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Howard Hughes: Las fobias del Piloto

Howard Hughes hizo de todo en la vida, desde aviador a productor cinematográfico, desde ingeniero a empresario. Las mujeres morían por él y los magnates lo respetaban. Fue el hombre más rico y a su vez un miserable, acosado por fobias y obsesiones, una persona inteligente víctima de una trampa de los genes y neurotransmisores (como lo somos todos, aunque nos guste creer lo contrario).

En la navidad de 1905 llegaba al mundo el hijo del industrial Howard Robard Hughes, inventor de la broca para extracción de petróleo, cuando estaba esta industria en pleno auge. Si bien nació en cuna de oro, su madre le transmitió los miedos que la obligaban a procedimientos extenuantes para mantener alejado al niño de los gérmenes que invadían obstinadamente su cuerpo. Ella se encargaba de bañar a Howard como un rito que ahuyentaba los demonios. Cada vez que Howard se resfriaba su madre convocaba a varios médicos para confirmar el origen de la enfermedad.

En ese mundo impoluto de tradiciones victorianas, Howard desarrolló su ingenio. A los 11 años construyó la primera emisora de radio en Houston, Texas.

Su madre murió de un embarazo ectópico cuando Howard tenía 15 años. El mundo de sobreprotección que ella había construido a su alrededor se terminó de derrumbar cuando, dos años más tarde, su padre fallece de un ataque al corazón. A temprana edad, Howard se encontró con una enorme fortuna, sus miedos, su voraz apetito sexual y su fascinación por volar. Por inclinación se volcó hacia la ingeniería, aunque no llegó a graduarse. En 1925 se casó con Ella Rice y juntos viajaron a Hollywood donde Howard había hallado otro pozo más lucrativo que el petróleo: el cine.

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No es de extrañar que el matrimonio sucumbiese a las modalidades obsesivas de Howard. Libre del contrato matrimonial y dueño de una colosal fortuna puso en práctica la frase que haría suya, "Todo el mundo tiene su precio". Y buscó amantes y poder siguiendo esta consigna. Mientras luchaba contra el monopolio de Pan Am, fue acusado de homicidio culposo por atropellar, en estado de ebriedad, a un transeúnte. El único testigo del hecho, cambió su testimonio original que achacaba la culpa al conductor por la versión menos creíble de que el individuo se había arrojado bajo el automóvil de Howard. El caso quedó en el olvido, probablemente por el mecanismo de cambiar conciencias por dólares.

Hábil e inescrupuloso, Howard tenía un don especial para encontrar resquicios legales a fin de disminuir sus impuestos. Entre otras cosas, no vivía en sus residencias sino en hoteles, para no declarar sus bienes al fisco y descontar los gastos en hospedajes.

Fue un entusiasta de la aviación y las posibilidades que abría. Se convirtió en ingeniero aeronáutico autodidacta y más de una vez puso en riesgo su vida para probar sus máquinas, de hecho, batió un record de velocidad en 1935 y fue el primero en volar sus escalas de California a la costa este, además de completar un vuelo alrededor del mundo en 3 días y 9 horas. Sus diseños asistieron al esfuerzo bélico durante la Segunda Guerra. En 1939 el Congreso le otorgó una medalla por sus aportes a la aviación. Hughes no fue a buscarla.

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En 1946 Howard sufrió un grave accidente mientras probaba el XF-11, el avión espía, para la Fuerza Aérea norteamericana. Intentó aterrizar en el campo de golf de Beverly Hills, pero finalmente impactó contra unas casas y explotaron los depósitos de combustible. Sufrió quemaduras de tercer grado y varias lesiones internas. Desde entonces se dejó el bigote para tapar las cicatrices que tenía en el rostro (con el tiempo se dejaría la barba que llegó a medir 40 cm). Aun recuperándose de las heridas, convocó a los ingenieros para proponer los cambios necesarios en el diseño del avión. Para lidiar contra el monopolio de Pan Am, Hughes compró la TWA (Trans World Airlines), y a Lockheed Corporation le compró 40 aviones Constelation, la mayor adquisición en la historia de la aviación.

Mientras desarrollaba esta brillante carrera, Howard caía en obsesiones y fobias. Desde 1950 sus apariciones se hicieron más esporádicas y su paradero era materia de conjeturas en los periódicos. Como su madre, se obsesionó por la limpieza y desarrolló un morboso interés por el tamaño de los frijoles, su única fuente de alimentación.

Por momentos, había temas que absorbían su atención en forma excluyente, como fue la blusa de Jane Russell mientras filmaba The Outlaw (el fuera de ley), a la que dedicó varias notas para el director y productor del film. Al final diseñó un soutien especial para resaltar el busto de la estrella.

Entre sus parejas se contaban algunas de las actrices más hermosas de Hollywood (y según otras versiones, ­­también algunos célebres galanes) como Jean Harlow, Katharine Hepburn, Ginger Rogers, Elizabeth Taylor, Ava Gardner, Rita Hayworth. Su voracidad sexual lo llevó a contraer una enfermedad venérea (sífilis) que si bien se curó, acentuó su fobia a los gérmenes y probablemente haya comprometido su cerebro. En 1957, cuando ya estaba recluido en uno de eso hoteles de lujo que solía tomar como hogar, se casó con Jean Peters, otra celebridad del cine. Como era de esperar, el matrimonio fue un fracaso. Al poco tiempo solo se conectaba con su esposa por teléfono.

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Ava Gardner con Hughes en 1946
Ava Gardner con Hughes en 1946

Los últimos años de su vida las pasó en un hotel lujos en Managua (Nicagarua) haciendo negocios con el dictador Somoza y rodeado de mormones, a las únicas personas que le tenía confianza, aunque nunca profesó esa religión. Después del terremoto que asoló al país centroamericano se recluyó en el Hotel Acapulco (adonde llegó piloteando su avión). Allí la desnutrición que sufría por su extraña dieta (pesaba solo 40 kg), y el abuso de codeína para combatir el dolor (tenía 5 agujas subcutáneas rotas cuando se hizo la autopsia) lo llevaron a una insuficiencia renal. Murió en el avión que lo conducía a un hospital de Houston.

Fue enterrado en el panteón familiar. Solo 6 personas asistieron a las exequias. El hombre que pensaba comprar a las personas por su precio, nunca pudo adquirir su afecto.

Su fortuna se dividió entre 22 primos que gozaron de la fortuna que Howard no pudo disfrutar.

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