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Guerras Napoleónicas: La batalla de Borodinó y el principio del fin

Para muchos Napoleón Bonaparte fue un genio, pero para los rusos se convirtió en un demonio, la bestia, el 666, según nos cuenta León Tolstói en su monumental «Guerra y Paz». En poco tiempo los franceses habían llegado a las afueras de Moscú, ante la política de tierra rasa adoptada por Mijaíl Kutúzov (siguiendo la política del antiguo general en jefe del ejército ruso, Mijaíl Barclay de Tolly). El 7 de septiembre de 1812, a menos de 150 Km de Moscú, el ejército ruso esperó el ataque de la Grande Armée. Fue el principio del fin de los sueños imperiales de Napoleón.

El ejército ruso alineó a más de 150.000 hombres en las afueras de Borodino. Además del ejército regular, se habían sumado 10.000 cosacos y 30.000 milicianos dispuestos a defender a la Madre Rusia.

Los franceses contaban con 133.000 soldados y casi 600 cañones. Era un ejército fogueado en mil batallas, el terror de Europa, pero que había extendido sus líneas desde Portugal hasta Moscú. Mientras los milicianos españoles y el ejército de Wellington debilitaban a los invasores, Napoleón pretendía doblegar al Imperio Ruso.

Era una ambición desmedida a toda vista y, sin embargo, Napoleón creía que lo podía llevar adelante. Para cumplir su cometido dispuso sus tropas para un ataque frontal, seguro que una arremetida de su Guardia Imperial pondría en desbande a los rusos.

El príncipe Murat avanzó al frente de la caballería e infantería hasta atravesar las líneas enemigas. El ataque parecía definitorio, hasta que Kutuzov dispuso sus reservas a fin de recuperar el terreno perdido. La batalla se convirtió en una carnicería. Sin embargo, la artillería francesa desbarató el intento y al caer la noche, los rusos optaron por retirarse más allá de Moscú, dejando el camino libre a los franceses. Más de 100.000 proyectiles de cañón habían atravesado el campo de batalla.

Borodino

Fue una victoria pírrica, los invasores dejaron 30.000 muertos en el campo de batalla, que incluía a 48 generales. Los rusos perdieron 45.000.

Si bien Moscú cayó, Kutuzov bloqueó el camino hacia San Petersburgo y el ejército francés debió enfrentarse en pocos meses a las armas más letales de los zares, el General Invierno.

Tchaikovsky le puso música a la épica en su Obertura 1812, donde se escuchan los compases de la Marsellesa con el ruido de los cañones, que marcaron el ritmo de esa jornada. El principio del fin del sueño napoleónico. También fue reflejada en varias películas, entre ellas se destacan la versión de King Vidor de 1956, con Henry Ford y Audrey Hepburn (premiada con el Oscar), y la megaproducción rusa de 1967 dirigida por Sergéi Bondarchuk, uno de los films más caros de la historia (también premiada con el Oscar a mejor película extranjera).

Tchaikovsky - 1812
BORODINO

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