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Invasión japonesa a Manchuria

La invasión de Japón a Manchuria en 1931 iniciaría una cadena de eventos que desembocaron en una guerra mundial, nada más y nada menos.

La invasión de Manchuria (una región de 800.000 km2 al noreste de China, que limita con Rusia al norte, Mongolia al oeste, China al oeste y al sudoeste y la península de Corea al sur) se llevó a cabo como respuesta (una mezcla de represalia y venganza) al bombardeo que tropas chinas efectuaron sobre un tramo del ferrocarril japonés del sur de Manchuria.

El Ferrocarril del Sur de Manchuria fue construido entre 1898 y 1903 por la Rusia imperial; en 1905, Japón obtuvo los derechos sobre el ferrocarril y la custodia del mismo. Para dichos fines, el Imperio de Japón fundó la Compañía del Ferrocarril del Sur de Manchuria (Mantetsu) en 1906, tras la guerra ruso-japonesa (1904 - 1905); dicha compañía operaba en el sur de China pero era controlada por Japón, y el ferrocarril circulaba desde Lushun, al extremo sur de la península Liaodong, hasta Harbin, donde se conectaba con el Ferrocarril Chino del Este.

Claramente, el bombardeo al ferrocarril fue un pretexto. Hacía tiempo que Japón andaba detrás del dominio de Manchuria, rica en recursos naturales y relativamente poco poblada. Veía en ella una fuente más que potencial de materias primas y una zona de expansión para la creciente población japonesa.

Después del bombardeo al ferrocarril, el Kwantung (el grupo más prestigioso del Ejército Imperial Japonés), encargado de la vigilancia del tren y su infraestructura, avanzó sobre Mukden, ocupó los cuarteles chinos y tomó la ciudad. La invasión se llevó a cabo sin el consentimiento explícito del gobierno civil japonés.

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Soldaos xaponeses entrando en Mukden.

Soldaos xaponeses entrando en Mukden.

El general chino Zhang Xueliang (general chino responsable de la defensa de Manchuria) ofreció poca resistencia y las fuerzas japonesas avanzaron rápidamente. En unos pocos días Japón había tomado la mayoría de las ciudades manchurias de las provincias de Liaoning y Kirin, situadas al norte y al oeste de Corea, que por entonces era colonia japonesa.

Zhang Xueliang había recibido órdenes de Chiang Kai-shek, por entonces dirigente del Partido Nacionalista Chino, de entregar su territorio a los agresores japoneses. “En este momento debemos mantener una disciplina rígida para no dar pretexto a los japoneses”, decía Chiang (aparentemente tarde, ya que el bombardeo al ferrocarril ya había sido más que suficiente). Chiang Kai-shek pensaba que una actitud pasiva reforzaría su relación con la Sociedad de las Naciones, pero la realidad es que tampoco contaban con una fuerza militar suficiente como para vencer al Imperio Japonés.

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Zhang Xueliang y Chiang Kai-shek.
Zhang Xueliang y Chiang Kai-shek.

La Sociedad de las Naciones acudió para investigar (eufemismo) el reclamo de Chiang Kai-shek y, en su estilo habitual, condenó la invasión japonesa. Chiang quedó defraudado porque esperaba algún medidas más enérgicas (¿qué esperabas, Chiang?). La Sociedad de las Naciones, demostrando una vez más su ineficacia, no consiguió aprobar ninguna sanción contra Japón. Los territorios ocupados por Japón no sufrieron cambios, a pesar de ser condenada (verbal y diplomáticamente) la invasión.

El episodio de Manchuria fue una gran demostración de que el belicismo superaba a la diplomacia. El secretario de Estado de EEUU, Henry Stimson, advirtió a Tokio que EEUU no reconocería la conquista japonesa en Manchuria. Sin embargo, Francia, Gran Bretaña y la URSS, aún teniendo intereses económicos en China, no apoyaron a EEUU: según ellos, mientras no afectara a la economía occidental, Japón era dueño de hacer lo que quisiera (China, cómo te bancan tus socios...!).

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Dos jóvenes chino-estadounidenses protestan contra la invasión japonesa de Manchuria en Chicago, 1931.
Dos jóvenes chino-estadounidenses protestan contra la invasión japonesa de Manchuria en Chicago, 1931.

La espiral de intolerancia de siempre comenzó a crecer: China decretó un boicot a los productos japoneses; los japoneses se enojaron, atacaron Shanghai y la bombardearon, matando miles de civiles. Esto parece que hizo finalmente comprender a Europa los peligros del expansionismo japonés, entonces Francia y Gran Bretaña panquequearon y junto con Italia se unieron a la protesta norteamericana.

Mientras tanto los japoneses empezaban a encontrarse, ahora sí, con una inesperada resistencia de los chinos. A consecuencia de ello en mayo de 1932 pactaron una tregua con China, con las potencias occidentales como mediadoras, y retiraron sus tropas de Shanghai, aunque siguieron mostrándose firmes respecto a Manchuria, donde habían establecido un Estado-títere: Manchukuo, el cual fue rápidamente reconocido por... Japón, por supuesto.

Como para que no quedaran detalles sin atender, antes de ello fue asesinado el Primer Ministro japonés Tsuyoshi Inukai, que se oponía a la campaña de Manchuria. Inukai no había logrado controlar los asuntos militares en China tras el incidente de Manchuria, y la constante disputa con el poder militar derivó en su asesinato en el golpe de Estado de mayo de 1932 y marcó el fin del control político civil en el gobierno japonés hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

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El Mainichi Shimbun (uno de los principales periódicos de Japón) de Osaka describiendo el incidente del 15 de mayo y el asesinato del Primer Ministro Inukai Tsuyoshi.
El Mainichi Shimbun (uno de los principales periódicos de Japón) de Osaka describiendo el incidente del 15 de mayo y el asesinato del Primer Ministro Inukai Tsuyoshi.

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