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Il Caravaggio

Caravaggio fue pionero del claroscuro, la técnica pictórica barroca que utiliza luces y sombras en alto contraste. Famoso por su estilo de vida rebelde, se vio envuelto en constantes riñas. En 1606 huyó hacia Roma, al ser condenado por el asesinato de un hombre. Murió el 18 de julio 1610 sumido en la desgracia, el agotamiento y la enfermedad, víctima de su propia psicopatía.

Pocos pintores clásicos reflejaron en sus obras las íntimas características de su personalidad como Michelangelo Merisi, conocido como «Il Caravaggio», pueblo del que era oriundo.

Hombre pendenciero y explosivo, alternó con reyes y ladrones, y osciló entre los honores y la prisión, el arte y los crímenes, con la celeridad de sus actos violentos y su pincelada virtuosa.

De origen humilde, era su padre albañil. Merisi llegó a temprana edad a Roma, para educar su talento precoz. Algunos sostienen que ya huía de Milán, ciudad violenta y despiadada, donde había purgado una pena por defender a una prostituta. Lo cierto es que rápidamente vende su herencia y aparece en Roma, ciudad que estaba recuperando antiguos esplendores, después de haber sido saqueada por las hordas protestantes.

La escasez de recursos lo obliga a emplearse pintando cabezas por centavos, o completando la obra de pintores con infinitamente menor talento que el suyo. Eran los tiempos donde el ideal de belleza se reflejaba en la historia de Plinio sobre el cuadro de uvas, pintado por Zeuxis, un maestro romano, realizado con un ilusionismo tan asombroso, que hasta los pájaros se acercaban a picotearlo. Así trabajaba Merisi, pintando frutas y flores.

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        <p><i>Niño con un cesto de frutas</i> (1593) - Galería Borghese, Roma.</p><p></p>

Niño con un cesto de frutas (1593) - Galería Borghese, Roma.

En sus ratos de ocio –que no eran pocos– Caravaggio vagaba por las calles de la ciudad, involucrándose en juegos de pelota, que frecuentemente terminaban en peleas y alboroto. Pero estas reyertas no parecen ser obstáculo para su progreso, y hacia 1596, con sólo 23 años, se pone al servicio del cardenal Del Monte. Poco después, toda Roma habla de Il Caravaggio y sus obras… además de sus frecuentes riñas que terminaban en prisión. Al pintor Gerolamo Spampa lo muele a bastonazos, deja una cicatriz imborrable en la cara de Flavio Canónico y el mismo embajador de Francia debe interceder para sacarlo de la prisión, donde fue a parar después de una formidable pelea con Baglione, colega y primer biógrafo de su atormentada existencia. En 1604 es arrestado por resistirse a un alguacil y lesionar a un camarero. La relativa impunidad que le otorgaba su proximidad a los poderosos, favorecía su actitud de permanente desafío a la autoridad. Apedrea a alguaciles y frecuentemente debe visitar tribunales por portar armas sin permiso, que desenvainaba prestamente ante el menor desafío.

No escasean los escándalos relacionados con mujeres. En 1605 hiere al escribano Mariano Pasqualone, por haberle faltado el respeto a Lena, una de sus amantes, modelo y concubina. En 1606 debe guardar reposo por dos heridas que recibe, al parecer en una reyerta, aunque Merisi declare lo contrario, cuando es visitado por oficiales de justicia. Fiel a sus códigos, Merisi no denuncia a quién le ganó en su ley.

Pocos meses después, a raíz de uno de esos violentos juegos de pelota, muere Ranuccio Tommasoni a manos de Il Caravaggio. Sabe que ha ido demasiado lejos, y que sus poderosos amigos poco podrán hacer por él. Huye de Roma, donde es condenado «in absentia». Pasa unos meses en Nápoles. Allí no se le conocen altercados. Violento, aunque no estúpido, sabe que su vida pende de un hilo. En 1608 viaja a Malta, donde pinta «El degüello del Bautista», obra magistral por la que el Gran Maestre de la Orden de Malta, Alof Wignacourt, lo nombra Caballero, una altísima distinción para hombre de tales antecedentes. Esta honorabilidad le dura tan sólo tres meses. Es expulsado de la Orden «como miembro pútrido y fétido». Sin lugar a dudas había irritado a los caballeros por sus inconductas. Debe irse de la isla, y marcha a Nápoles. Allí dos esbirros, probablemente enviados por la misma Orden de Malta, intentan matarlo en la puerta de la hostería donde se hospeda.

Mientras se recupera, gestiona a través del cardenal Gonzaga, la amnistía que le permita volver a Roma. Como tarda en llegar, y teme que una nueva agresión de los malteses tenga éxito en su intento de eliminarlo, compra un barco y pone proa a Porto Ercole. Allí la guardia española lo confunde con otro fugitivo y lo encarcela. Paradójicamente este error de la justicia es el que termina con sus días, ya que al ser liberado se encuentra que la tripulación le ha robado el barco y sus únicas pertenencias. Furioso baja a la playa, y allí se pasa horas mirando el horizonte y maldiciendo a sus ladrones. Agobiado por el impiadoso sol del verano napolitano, se enferma “de fiebres”, y muere pocos días más tarde.

Debemos comprender que estos pintores tenían limitada su capacidad de elección. Las obras les eran encomendadas, y eran ellos los que desarrollaban el tema. Dentro de este margen por cierto estrecho, llaman la atención dos tipos de elecciones del Caravaggio.

En primer lugar la violencia desplegada en su obra. Abundan los temas de decapitación, como la del Bautista, Goliat, Holofernes y el sacrificio de Isaac. Veamos, por ejemplo, esta última. Abraham sostiene la cara de su hijo Isaac, no como un padre obligado a matar a su hijo, para cumplir un deseo divino, sino como un carnicero dispuesto a degollar a una gallina, sin mostrarse perturbado en modo alguno ante la terrible orden.

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        <p><i>Judith decapitando a Holofernes. </i><i>La Judith del cuadro sólo pone cara de asco. Guarda una prudente distancia, como para no salpicarse. Los verdugos del Caravaggio siempre muestran </i><i>poca emoción mientras cometen su barbaridad.</i></p><p></p>

Judith decapitando a Holofernes. La Judith del cuadro sólo pone cara de asco. Guarda una prudente distancia, como para no salpicarse. Los verdugos del Caravaggio siempre muestran poca emoción mientras cometen su barbaridad.

Judith cumple con el cometido de asesinar a Holofernes, decapitándolo con cierto gesto de repugnancia. Para colmo, exhibiendo un curioso sentido del humor, la cabeza de Holofernes es su propio retrato, al igual que la de Goliat, sostenido por un David casi niño. En su célebre San Juan Bautista, que como vimos, tantos halagos le acarreó, el santo yace en el piso como un carnero, mientras su verdugo remeda un carnicero faenando un animal. ¿Refleja Il Caravaggio su propia experiencia, después de haber frecuentado riñas, peleas y lidiado con carniceros y asesinos, o refleja sus íntimas pulsiones, sus deseos de violencia y masoquismo? Quizás ambas cosas.

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        <p><i>La decapitación de San Juan Bautista</i> (1608) - Oratorio de la concatedral de San Juan, La Valletta, Malta.</p><p></p>

La decapitación de San Juan Bautista (1608) - Oratorio de la concatedral de San Juan, La Valletta, Malta.

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        <p><i>David con la cabeza de Goliat</i> (1610) -  Galería Borghese, Roma.</p><p></p>

David con la cabeza de Goliat (1610) - Galería Borghese, Roma.

Pero hay otro Caravaggio, más íntimo, el pintor de jóvenes imberbes de dudosa virilidad, de efebos agraciados, de casi femenina belleza, en los que uno adivina el amaneramiento y la lasciva sensualidad. Pertenecen muchos de estos a obras juveniles, realizadas cuando contaba con poco más de 20 años. Pueden estas obras, algunas de ellas conservadas sólo a través de copias, reflejar la otra cara de su espíritu sadomasoquista, donde existe una inseguridad en la elección del objeto sexual.

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Esta ambivalencia se refleja también en la elección de sus modelos andróginos de discutida masculinidad que se prestaron a una sospecha de homosexualidad, de la que no se tiene prueba alguna, aunque varios autores (Röttgen y Hibbavao), sostengan que así era.

Stendhal lo tildaba de «infame». Ruskin, de «perverso». Resulta a veces difícil diagnosticar a un psicópata frente a frente. Más lo es hacerlo 500 después a través de sus cuadros. Pero ese desbordamiento automático de las pulsiones instintivas subyace en las conductas de este hombre cuya biografía es casi un prontuario.

Psicópata epileptoide con rasgos sadomasoquistas

Le cabe a Il Caravaggio este diagnóstico en perspectiva, debido a la inmadurez de sus relaciones interpersonales y a la desproporción entre estímulo y reacción, que generalmente hace en forma explosiva y violenta, constituyendo la variedad llamada Epileptoide. Estos sujetos después de la furia inicial, que se disipa prontamente, tienden a deshacer el conflicto inicial (se reconcilia con Baglione y hace las paces con Flavio Canónico). Pero no todas son características negativas, porque estos personajes suelen ser tesoneros, casi hasta la terquedad y, al contrario de otros psicópatas, son muy trabajadores. Así resulta con Il Caravaggio, que nos dejó una amplia obra, a pesar de morir cuando tenía sólo 37 años. Cuentan quienes tuvieron oportunidad de conocerlo, que solía concentrarse en su actividad durante un par de semanas, para luego pasar un mes de juego de pelota, en trifulca y desmanes, para volver a trabajar con renovados bríos. Vean los gestos de sus verdugos. David, a pesar de su juventud, no trasunta emoción al sostener la cabeza de Goliat (que es nada menos que la del pintor). Abraham, a pesar de estar viviendo un momento de máxima tensión, se concentra en su tarea, no como un padre a punto de sacrificar a un hijo, sino como un matarife. El verdugo del Bautista, lo asesina como un carnero. ¿Era un hombre mostrando un mundo violento, o era él quien teñía de violencia las pinturas de sus últimos años? Así era Il Caravaggio, un truhán metido a artista, que supo con su talento ganarse una posición en la historia de la pintura.

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