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Juan Apóstol Martínez

Oficial sanmartiniano, hizo junto al general toda la campaña. Fue uno de los primeros en entrar a Lima. Desgraciadamente fue víctima de la guerra fratricida. Oribe, su amigo de la infancia, ordenó el degüello de este héroe.

Se inició en la carrera de las armas con motivo de las Invasiones Inglesas, en 1806. Después de la Revolución de Mayo fue reconocido en febrero de 1811, como alférez de artillería. Luego se incorporó a las fuerzas que luchaban en la Banda Oriental, a las órdenes de Artigas. Asistió a la batalla de Las Piedras y formó parte posteriormente del ejército sitiador de Montevideo, hasta que fuera levantado el asedio en 1811.

Nuevamente participó con las tropas del cerco de Montevideo en 1812; actuó en la batalla del Cerrito, y continuó allí hasta la capitulación de dicha plaza, el 23 de junio de 1814, recibiendo el escudo de honor que correspondía a los vencedores. Atento a sus méritos, ascendió al grado de teniente 1ero.

Aislado en el ejército de los Andes, marchó al cuerpo que se estaba organizando en el campamento del Plumerillo, en Mendoza, por el coronel Las Heras, y con él, se halló en el pasaje de la cordillera, en 1817, y en la batalla de Chacabuco. Hito de la campaña del sur de Chile, en cuyo transcurso participó en el encuentro de Curapaligüe y en Cerrito del Gavilán, Carampagüé, donde tuvo una destacada actuación y a la toma de los fuertes de Arauco.

Estuvo en el asalto de la Plaza de Talcahuano; luego en Cancha Rayada y Maipú. Persistió tenazmente con una partida al general Osorio, sin darle alcance.

Solicitó y obtuvo su separación del servicio en 1819, pero reincorporado hizo la campaña libertadora del Perú, batiéndose con singular bravura en todos los encuentros en que tomó parte.

El 12 de diciembre de 1821, fue ascendido a sargento mayor graduado, y en julio de 1822 recibió la efectividad del empleo en el Regimiento de Granaderos a Caballo. Intervino en la famosa Campaña de Puertos Intermedios, bajo el mando del general Alvarado, asistiendo a las derrotas de Torata y Moquehua, en 1823. Su actuación le valió el ascenso a teniente coronel.

En 11 de noviembre de 1824, fue nombrado comandante del escuadrón del Regimiento “Húsares de Buenos Aires”, destacado en El Salto.

En enero de 1827, se le designó jefe de la isla Martín García, en tal carácter, embarcó en la escuadra mandada por el almirante Brown. Participó en el combate naval de Juncal, en el mismo año, en que diósele la efectividad de coronel de caballería. Además, acompañó a Brown en Los Pozos.

En 1828, fue destinado al ejército de la Banda Oriental, pero no cubrió su cargo, a raíz del motín del 1ero. de diciembre.

Se halló con las fuerzas de Lavalle en el Combate de Navarro, y luego lo secundó en su campaña al norte de la provincia de Buenos Aires contra Rosas y López. Intervino en el combate del Puente de Márquez.

Asistió a la entrevista que tuvo el general Lavalle con Rosas, el 24 de agosto de 1829, en Barracas, donde se ajustó al Convención que motivó el alejamiento del primero.

Emigrado al Estado Oriental, en octubre de 1830, acompañó a Lavalle en su tentativa de colocar en el gobierno de Entre Ríos al general López Jordán.

De nuevo en la Banda Oriental, intervino en la lucha sostenida por el general Rivera contra el presidente Oribe, de 1836 a 1838, alcanzando el grado de general sobre el campo de batalla del Palmar, el 15 de junio del último año.

En 1939, se embarcó en Montevideo para asistir a la Revolución del Sud de Buenos Aires. el fracaso de la misma le hizo regresar a la Banda Oriental. Entonces se incorporó al Ejército de Reserva que mandaba el general Paz. Comandó la columna que se desprendió para ocupar la bajada. A raíz de la desinteligencia sobrevenida entre el gobernador Ferré y aquél, se trasladó a la provincia de Santa Fe para ayudar a Juan Pablo López a defenderla contra Oribe.

Perdido por circunstancias del tiempo, chocó contra las fuerzas de vanguardia de los invasores, y fue tomado prisionero. Llevado ante la presencia de Oribe, que había sido compañero y amigo de infancia, ordenó su degüello, el 20 de abril de 1842, cuando contaba 50 años de edad. Este lamentable hecho ocurrió en Colastiné, y la cabeza de Martínez fue expuesta en una pica a la expectación pública.

Sus restos fueron trasladados a Buenos Aires, a bordo de la cañonera “Paraná”, en 1848, siendo inhumados en el Cementerio de la Recoleta. Luego fueron transportados a su provincia de origen, con los honores correspondientes en septiembre de 1928. Sus cenizas descansan en la Iglesia matriz de Santa Fe.

El general Tomás de Iriarte, en 1840, escribió una biografía de este eximio guerrero. El general Miller, en sus Memorias, dice que era un oficial muy bizarro y buen compañero, pero de carácter raro y original; muy bromista y conserva el odio inveterado a los españoles. Andrés lamas siendo Auditor del Ejército Constitucional de Rivera, produjo un extenso informe sobre su personalidad.

Su muerte mereció el más franco repudio del general Paz, en sus Memorias. Fue un militar valiente; recibió la Medalla del Ejército de Los Andes y la Orden del Sol, instituida por el general San Martín. Este dijo que “era un pero rabioso a quien era preciso tener atado hasta el día del combate. Pero si en guarnición era insoportable, en el campo de batalla no conocía rivales; famoso guerrillero, ha hecho hazañas que sobrepasan toda ponderación. La misma excentricidad de su carácter le daba el arrojo de un furioso”.

Dejó escrita una pequeña autobiografía que se conserva en poder de sus deudos.

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