PersonajesBonavena | Ringo | Argentina | Chacarita | Omar López Mato

Hace 43 años era asesinado Ringo Bonavena

En una tarde gris y lluviosa porteña, hace 43 años, una triste noticia recorrió todo el país: "lo mataron a Ringo, lo mataron de un balazo en el corazón en Reno, Nevada".

Fue el 22 de mayo de 1976, en plena dictadura salvaje, cuando la conmoción popular corrió por dos senderos encontrados. Porque unas horas antes de que Víctor Galíndez protagonizara su épica y sangrienta victoria ante el estadounidense Richie Kates, una noticia cruel perforó la sensibilidad de los argentinos: Oscar Natalio Bonavena, el grandote fanfarrón, que de provocador resistido había ascendido al rango de ídolo nacional por sus travesuras de pícaro de barrio, ocurrente y mediático, pero -especialmente- por su imagen de guapo boxeador, moría asesinado a la salida de un burdel en Reno. Tenía apenas 33 años. Cinco días después una multitud de más de 100 mil personas despidió sus restos tras un velatorio en el Luna Park y en el recorrido hasta la Chacarita.

Pasada la medianoche del 21 de mayo de 1976 Bonavena estaba jugando en el Casino Harra's y recibió un curioso llamado telefónico. Ringo tenía todo programado para regresar a Buenos Aires la noche siguiente, la del 22 de mayo de 1976 en Aerolíneas Argentinas vía Los Ángeles. No obstante entre las 6:15 y las 6:30 de la mañana del 22 de mayo, según el Sheriff Bob De Carlo, Ringo salió velozmente en su auto desde el casino hacia el Mustang Ranch.

Apenas amanecía cuando Ringo bajó de su coche, a las puertas del Mustang Ranch y anunció a los gritos que iba a entrar. John Coletti, uno de los guardaespaldas de Conforte, le pidió que se retirara, pero él avanzó. Le advirtieron que Joe no lo iba a recibir, pero dijo que iba a entrar igual, que él y Coletti eran amigos, que no podía hacerle eso… Estaban hablando cuando, de la nada se escuchó un tiro, y Ringo se desplomó. Willard Ross Brymer, otro de los guardaespaldas, le había disparado desde lo alto y una d bala le atravesó el corazón.

*

Todos quieren ver en Bonavena y su trágico final una metáfora del país, la historia de un gigante que cae víctima de su propia vanidad y arrogancia. También lo quisieron ver en la muerte ridícula del Mono Gatica o en el violento epílogo de la vida de Carlos Monzón, o en el final azaroso de Galíndez.

De todos ellos, Ringo es el más adentrado en el imaginario popular, un fenómeno que no se ha vuelto a repetir. Bonavena era el bravucón corajudo que puso toda la carne al asador en el cuadrilátero, el que ganó fama y dinero con algo de astucia criolla, una pizca de picardía porteña y un sentido del humor que lindaba con la insolencia. Un hombre con “muchas horas de vuelo” que despertó odios y amores, jamás indiferencia. Ringo era audaz y jocoso, generoso y, a su vez, un vivo que amasó una fortuna jugando al pibe simpático de barrio mientras calculaba sus ganancias a golpe de efecto publicitario.

En el fondo, como diría Mohamed Alí, Ringo se hacía el payaso, pero terminaba riéndose de todo el mundo. Él montaba su espectáculo para que los giles lo consumieran y de Ringo se podrán decir muchas cosas, pero no era ningún gil.

A Bonavena le preocupaba cómo terminaban los boxeadores, con el cerebro exprimido por los golpes y la vida misma. Hoy Mohamed Alí es una marioneta acartonada por el Parkinson, y Frazier es un demente con el cerebro hecho puré por las trompadas. ¿Acaso esta trágica función final del Mustang Ranch (el burdel de Joe Conforte) no fue el afloramiento de una demencia ganada a fuerza de machucar su cerebro a golpes? El Ringo que conoció Sally (esposa del mafioso Joe Conforte) no era el mismo que hablaba con el león del zoo desde su piso en Av. Libertador, o el que predicaba sobre política y psicoanálisis en los medios de Argentina o el que hablaba de Cristo a Dorita (su esposa y madre de sus dos hijos) por teléfono mientras trataba de hacerse el regente de un prostíbulo en Nevada (estado donde la prostitución es legal).

La muerte de Oscar Ringo Bonavena en el ápice de su carrera, más su prestigio de guapo, bien ganado en el cuadrilátero, y las miles de anécdotas graciosas que se le atribuyen, le aseguraron un lugar en la mitología nacional.

¿Pensaba Ringo que podía esquivar su destino? ¿Por qué aceptó el contrato de un ilustre desconocido, ajeno al mundo del box, como lo era Joe Conforte?

La realidad nos llega de a pedacitos y la información fragmentada haciéndonos perder la trama del relato, si no conocemos el día después, cuando la historia adquiere dimensiones abarcativas.

RINGO_soy del pueblo
Soy del pueblo: Ringo Bonavena - Canal Encuentro.

Del libro Ringo & Joe, de Omar López Mato - Disponible en la tienda online de OLMO Ediciones

Dejá tu comentario