Fray Bartolomé de las Casas

Primeros años

Bartolomé de las Casas nació en San Salvador, en el centro de Sevilla, en 1484, probablemente un 16 de noviembre. Durante siglos existía la creencia de que había nacido en 1474, hasta que en la década de 1970 se descubrieron documentos en el Archivo General de las Indias que demostraban el año exacto de su nacimiento.

Su padre era Pedro de las Casas, un comerciante de familia emigrada desde Francia para establecerse y fundar la ciudad de Sevilla. En 1493 Pedro de las Casas acompañó a Colón en su segundo viaje a América. En 1502 Bartolomé acompañó a su padre en la expedición de Nicolás de Ovando, nombrado nuevo gobernador de La Española. Allí se convirtieron en agricultores y propietarios de esclavos, llegando a participar incluso en expediciones militares contra los nativos.

Veinticinco años después, en su Historia del las Indias, narró Bartolomé su alegría al poder participar en estas campañas que le permitirían hacer prisioneros que serían legalmente esclavos, a diferencia de las irregulares capturas y ventas de indios pacíficos, objeto de investigaciones y prohibiciones por parte de la administración.

En 1510 llegaron al Nuevo Mundo los primeros dominicos liderados por el fraile Pedro de Córdoba, horrorizados por las injusticias de los esclavistas contra los indios. En vista de la situación, negaron el derecho de confesión a los propietarios de esclavos. A Bartolomé, quien trabajó para ellos como intérprete en su predicación a los indios, también le fue negado ese derecho.

Su amistad con la familia Colón le llevó a Roma entre 1506 y 1507, acompañando al hermano del Almirante, y allí se ordenó de sacerdote. Regresó a La Española, donde dice la primera misa nueva de América y continúa con sus explotaciones, que pronto abandonó para seguir a su amigo Diego Velázquez a la conquista de Cuba, donde sería capellán de la compañía de Pánfilo de Narváez.

Conquista de Cuba

En 1512 Bartolomé partió como capellán de la compañía de Pánfilo de Narváez que partió hacia Cuba junto a Diego Velázquez para conquistar la isla. En Cuba estuvo presente en campañas por Bayamo y Camagüey, así como la que costó al vida al cacique Hatuey, siendo testigo de numerosas atrocidades cometidas contra los nativos.

En 1513, después de la matanza de Caonao, Narváez le cuestionó: “¿Qué parece a vuestra merced destos nuestros españoles qué han hecho?” formulando la pregunta como si el mismo no tuviese que ver con esas acciones. Bartolomé le respondió:

Que os ofrezco a vos y a ellos al diablo

Como pago a sus servicios durante la conquista, le fue entregada una encomienda junto a su amigo Pablo de la Rentería, cerca de Cienfuegos, a la que muy pronto renunció públicamente el 15 de agosto de 1514, a la edad de treinta años, con un sermón en Sancti Spíritus.

Protector de los indios

En 1515 Bartolomé se trasladó a Santo Domingo, donde se vinculó con los frailes dominicos. Rápidamente se dio cuenta de que tendría que llegar hasta España para luchar contra la esclavitud y el abuso contra los nativos. Con la ayuda de Pedro de Córdoba y acompañado por Antonio de Montesinos, se fue a España en septiembre, para llegar a Sevilla en noviembre.

Bartolomé llegó a España con la idea de convencer al rey de poner fin al sistema de encomiendas, a pesar de que la mayor parte de los poderosos eran ellos mismos encomendados o recibían algún tipo de riqueza mediante trabajo esclavo indio. Aunque el rey Fernando el Católico estaba enfermo, Bartolomé, gracias a una carta de presentación que la facilitó el Arzobispo de Sevilla Diego de Deza, pudo reunirse con el monarca.

Allí le leyó al rey un memorial sobre lo que estaba sucediendo en Cuba, primero de la larga serie de escritos de denuncias y de remedios con que azotará la corte durante toda su vida. A la muerte del rey se entrevista con los regentes Cisneros y Adriano de Utrech y les dirige el Memorial de remedios para las Indias de 1516. En este documento se defendía la importación de esclavos desde África para aliviar el sufrimiento de los indios, postura de la que Bartolomé se retractara después, llegando a convertirse además en defensor de los esclavos africanos.

La mera explotación del indio quedaba substituida por un período de evangelización e instrucción en técnicas agrícolas europeas, y por la fusión de las razas que resultaría de la convivencia, pero el proyecto no llegó a alcanzar los resultados esperados.

Los regentes pusieron entonces el gobierno de La Española en manos de tres frailes jerónimos, como expertos en explotaciones agrícolas, con Bartolomé como consejero y con el título de Protector de los Indios en 1517. El fracaso de este modelo fue inmediato: los nuevos gobernadores se dejaron ganar por los intereses de los colonos y el protector de indios regresó a España, donde consiguió hacerse oír por Carlos I y sus ministros y promover otros dos proyectos que no llegaron tampoco a fructificar.

En 1521 se dirigió a Puerto Rico y recibe la terrible noticia de que el convento de los dominicos en Chiribichi había sido saqueada por los indios, acción que provocó una expedición armada dirigida por Gonzalo de Ocampo hacia el territorio que Bartolomé pensaba pacificar. Los indios había sido provocados para atacar a los monjes por las redadas de esclavos repetidas por los españoles que operan a partir de Cubagua. De Las Casas partió entonces hacia La Española para presentar una queja ante la audiencia que terminó en fracaso.

A principios de 1522 Bartolomé abandonó el asentamiento para quejarse a las autoridades del hostigamiento a que era sometido por los españoles pescadores de perlas de Cubagua que comerciaban esclavos con los nativos a cambio de alcohol. Durante su ausencia los nativos caribes atacaron el establecimiento de Cumaná y mataron a cuatro de sus hombres, acción utilizada por sus detractores como ejemplo de que era necesaria la fuerza militar para pacificar a los indios.

Hacia 1527, a la par que estudiaba leyes y teología, y mantenía una creciente correspondencia con la corte y con amigos de España, escribió Historia de las Indias,[2] donde pensaba organizar en décadas las numerosas noticias y documentación que iba acumulando.

En 1534, las noticias llegadas de la conquista del incario lo animaron a ir a misionar al Perú, pero el viaje se frustró, y tuvo que conformarse con iniciar un período de gran actividad en Nicaragua y Guatemala, donde concibió el proyecto de evangelización pacífica, sin colonización, del territorio de Tuzulutlán (actual Vera Paz).

Salió de Guatemala hacia México, donde permaneció durante más de un año antes de salir para España en 1540. Esta vez entró por Lisboa, y allí por los dominicos que le alojaron en el convento de São Domingos, de su preocupación por la trata de esclavos negros, para entonces más pujante que la de los indios. Lo que allí aprendió sobre la captura de esclavos en las costas de Guinea le hizo convertirse en enemigo de cualquier esclavitud.

En 1542 presentó ante la corte española un relato de las atrocidades cometidas contra los indígenas de las Indias, argumentando que la única solución era eliminar el sistema de encomiendas. El 20 de noviembre de 1542 se firmó finalmente una ley que eliminó las encomiendas y declaró ilegal el uso de indios como portadores a menos que no se disponía de otros medios de transporte, eliminando además toda forma d esclavitud para estos.

También se eximió a los pocos indios sobrevivientes de La Española, Cuba, Puerto Rico y Jamaica del tributo y todo tipo de servicio personal.

Las reformas fueron tan impopulares en América que estallaron todo tipo de disturbios llegándose incluso a amenazar la vida de Bartolomé. El virrey de Nueva España, decidió no aplicar las leyes en su dominio y en su lugar envió a un grupo a España para argumentar en contra de estas leyes.

Obispo de Chiapas

En 1545 Bartolomé tomó posesión de la recién creada diócesis de Chiapas, de la cual fue nombrado obispo. Fiel a sus principios, emitió una carta pastoral el 20 de marzo de 1545 en la que negaba la absolución a los dueños de esclavos y encomenderon, aún en su lecho de muerte, a menos que estos hubieran puesto a sus esclavos en libertad retribuyéndoles los bienes que les hubieran sido arrebatados. Amenazó además con la excomunión a cualquier persona que maltratara a los indios.

Rápidamente entró en conflicto con varios personajes influyentes, entre los que se encontraba el obispo de Guatemala Francisco Marroquín, quien desafió abiertamente las nuevas leyes, que tuvieron que ser derogadas el 20 de octubre.

Bartolomé se volvió tan impopular entre los españoles de la zona que tuvo que renunciar a su diócesis. Su último acto como obispo de Chiapas fue escribir un confesionario, un manual para la administración del sacramento de la confesión de su diócesis, donde todavía se negaba la absolución a los encomenderos no arrepentidos. Se marchó a Europa llegando primero a Lisboa en abril de 1547 y finalmente a España en noviembre de ese año.

Los debates de Valladolid

A su llegada a España Bartolomé fue recibido con una andanada de acusaciones, ya que su oposición al trabajo esclavo y las encomiendas, era visto como una negación de la legitimidad de la dominación española en sus colonias, y por lo tanto, forma de traición. En 1548 la Corona decretó que todas las copias del Confesionario escrito por Bartolomé, fueran quemadas. Este se defendió argumentando que los españoles solo podrían reclamar derechos sobre las propiedades del Nuevo Mundo a través del proselitismo pacífico, que toda guerra era ilegal e injusta y que solo a través del mandato papal, y llevando el cristianismo a los pueblos paganos sin ningún tipo de violencia.

El libro fue considerado un error por los teólogos de Salamanca y Alcalá, por contender según ellos, posturas erróneas.

Con el fin de resolver estas cuestiones, se organizó un debate formal, conocido como debate de Valladolid, que tuvo lugar entre 1550 y 1551, con Bartolomé defendiendo sus ideas frente al doctor en teología y derecho Juan Ginés de Sepúlveda.

Este último sostenía que la esclavitud y el sometimiento de los indios estaba justificado por causa de sus pecados como paganos y que su bajo nivel de civilización, requería que fueran pacificados y enseñados por los españoles. Bartolomé por su parte argumentó que los indios si tenían cierto nivel de organización social y que la misión de paz era la única manera de lograr la conversión de los nativos, además de que estos preferían el sufrimiento a manos de tribus más fuertes, al que eran sometidos por los españoles.

El debate quedó inconcluso, pues los jueces nunca llegaron a pronunciarse.

Últimos años

Bartolomé pasó sus últimos años trabajando en estrecha colaboración con la corte imperial en los asuntos relacionados con las Indias. Siendo una especie de procurador, la nobleza indígena llegó incluso a visitar España para contarle sus casos. Su influencia en la corte llegó a ser tan grande en temas relacionados con el Nuevo Mundo, que algunos incluso consideran que él tenía la última palabra en la elección de los miembros del Consejo de Indias.

En 1561 terminó su Historia General de las Indias, que no fue publicada hasta 1875. Vivió sus últimos cinco años en el convento de Atocha de Madrid, donde murió el 18 de julio de 1566. Por decisión testamentaria, sus papeles quedaron en el colegio de San Gregorio de Valladolid para no ser leídos por extraños ni publicados hasta pasados cuarenta años de su muerte, cláusula que se cumplió sólo en parte, pues en 1571 Felipe II ordenó trasladar al Escorial todos estos documentos para ser puestos a disposición y cuidado de su cronista oficial, Antonio de Velasco.

Obras

  • Historia de la destrucción de las Indias
  • De único vocationis modo, conocida en español como Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión, 1537
  • Brevísima relación de la destrucción de las Indias
  • Los dieciséis remedios para la reformación de las Indias
  • Apologética historia sumaria
  • De thesauris
  • Treinta proposiciones muy jurídicas

Texto extraído del sitio https://www.ecured.cu/Fray_Bartolom%C3%A9_de_las_Casas

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