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Ingeniero Luis Augusto Huergo

Huergo se convirtió en el primer ingeniero civil en el país y el de mayor edad entre sus compañeros. En consecuencia, 25 años después de su graduación, el Centro Argentino de Ingenieros acordó establecer el 6 de junio como el nacimiento de la ingeniería en Argentina.

Estudió en el Colegio de Santa María de Maryland, dirigido por sacerdotes jesuitas, en los Estados Unidos en 1852.

Regresó a Buenos Aires en 1857, y se dedicó al comercio de cereales. Después continuó los estudios en el Departamento Topográfico de la provincia de Buenos Aires, donde se graduó de agrimensor en 1862.

Luis A. Huergo obtuvo su diploma de ingeniero civil el 6 de junio de 1870, el suyo fue el primer título expedido en el país por el Departamento de Ciencias Exactas de Buenos Aires. Su tesis discurrió sobre las vías de comunicación. Desde este año hasta 1874, fue diputado y senador provincial, alternando dichas tareas con las de su profesión.

Fue enviado por el gobierno a Europa para contratar y fiscalizar la construcción de 118 puentes que se tendieron en la Argentina, y el primer tren de dragado para nuestros ríos.

En 1872, el gobierno de la provincia le encomendó el estudio del abastecimiento de las aguas del río Salado. En 1873, estudió la canalización de los ríos Tercero, Cuarto y Quinto de Córdoba, al año siguiente fue el encargado del proyecto y construcción del ramal de 700 Km. del Ferrocarril Pacífico desde Buenos Aíres hasta Villa Mercedes (San Luís). Al modificarse el Departamento de Ciencias de la Universidad en 1874, transformándose en Facultad de Matemáticas, el ingeniero Huergo fue designado Consejero Académico.

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Después proyectó el dique comercial de San Fernando (Prov. de Buenos Aíres), y construyó anexos al mismo, el primer dique de carena que se habilitó en nuestro país. En 1876, fue designado por concurso director de las obras del Riachuelo, siendo suyo el proyecto llamado “Dock Sud”.

En 1880, tuvo que interrumpir estos trabajos e investigaciones, para viajar a Europa, comisionado por el gobierno, para la compra de otro tren de dragado.

Proyectó para el gobierno de Córdoba el canal navegable desde el río Primero al Paraná, que terminaría en la ciudad de San Lorenzo (Santa Fe).

Después de federalizarla, la ciudad de Buenos Aires, tuvo oportunidad de presentar al gobierno nacional en 1881, un proyecto de puerto para la Capital de la república con un solo canal de acceso y una serie de diques en línea que se irían construyendo a medida que fueran necesarios hasta llegar a aguas hondas. Al adjudicarse la construcción a la empresa Madero, presentó su renuncia como director de la obra, trabándose en una polémica de carácter técnico sobre el asunto. Publicó folletos y pronunció conferencias contra los partidarios del proyecto Madero. En 1889 propuso al gobierno de Córdoba, el proyecto para aumentar la capacidad de agua y evitar el peligro del desbordamiento del dique San Roque. También proyectó las obras de salubridad de la ciudad de Córdoba, las del puerto y obras sanitarias para la ciudad de Asunción del Paraguay; el muelle y ramal de vía para el servicio de una empresa particular en la ciudad de Bahía Blanca, el gran canal Zabala, para navegación y fuerza motriz del río Santa Lucía al puerto de Montevideo (Uruguay). El ingeniero Huergo llevó su espíritu de empresa a obras de irrigación en Mendoza y en el valle del Río Negro. Buscó el carbón mineral en las montañas de Mendoza y desarrolló fundiciones de hierro y la agricultura intensiva bajo riego en el valle del Río Negro. Fue el iniciador del Expreso Villalonga, conocido en todo el mundo, y hoy de propiedad de la nación. Sus últimas actividades profesionales las realizó al frente de las explotaciones petrolíferas de Comodoro Rivadavia, siendo presidente de Y.P.F. en 1910. En su administración, vislumbró la posibilidad de que el petróleo pudiera enajenarse, entregando a extraños un bien de extraordinario valor y que tanta influencia habría de tener en el desarrollo industrial del país. Su altiva actitud en esa hora, salvó a ese gran organismo. Ocupó otros cargos en actividades diversas como la de intendente general de Guerra, fue además ministro de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires (1891); profesor y decano de la Facultad de ciencias Exactas y Naturales; delegado al Consejo Superior de la Universidad de Buenos Aires, presidente y miembro de numerosas empresas privadas. Fue fundador y presidente de la Sociedad Científica Argentina, presidente de la Sociedad de Ingenieros Civiles y del Centro Argentino de Ingenieros, entre otros. Presidió el Primer Congreso Internacional Americano realizado en Buenos Aires, en 1910, con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo, donde tuvo una descollante actuación. En sus últimos años, realizó un viaje a Estados Unidos y trajo impresión asombrosa del portentoso desarrollo del país del norte en todas sus actividades.

Fue autor de numerosas publicaciones sobre las obras portuarias. Falleció en Buenos Aires, el 4 de noviembre de 1913, a los 76 años.

Fue uno de los hombres que más contribuyó al progreso del país por sus obras hidráulicas y vialidad; claro exponente de una vida de laboriosidad, honradez y patriotismo. Entre los sentidos discursos que se pronunciaron con motivo del sepelio de sus restos, el doctor Ángel Gallardo expresó: “Huergo ha sido el primer ingeniero argentino no solo en el orden cronológico, sino también por sus virtudes y su labor profesional”. El ingeniero Santiago Barabino agregó que “Todos conocemos uno de los rasgos más característicos de su personalidad, la generosidad, ella le condujo alguna vez hasta el borde de su propia ruina, sin que de sus labios saliera una palabra de protesta…”.

En 1919, la Facultad de Ciencias Exactas, Física y Naturales le levantó una estatua en el patio central. El 3 de noviembre de 1929, una comisión constituida por miembros de la Sociedad científica Argentina, el Centro de Ingenieros, la Facultad de Ciencias Exactas y otras instituciones inauguró en la Boca del Riachuelo, un monumento erigido a su memoria realizado por el escultor César Sforza. Una escuela Industrial de la nación y una calle de Buenos Aires llevan su nombre.

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