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Goya y la gesta del 2 de mayo

El 2 de mayo, el pueblo Madrid, al enterarse que los franceses se llevaban al último miembro de la familia real, se rebeló contra el invasor, atacando a las tropas en distintos lugares de la ciudad, sufriendo una feroz represión que fue inmortalizada por Goya, testigo del coraje de los madrileños y su posterior ejecución. Sin embargo, Goya continuó sirviendo a José Bonaparte.

De todos los pintores decimonónicos, quizás el más difícil de encasillar en un estilo es Francisco de Goya y Lucientes. Por un lado, utilizaba técnicas propias del neoclasicismo para sus obras como pintor oficial de la corte, pero recurrió a un expresionismo contundente en sus dibujos más intimistas, con marcadas connotaciones políticas y sociales. Goya preanuncia el romanticismo, el impresionismo y, como ya dijimos, el expresionismo, corrientes estéticas que irrumpirán a fines del siglo XIX. En Goya coexiste el artista al servicio del poder y el crítico amargo del sistema; es el pintor de reyes y a su vez el observador despiadado que plasma la cruda realidad sin concesiones.

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Francisco de Goya y Lucientes.
Francisco de Goya y Lucientes.

La larga vida del pintor le permitió ser testigo de intrigas palaciegas y los cambios en las mareas de los tiempos, el auge y la abrupta declinación de la Inquisición, las glorias y los desmanes napoleónicos, los tímidos comienzos del liberalismo español (al que el pintor adhería sin vehemencia), el resurgimiento de los Borbones y la caída en desgracia de los liberales bajo el gobierno hipolúcido de Fernando VII. Muchas cosas vio Goya a lo largo de su vida y de ellas plasmó su versión de los hechos.

No fue Goya un valiente patriota ni un majo pendenciero, como pretenden retratarlo, sino un esforzado artista proclive a hacer concesiones, ocultando bajo simbolismos crípticos sus opiniones políticas en sus pinturas académicas, pero que expresó sin tapujos en sus obras más íntimas como Los caprichos, la serie de “La Quinta del Sordo”, y Los desastres de la guerra de Independencia.

A lo largo del reinado de José Bonaparte, Goya continuó al servicio del rey francés y pintó su retrato, hoy extraviado. Ante el impensado retorno de Fernando VII, Goya pidió permiso para realizar una serie de cuadros para exaltar el coraje del pueblo español y “perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones de nuestra gloriosa insurrección”.

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        <p><i>Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío o Los fusilamientos del 3 de Mayo • </i>Francisco de Goya • 1814 • Museo del Prado, <a href=Madrid, España.

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Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío o Los fusilamientos del 3 de Mayo • Francisco de Goya • 1814 • Museo del Prado, Madrid, España.

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        <p><i>El 2 de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos • </i>Francisco de Goya • 1814 • Museo del Prado, Madrid, España.</p><p></p>

El 2 de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos • Francisco de Goya • 1814 • Museo del Prado, Madrid, España.

La serie inspirada en el 2 y 3 de mayo de 1808 son obras maestras del artista donde refleja con maestría la resistencia del pueblo y la feroz represión que debió soportar. (Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío y La carga de los mamelucos fueron trasladados a Ginebra durante la Guerra Civil española. Lamentablemente se dañaron durante el viaje y debieron ser restauradas en varias oportunidades). En Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío, los soldados franceses se muestran como una aceitada máquina de matar. El pueblo español fue representado por este hombre de piel oscura y camisa blanca que aparece con los brazos en cruz y las manos estigmatizadas, como las de Cristo. Un cura, el franciscano Gallego Dávila, está a su lado defendiendo la patria y la religión del invasor impío. Sin embargo, en estos fusilamientos no hay un héroe. El pueblo comprometido en la defensa de Madrid es el gran actor de la gesta emancipadora. Si bien hubo tropas españolas, en la revuelta fue la masiva asistencia del pueblo la que cuenta. Goya recurre a un colectivismo anónimo del que la Iglesia no podía estar ausente.

Muy probablemente, el artista haya presenciado esta matanza a través de un catalejo que le permitió seguir los acontecimientos cómodamente desde su hogar, sin exponerse a la furia represora. Sin embargo, estos cuadros son el mejor homenaje al coraje de los españoles.

Goya continuó al servicio de Fernando VII, pero éste había perdido el encanto de su juventud y había traicionado las esperanzas liberales depositadas en él. Para todos había dejado de ser “el Deseado” y se había convertido en un rey absolutista que no simpatizaba con este pintor sordo y hosco. De hecho, los retratos que Goya pintó de Fernando eran copias de unos apuntes que pudo tomar a las apuradas. El rey jamás volvió a posar ante el pintor de la corte.

Extracto del libro La Marea de los Tiempos de Omar López Mato (Olmo Ediciones).

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