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Hergé y Tintín

Durante bastante tiempo se ha creído que la vida de Georges Remi (Hergé) era tan lisa como los rasgos del rostro de Tintín. Pero nada hay de eso, y bajo esa máscara serena que el creador de Tintín logró dar al mundo, se escondía una persona compleja y en permanente evolución.

Georges Remi nació en Eterbeek, en los suburbios de Bruselas, el 22 de mayo de 1907. Su padre trabajaba en una sastrería para niños y su madre era ama de casa. Su infancia y su adolescencia no fueron problemáticas, aunque él se describió a sí mismo como un niño insoportable, y sus padres utilizaban dos recursos para calmar sus berrinches: a veces una bofetada, pero la mayoría de las veces le daban lápiz y papel para que se entretuviera.

Entre 1914 y 1918 fue a la escuela pública de Ixelles; en 1918 lo sacaron de su escuela laica para pasarlo a una escuela religiosa, y se alistó en los boy-scouts católicos. En su época de scout adquirió fascinación por los pieles rojas y por América, y ya adolescente, viajó con los scouts a Austria, España, Suiza e Italia. Por entonces dibujaba historietas de boy-scouts que son publicadas en la revista “Le Boy-Scout”, sin mayor relevancia.

Terminada la secundaria, entra en “Le XXe Siècle”, un periódico definido como “católico de doctrina y de información”. Tuvo un paso (no muy fructífero) por la escuela de dibujo “Saint-Luc”, pero su formación como dibujante fue totalmente autodidacta.

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En 1926 entra al servicio militar y asciende a sargento. En 1927 vuelve al periódico, hace trabajos de fotógrafo y de ilustrador, y conoce al padre Wallez, que ejercería gran influencia en su vida. Controvertido y enérgico, este sacerdote le ayuda a tomar conciencia de sus posibilidades como dibujante. Wallez decide crear en el periódico un suplemento para la juventud, y así, hacia fines de 1928 se publica el primer número de “Le Petit Vintgième”, a cargo de Georges. Y así, el 10 de enero de 1929, Tintín hace su aparición en dicho suplemento.

Y ahí empezó todo.

“Tintín en el país de los soviets” fue la primera historia, que se entregaba en dos tiras de historietas cada semana, culminando en mayo. La historieta se publica también en Francia y Georges comienza su carrera internacional, ya como Hergé. En esa primera aventura, Tintín va a Rusia como reportero de “Le Petit Vintgième”, formando parte de una intriga en la que se muestra a los comunistas como autoritarios y violentos. Un año más tarde Hergé crea dos personajes nuevos, Quick y Flupke, muy exitosos durante algunos años.

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Después de Rusia, apareció “Tintín en el Congo”. En esta historia se perciben tintes colonialistas (en el relato original, Tintín da clase en una escuela y dice “hoy voy a hablarles de vuestra patria: Bélgica”). En 1932, Hergé envía a su personaje a América (“Tintín en América”, historia en la que se enfrenta a Al Capone con nombre y apellido, y en la que los peligros lo acechan cada dos o tres tiras), y el éxito no deja de aumentar.

Para mí, se trata de contar una historia. Mejor que los cómics sean bonitos, claro, pero esa no es su meta. A mi entender, la meta es contar una historia del modo más claro posible para que sea comprendida; que sea emocionante, triste o divertida, pero que tenga ante todo una columna vertebral.

En 1932 se casa con Germaine Kieckens, quien se convierte en su colaboradora. La pareja no tuvo hijos. Luego vinieron “Los cigarros del faraón” (aventura interesantísima en la que aparecen por primera vez su enemigo Rastapopoulos y, sobre todo, los inclasificables Hernández y Fernández, dos detectives gemelos-pero-no) y su continuación, “El Loto Azul”. Tras anunciar que pensaba enviar a Tintín a China, un sacerdote amigo (el padre Gosset, cercano a estudiantes chinos en Lovaina) le aconseja que se documente apropiadamente y le presenta a un joven chino llamado Tchang Tchong-Jen. Éste lo ilustra sobre la realidad china, luego de lo cual Hergé se documenta en forma exhaustiva y comienza a enfocar con máxima seriedad lo que hasta entonces no era para él más que una especie de juego remunerado. El resultado fue notable: en “El Loto Azul” Hergé describe pinceladas del conflicto entre China y Japón y asume una posición favorable a China, contraria a la predominante en occidente para entonces. La historia era sólida, interesante y con conflictos paralelos.

A partir de entonces, las aventuras de Tintín aparecen regularmente cada quince meses, y llegan “La oreja rota” (primera incursión en Sudamérica), “La isla Negra” (un caso policial sobre una red de falsificadores de billetes, que involucra por primera vez al dr. Müller) y “El cetro de Ottokar” (una conspiración para derrocar al rey de Syldavia, país imaginario de los Balcanes). Por entonces crea también la serie “Las aventuras de Jo, Zette y Jocko”, y al mismo tiempo crea la compañía “Atelier Hergé” y efectúa trabajos de ilustración y publicitarios.

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En 1939 comienza la Segunda Guerra Mundial; Hergé es movilizado y enviado a Turnhout, en el norte de Bélgica. A pesar de sus obligaciones militares, Hergé envía cada semana dos tiras de “Tintín en el país del Oro Negro”; pero a mediados de 1940, la entrada de los alemanes en Bélgica interrumpe sus envíos y acaba con la existencia de “Le XXe Siègle”. Hergé es licenciado por tres meses por problemas de salud, y decide ir a Francia. Al tiempo, la derrota parece inevitable; los nazis están en su apogeo y el rey Leopoldo III hace un llamamiento para que se retome el trabajo en un país paralizado. Hergé halla refugio en “Le Soir”, que, aprovechando la presencia de Hergé, lanza un suplemento juvenil, “Le Soir-Jeunesse”, que aparece en octubre de 1940. Sin embargo, debido a los estragos de la guerra en la sociedad y en la economía, las cosas no estaban como para disfrutar de historietas; dicho suplemento no fue exitoso y su edición fue limitada. Además, al hallarse en un país ocupado por los nazis, el material a publicar era revisado y censurado. Mientras que las aventuras publicadas antes de la guerra tenían indudables resonancias políticas, las historias de Tintín creadas durante la ocupación nazi son extraordinarias aventuras de puro entretenimiento, despojadas de cualquier connotación social o política.

De ese período son “El cangrejo de las pinzas de oro”, historia de contrabando y tráfico ilegal en la que hace su aparición el capitán Haddock, un personaje extraordinario que será inseparable amigo de Tintín; “La estrella misteriosa” (dos expediciones competidoras van en busca de un meteorito caído en el Ártico); “El secreto del Unicornio”, y su continuación “El tesoro de Rackham El Rojo”, una fantástica aventura de piratas y tesoros mezclada con intriga policial en la que aparece por primera vez el desopilante profesor Silvestre Tornasol y el castillo de Moulinsart, donde luego vivirán Haddock y Tornasol, y “Las 7 bolas de cristal”, una historia de misterio que se continuará con “El Templo del Sol”, con Tintín y Haddock en una expedición al Perú para rescatar a Tornasol, secuestrado por los incas.

En septiembre de 1944 la publicación de “Las 7 bolas de cristal” se interrumpe por la liberación de Bruselas. Días después, los mandos Aliados publican un aviso por el cual se prohíbe “momentáneamente” el ejercicio de la profesión a todos los periodistas o dibujantes que hubieran colaborado en la redacción de cualquier periódico durante la ocupación alemana. Aunque Hergé no había colaborado nunca políticamente, había estado publicando sus historias durante cuatro años en “Le Soir”, por lo tanto esas medidas lo afectaban directamente.

Fui arrestado cuatro veces, cada vez por servicios diferentes. Aunque no estuve entre los procesados de Le Soir, me citaron como testigo. De hecho, uno de los abogados de la defensa preguntó: “¿por qué no han detenido a Hergé?” a lo que el auditor militar respondió: “porque me hubiera puesto en ridículo…".

Se le prohibió a Hergé publicar por un tiempo, lo que alteró su estado psíquico. Sin embargo, en septiembre de 1946 resurgen las aventuras de Tintín, con el final de “Las 7 bolas de cristal” y su continuación, “El Templo del Sol”. En estos casos, en un nuevo periódico: “Tintín”. Continúan apareciendo sus historias: termina la interrumpida “Tintín en el país del Oro Negro” (en la que aparece Haddock sorpresivamente al final, como una muestra más del largo tiempo que pasó entre el momento en que comenzó a escribirla y su final), “Objetivo: la Luna” y su continuación “Aterrizaje en la Luna”, en la que Tintín se transforma en el primer hombre en pisar la Luna más de diez años antes que Neil Armstrong, “Stock de Coque”, una historia sobre el tráfico de esclavos, y “El asunto Tornasol”. En esta última historia retoma el contenido político, creando en países imaginarios (Borduria y Syldavia, que ya existían en “El cetro de Ottokar”) líderes de apellidos sugestivos como “Musstler”, en clara alusión a Mussolini y Hitler; la historia es atraparte y muy bien elaborada, con intriga y espionaje internacional. A mediados de los años cincuenta, se vendían un millón de álbumes de Tintín por año.

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Hacia fines de los cincuenta comienza un período de trastornos personales para Hergé: se separa de su esposa, eso lo lleva a un estado de gran angustia y comienza a psicoanalizarse. “En un momento de mi vida me encontré en circunstancias tales que decidí recurrir a un psicoanalista. Fui a ver al profesor Ricklin, discípulo de Carl Jung. Atravesaba una crisis moral bastante grave: estaba casado y amaba a otra mujer (Fanny Vlaminck). Ricklin me dijo: “debe matar usted al demonio de la pureza”. Eso significaba invertir completamente mi escala de valores. Fue un enorme golpe para mí. A pesar de todo, logré terminar “Tintín en el Tibet” y reponerme de tanto dolor personal.”

Aún con altibajos anímicos y en plena crisis personal, viaja frecuentemente y continúa creando historias. “Tintín en el Tibet” (1960), una historia de amistad en la que Tintín va con el capitán Haddock a las cumbres del Himalaya a rescatar a su amigo Tchang (en esta aventura se puede apreciar la mayor cantidad y variedad de insultos diferentes por parte del capitán, en este caso dirigidos al yeti); “Las joyas de la Castafiore” (1963), única historia que transcurre por completo en el castillo de Moulinsart, con la insufrible soprano Bianca Castafiore acosando al pobre capitán, que para colmo está enyesado y en silla de ruedas. Más tarde llegarán “Vuelo 714 para Sidney” (1968), en la que se introduce por primera vez un elemento de ciencia ficción, y “Tintín y los Pícaros” (1976), una parodia de los interminables conflictos de poder latinoamericanos, con el general Alcázar, que ya había aparecido en otras historias, como referente local.

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Hergé fue galardonado con muchísimos premios y reconocimientos. En 1973 es invitado a China oficialmente (la primera invitación había sido en... 1939!) por el gobierno de Chang Kai-Check con motivo de “los servicios prestados a la causa china” en “El Loto Azul” y en 1979 es celebrado el quincuagésimo aniversario de Tintín con todos los honores en París y en Bruselas. En 1981, luego de muchas gestiones, se reencuentra en Bruselas con su viejo amigo Thang Tchong-Jen (en honor a él es el personaje de Tchang de “El Loto Azul”, que reaparece en “Tintín en el Tibet”), lo que resulta en un acontecimiento de alto impacto, siendo su amigo recibido como una celebridad.

Hergé anuncia más tarde que está trabajando en una historia relacionada con el arte moderno (“Tintín y el arte alfa”, historia que quedaría inconclusa) y sus apariciones públicas son cada vez menos frecuentes. Sufría de anemia desde hacía varios años, y fue hospitalizado el 25 de febrero de 1983, tras un fallo pulmonar. Muere el 3 de marzo a las 22hs en la clínica universitaria de Saint-Luc, en los suburbios de Bruselas.

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Pero Tintín, claro, sobrevivió. Y Milú. Y el capitán Haddock. Y el profesor Tornasol. Y Hernández y Fernández. Con sus distintos nombres en los muchísimos idiomas en los que han sido publicados. Todos sobrevivieron. Más aún: nunca morirán.

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