madre. «El violín me salvó de muchísimas situaciones porque al principio tenía que empeñarlo seguido. Tantas veces que el hijo del prestamista tocaba mejor que yo».

En los grandes casinos cariocas de Brasil, adaptó su número al estilo elegante de los night clubs. Allí desconcertaba al público: vestido de frac y violín en mano, hablaba de cualquier cosa con la actitud de quien en cualquier momento se larga a tocar el instrumento. Pero exclamaba, muy serio: «¡Cómo me gustaría saber tocar el violín!» y desaparecía. Las carcajadas de la gente estallaban.

En el 42 llegó a Nueva Orleáns, Estados Unidos, a bordo de un tren carguero y enseguida se ganó su espacio en los incontables varietés que funcionaban en los pueblos de la periferia. Y, aunque en la década del 50 llegó la televisión y se esfumó el ochenta por ciento de los vodeviles, a Verdaguer lo salvó del desempleo la originalidad de su número de la escalera. «Sí, fue como una bomba, pero tuve suerte y seguí trabajando».

Sin embargo, una noche —mientras tocaba Me vuelves loco— se le rompió una cuerda del violin. «Y paré. Y la orquesta también paró. Y los mozos pararon de servir. Y la gente paró de comer. Miré al público y comenté muy serio: mi madre me advirtió que algún día me iba a ocurrir esto». Tras unos segundos de silencio, la gente se largó a reir. «Ustedes no se reirían tanto si supieran que solamente hace tres días que estoy haciendo esta prueba», remató. Allí, imprevistamente, nació el comediante que hasta tuvo su participación en el famoso Show de Ed Sullivan, de la televisión norteamericana.

SU MUERTE

Juan Verdaguer. Alguien dijo que tenía algo de Buster Keaton por el humor, la figura menuda, su impasible cara de póquer y sus orejas satánicas terminadas en punta. Bajo su caparazón casi protocolar de indumentaria de etiqueta, se escondía la desopilante, melancólica y romántica condición del payaso.

Juan Verdaguer murió el martes 14 de mayo de 2001 a los 85 años de edad, víctima de un ataque cardíaco, en su domicilio de Buenos Aires. En los últimos meses había tenido serias complicaciones de salud y «no quería levantarse de la cama», dijo un familiar.

Una gran legión de amistades y admiradores despidieron sus restos que serían trasladados al cementerio porteño de La Chacarita, donde fueron depositados en el Panteón de la Asociación Argentina de Actores; 2s 2 #282.

ALGUNOS BREVES CHISTES AL ESTILO VERDAGUER

** Está probado que en USA un hombre es atropellado cada tres minutos. No me explico el aguante de ese hombre.

** El otro día fui a un siquiatra. Me pidió 1.000 pesos adelantados. Yo le dije: «Doctor, es mi problema el que vengo a resolver, no el suyo”.

** Mi hijo mayor tiene 62 años, en cualquier momento me pasa.

Desde entonces ni el mundo, ni el hombre, ni Dios tuvieron más descanso….

** Mi esposa y yo tenemos el secreto para un matrimonio feliz: dos veces a la semana vamos a un restaurante y disfrutamos de una rica comida y un buen vino. Ella va los martes y yo, los viernes.

** Yo me casé con doña «Tengo Razón».. Solo que no sabía que su segundo apellido era «Siempre» .

** El matrimonio es una relación entre dos personas, en la que una siempre tiene razón y la otra es el marido.

** Tengo que admitir que nuestra última discusión fue culpa mía. Cuando ella me preguntó: «¿Qué estás viendo en la tele….?» Yo le contesté: -«Bastante polvo. Deberías limpiar…»

** Siempre que salimos mi mujer y yo, caminamos tomados de la mano … Si la suelto, se pone a comprar…

** Ella tiene una batidora eléctrica, una tostadora eléctrica, una máquina de hacer pan eléctrica…Un día me dijo:»Caramba, tenemos un montón de aparatos eléctricos y no tenemos nada para sentarnos”…. Pensé en comprarle una silla eléctrica, pero me contuve…es la madre de mis hijos./EL EDITOR/SECCION: DONDE DESCANSAN LOS FAMOSOS.

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