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Fin de la guerra entre Irán e Irak

La guerra entre Irán e Irak finalizó en agosto de 1988; duró ocho años y dejó un millón de muertos. En términos territoriales, el resultado no fue concluyente; ninguno de los dos países aumentó su espacio territorial; en términos del equilibrio de poder en la zona, sin embargo, Irak ganó de forma decisiva.

El conflicto tenía sus raíces en dos cuestiones de larga data: una antigua disputa territorial sobre las márgenes del Shatt al-Arab, río formado por la confluencia del Tigris y el Éufrates (zona rica en petróleo, por supuesto) y las sospechas de Saddam Hussein sobre las posibilidades de que el régimen islámico de Teherán alentara la rebelión entre la importante población chiíta iraquí. Saddam tuvo también en cuenta, en su decisión de invadir Irán, el aislamiento internacional del régimen teocrático del ayatollah Khomeini, por entonces enfrentado a EE.UU. (recordar el asalto de la embajada y toma de rehenes) y a la URSS. O sea, veía a Irán como debilitado, a punto caramelo para ser atacado.

En septiembre de 1980, las tropas iraquíes lanzaron un ataque que, pese a conseguir avances en torno a unos cien kilómetros, no fue suficiente para doblegar la resistencia de las milicias iraníes formadas por los Guardianes de la Revolución. Se inició así una larga guerra en la que se utilizó abundante armamento suministrado por países extranjeros.

La mayoría de los observadores internacionales habían previsto otro final (los observadores internacionales son geniales, casi nunca pegan una). Irán, con una población que triplicaba a la de su enemigo y encendido con la pasión fundamentalista musulmana, aparecía como un probable vencedor. Pero resultó que Irak contaba con más aliados. Veamos: Arabia Saudita y Jordania, temiendo la difusión de la revolución islámica, apoyaron a Irak. Francia, que dependía del petróleo iraquí, también. Kuwait (a pesar de que se declaró neutral) y otros estados árabes (uno de los rasgos del conflicto era el histórico enfrentamiento entre árabes y persas) también se pusieron del lado de Irak, que como frutilla del postre también fue apoyado por los EEUU y por la URSS, al principio tácitamente pero de manera más evidente y visible a medida que el conflicto avanzaba. Del otro lado, sólo los líderes de Siria (Muhammad Ali a-Halabi) y Libia (Muhammad Khadaffi), rivales de Saddam Hussein, apoyaron a Irán.

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Saddam Hussein
Saddam Hussein

La guerra estuvo en un punto muerto durante años, con ambos bandos atacando ciudades, refinerías y remesas de petróleo, con Irán enviando a miles de jóvenes mal armados en ataques masivos hacia la muerte. Pero Irak desplegó más armas, incluido el gas venenoso aplicado contra los pueblos kurdos pro-iraníes, a pesar de la prohibición internacional sobre ese tipo de armas. Pese a ser visto como un freno a la expansión del islamismo radical de Khomeini, el régimen de Saddam Hussein empezó a ser cuestionado internacionalmente ante la evidencia de la utilización de esas armas químicas. Lo amonestaron un poco, bah.

Como si algo faltara, EEUU apoyaba cada vez más a Irak. Desde 1983 EEUU apoyaba a Hussein a través de créditos y de información satelital, y ejerciendo influencia sobre sus aliados para que le vendieran armas a Saddam. En 1987, escoltas navales dirigidos por norteamericanos comenzaron a proteger los depósitos petroleros del “neutral” Kuwait (que en realidad era pro-iraquí) en el Golfo Pérsico y a bombardear cañoneras iraníes.

La economía y la moral de Irán se hundieron y, en julio de 1988, después de que el crucero norteamericano “Vincennes” derribara “por accidente” un avión de pasajeros iraní con 290 personas, el ayatollah Khomeini se dio cuenta de la inutilidad de luchar contra las superpotencias y revirtió su negativa testaruda a llegar a cualquier tipo de acuerdo. Calificando su propia decisión como “más mortal que ingerir veneno” (Khomeini siempre con su dramatismo a flor de labios) aceptó un alto en fuego propuesto por la ONU.

IRAN

La guerra acabó en una especie de empate y las pérdidas humanas fueron enormes. Se habla de un millón de bajas, pero hay que fuentes que doblan esa cifra, con Irán como el país que sufrió más duras pérdidas.

Consumado el rersultado, el año siguiente Saddam Hussein fue por más: con intención de dominar la zona y de recuperar los costos de la guerra contra Irán, Saddam invadió el emirato de Kuwait. La guerra del Golfo de 1991 fue el resultado de esa nueva agresión del dictador iraquí.

Una guerra siempre sirve para establecer las bases de otra que vendrá después.

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