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José Rondeau

Los próceres no solo son los que ganan las batallas, si no los que saben asumir las derrotas. Rondeau contó en su vida con más derrotas que victorias, y sin embargo fue respetado en vida por sus amigos y aun por sus enemigos.

José Rondeau nació en Buenos Aires, el 4 de marzo de 1775. Cuando contaba con corta edad, fue llevado a Montevideo, donde su padre, Juan Rondeau fijó su residencia. En esa ciudad inició los estudios primarios, y luego inició los de teología hasta 2do. Año, pero los abandonó.

Emprendió la carrera militar como cadete del Regimiento de Infantería de Buenos Aires, el 29 de agosto de 1793. Fue promovido a alférez del Regimiento de Blandengues de Montevideo, en 1797. Con dicho cuerpo tuvo activa participación en acciones contra los indios charrúas y minuanes, cabiéndole una meritoria actuación en la defensa de las fronteras de la Banda Oriental por las incursiones de los portugueses.

Se lo ascendió a teniente de Blandengues, en 1803, y poco después pasó a prestar servicios en la guarnición de Maldonado, en la que fue ascendido a capitán, en 1806.

Durante la primera Invasión Inglesa se situó en el Cerrito con el objeto de observar los movimientos del enemigo, y cuando cayó la plaza en poder de ellos, Rondeau logró retirarse con su destacamento hacia Canelones donde se hallaba Sobremonte. Éste le ordenó que se ubicase en el pueblo de las Piedras para seguir observando las tropas enemigas. Casi un mes más tarde, Rondeau decidió dirigirse a Buenos Aires, pero al cruzar el río Uruguay cayó prisionero, y en un buque de guerra se lo condujo a Inglaterra, donde sufrió privaciones.

Recuperó su libertad como consecuencia de la capitulación de Whitelocke en Buenos Aires en 1807. Reincorporado en España al servicio del Rey, tuvo actuación en Galicia en el Batallón “Buenos Aires” al mando de los generales Black y Marqués de la Romana, en las luchas libradas contra el ejército napoleónico, como oficial de caballería.

Volvía a esta capital, cuando en plena navegación se enteró de los sucesos del 25 de mayo de 1810. Inmediatamente se plegó al movimiento revolucionario, cuyas autoridades lo reconocieron con el grado de teniente coronel, el 8 de marzo de 1811.

Fue nombrado jefe de todas las fuerzas patrióticas destacadas en la Banda Oriental. Estuvo en el combate de Las Piedras, librado por Artigas, el 18 de mayo de aquel año. De seguido, inició el sitio a la plaza de Montevideo, que se mantuvo hasta octubre de 1811. Si bien no llegaron a la enemistad, existieron diferencias entre Artigas y Rondeau sobre el manejo de la contienda.

Ascendido a coronel regresó a Buenos Aires, donde tuvo la oportunidad de sofocar el motín de las Trenzas en el Regimiento Nro. 1 de Patricios, que mandaba el general Belgrano. A causa de un disparo de cañón que hizo efectuar contra los sublevados durante la Revolución de las Trenzas, Rondeau quedó completamente sordo de un oído de por vida.

Restablecido marchó a incorporarse al ejército de la vecina orilla, siendo designado jefe de aquellas fuerzas. Inició el segundo sitio de Montevideo, el 20 de octubre de 1812. La brillante victoria que obtuvo en el Cerrito determinó que se lo nombrase general del ejército de las Provincias Unidas, el 5 de mayo de 1813, cargo que debió ceder a Carlos María de Alvear, por decisión del Director Supremo Posadas cuando estaba por ser rendida la ciudad.

Promovido a brigadier, el 14 de junio de 1814, era designado jefe del Ejército del Alto Perú, en reemplazo del general San Martín. Hízose cargo de dicho comando en Tucumán, en noviembre de ese año, y pocos meses después, al ser depuesto Alvear del cargo de Director Supremo por el motín de Fontezuelas, en Buenos Aires, se designó Director provisorio a Rondeau con retención de la jefatura del Norte.

En 17 de abril de 1815 sus fuerzas batieron a los realistas en Puesto del Marqués, mas tras el descalabro de Venta y Media, en Sipe-Sipe enfrentó a las tropas del general Pezuela, sufriendo una imprevista derrota seguida de la deserción total.

Relevado un año más tarde del Ejército del Alto Perú, entregó el mando en Las Trancas al general Belgrano, el 7 de agosto de 1816, por disposición del Director Supremo general Pueyrredón.

Volvió Rondeau a Buenos Aires y a su pedido se instruyó un sumario levantado por el coronel Holmberg para juzgar su conducta, sobreseyéndosele en la causa.

Pueyrredón lo nombró Jefe del Estado Mayor General, ejerciendo por un tiempo esas funciones. Cumplió un breve interinato en calidad de gobernador interino de Buenos Aires, desde el 5 de junio hasta el 30 de julio de 1818.

Por renuncia de Pueyrredón se desempeñó como Director Supremo debido a la decisión adoptada por el Congreso desde el 9 de junio de 1819 hasta el 11 de febrero de 1820, en que el Cabildo le intimó la cesación del mando con motivo de haber sido derrotado en Cepeda por López y Ramírez.

Prestó después su colaboración al coronel Dorrego en la campaña que dirigió contra el general Alvear y el caudillo José Miguel Carrera, siendo designado Inspector General de tropas y milicias, el 21 de octubre de 1820.

Con posterioridad se retiró a la vida privada para no comprometerse en luchas fratricidas.

Por la ley de 26 de agosto de 1822, fue incluido en la reforma militar con el grado de brigadier. En 1824, el gobernador Martín Rodríguez lo designó jefe del ejército que se formó para combatir a los indios del sud de la provincia de Buenos Aires, expedición que sólo llegó hasta Bahía Blanca.

Cesó en la Inspección y Comandancia General de Armas, el 8 de junio de 1824, fecha en que Rondeau regresó a Buenos Aires.

Por renuncia del general Rodríguez se encargó del mando del Ejército de Observación en 1826, preparado dada la posibilidad de una guerra con el Imperio del Brasil.

Destinado a la Plana Mayor del Ejército el 18 de diciembre de 1826, se o designó nuevamente Inspector y Comandante General en 1827. Desde julio a octubre de 1828, se desempeñó como Ministro de Guerra y Marina por designación del gobernador Manuel Dorrego.

Terminada la guerra con el Brasil, la Asamblea Constituyente del Uruguay lo eligió gobernador y capitán general provisorio de la Nueva República Oriental con el fin de transar sobre las aspiraciones de mando de los generales Rivera y Lavalleja. Gobernó desde el 22 de diciembre de 1828 al 17 de abril de 1830.

Radicado definitivamente en el vecino país, se lo incluyó en el escalafón con el grado de Brigadier General, incorporándose al Estado Mayor General el 19 de noviembre de 1830.

Durante la presidencia de Rivera se le designó encargado de negocios del Uruguay ante el gobierno argentino, el 28 de diciembre de 1832. Finalizado ese destino diplomático, nombrósele Jefe de Estado Mayor del Ejército, el 6 de marzo de 1833, con carácter interino, y en propiedad desde el 6 de noviembre del propio año, desempeñando esas funciones hasta el 5 de abril de 1838, en que lo abandonó por enfermedad.

Presidente de la Junta de Gigiene Pública, en 1836, fue nombrado Ministro de Guerra y Marina el 6 de febrero de 1939, por Gabriel A. Pereira en ejercicio del Poder Ejecutivo.

Rivera elegido por segunda vez presidente de la República el 1ero. de marzo, lo conservó en ese puesto, correspondiéndole actuar en los días en que el país vecino se vio obligado a enfrentar con las armas las pretensiones del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

Se le relevó por enfermedad en 1840. El último cargo que desempeñó fue el de Presidente del Consejo del Estado en 1842.

Falleció en Montevideo, el 18 de noviembre de 1844, cuando la ciudad sufría el sitio de las tropas mandadas por Oribe. En su lecho de muerte entregó su espada a Mitre, su ahijado de bautismo, y por entonces sargento mayor, diciéndole: ¡Ojalá me permitiese la debilidad de mi brazo hacerla brillar en El Cerrito!

En el acto del sepelio se le tributaron honores extraordinarios como reconocimiento a su desinteresado patriotismo.

El gobierno argentino dispuso en 1891, el traslado de sus restos a Buenos Aires, pero a solicitud del gobierno uruguayo quedaron depositados en el Panteón Nacional de Montevideo.

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