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Jarry: el primer patafísico con conciencia farmacopornográfica

Alfred Jarry fue un dramaturgo, novelista y poeta francés jailón que murió cual paria, después de haber escrito más de una veintena de obras literarias [“Los minutos de Arena Memorial” (1894); “César-Anticristo” (1895); “Ubú Rey” (1896); “Los días y la noches, novela de un desertor” (1897); “El Amor en visitas”(1898); “Almanaque del Padre Ubú” (1898); “El Amor Absoluto” (1899); “Ubú encadenado” (1900); “Almanaque ilustrado del Padre Ubú” (1900); “Mesalina, novela de la antigua Roma” (1901); “Nuevo almanaque del Padre Ubú” (1901; ”El supermacho” (1902); “Por la Cintura” (1904); “Ubú en la colina” (1906); “Albert Samain” (1907); “La Papisa Juana, novela medieval” (1908); “Pantagruel, ópera bufa en cinco actos y seis cuadros”(1910); Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico” (1911);” Especulaciones” (1911); “Gestas” (1921); “ Paralipómenos de Ubú” (1921); “Los Silenos” (1922); “Poemas” (1926); “La Dragona” (1943); “Ubú cornudo” (1944); “Instrucciones para la construcción de la máquina del tiempo, por el doctor Faustroll” (1950)] que, a día de hoy, siguen teniendo tremenda vigencia.

Fue un visionario nacido en Laval en 1873 y sepultado en Paris en 1907, que se ganó el título de personaje sine qua non para el advenimiento de las vanguardias del siglo XX (tanto en el teatro como en la narrativa experimental).

Ya desde púber se auto percibía –y/o ambicionaba ser percibido- como “entidad masturbatoria”. De hecho, “El supermacho” (novela editada en 1902) es una precisa exteriorización de su falocéntrico anhelo de poder, de sus ansias de “macho alfa”, de ligón serial, de donjuán irresistible y vigorosamente insaciable. (Era a él a quien apodaban el “indiano”, era él quien deseaba “enamorar hasta a las maquinas” …).

Sus obras, a pesar de su instantáneo y categórico éxito, no le significaron –psicológicamente- el lucimiento que su egolatría acuciaba, de modo tal que –egoticamente- se entregó a los excesos siguiendo las premisas de William Blake en su célebre texto de 1790 “The Marriage of Heaven and Hell” (El matrimonio entre el cielo y el infierno), en el cual escribió su encomiada (y mal versada) frase: “The road of excess leads to the palace of wisdom; for we never know what is enough until we know what is more than enough”. (El camino de los excesos lleva al palacio de la sabiduría; porque nunca sabemos qué es suficiente hasta que sabemos que es más que suficiente).

Murió tuberculoso y fundido (tanto económica como emocionalmente), pero siendo la referencia clave para el surgimiento del surrealismo francés (un movimiento artístico en el que pintura y escultura eran concebidas como consecuencias plásticas de la poesía automática o subconsciente), el padre del teatro del absurdo (ese teatro que acentuaba las ambigüedades, las paradojas, los contrasentidos del lenguaje verbal, para poner en relieve una existencia sin sentido), y el creador de la patafísica (una pseudociencia que postulaba ser: “la ciencia de las soluciones imaginarias”, que no tenía otro propósito que la contemplación de la rareza profunda que cotidianamente organiza el mundo).

Alfred Jarry fue, es y nunca dejará de ser, un espíritu libre que metamorfoseó íntegramente las consignas tanto lingüísticas como socioculturales de su época para dar paso al cinismo deliberado y al caos epistemológico que sobrevinieron en el tiempo y devinieron en ese movimiento cultural occidental del siglo pasado llamado “posmodernismo”, el cual suscitó en esta contemporaneidad hiperbólicamente tecnoparasitaria y farmacopornista.

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