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Félix de Azara: El científico y humanista

Félix de Azara nace en Barbuñales, cerca de Barbastro (Huesca) el 18 de mayo de 1742 y muere el 20 de octubre de 1821 en la misma población. Era el tercer hermano de una familia ilustre. Su etapa de formación comenzó a los once años en la Universidad de Huesca, para seguir la carrera militar en el «Colegio de Artillería» de Segovia, en contra de lo que sus padres hubiesen deseado. Ya cadete, pide licencia para realizar estudios de matemáticas, en una de las escuelas más prestigiosas de la época, la de Pedro Lucule, famoso profesor de Ingenieros Militares. Cuatro años después recibe el despacho de «Subteniente de infantería e ingeniero delineador de los ejércitos nacionales, plazas y fronteras» y comienza el ejercicio de su profesión con una preparación sólida y moderna.

En 1775 tomó parte en la expedición contra Argel y en las operaciones de desembarco fue herido y dejado por muerto en la playa: «Los cuidados de un amigo y la osadía de un marinero que le sacó la bala con un cuchillo lo volvieron a la vida». En 1777, España y Portugal, siempre en litigio sobre la demarcación de sus fronteras en América, fijaron en el tratado de San Ildefonso las bases para resolverlo, cuya ratificación se verificó por la paz de «El Prado» en 1778. Ambos países nombraron sus comisionados para determinar sobre el terreno los limites de sus posesiones. Félix de Azara fue nombrado por la parte española, agregándose a la marina con el grado de teniente coronel de ingenieros. En 1781 parte desde Lisboa, rumbo a Río de Janeiro en un buque portugués (por hallarse España en guerra contra Inglaterra). En este viaje, Félix de Azara recibió el despacho de Capitán de Fragata, porque el rey dispuso que los comisionados fueran todos oficiales de marina y, como capitán de navío, firmó su «Geografía Física y Esférica» y pasó a la posteridad en el cuadro donde Goya le retrató.

El periodo que media entre su llegada a Buenos Aires en 1781 y su vuelta a España en 1801 es el más interesante y productivo de la vida de Félix de Azara , destacando como ilustre militar, brillante ingeniero, exacto geógrafo, sagaz etnógrafo, experto fundador de colonias y ciudades, pero sobre todo como singular y relevante naturalista.

AZARA COMO NATURALISTA

Félix de Azara se encuentra en la América Meridional alejado del mundo culto y en la inactividad de su forzado retiro, porque la Corona le había encomendado una misión pero no había asignado el suficiente presupuesto. Su espíritu investigador e inquieto le hace viajar, observar la flora, la fauna, los indígenas, tomar apuntes y sacar conclusiones que, en un principio, fueron autodidactas. Es, por lo tanto, de capital importancia la lectura que hace en 1796 de la obra de Buffon, naturalista francés, máxima autoridad en la época. La primera reacción tras la lectura fue de desánimo: «Suspendí por algún tiempo, este nuevo, diverso y difícil trabajo, juzgándolo superior a mis luces». Para convertirse en un acicate, al observar los errores que contenía la obra de Buffon, propios de un maturalista de gabinete: «Pero, reflexionando, observé lo útil que es siempre destruir errores».

La lectura de Buffon supone para Félix de Azara el centrar sus investigaciones; pues a él, por ser autodidacta en la materia, le faltaba una estructura científico-naturalista, donde pudiera ir apoyando sus investigaciones y este entramaje se lo dió el libro de Buffon. Por ello, a partir de ahora, las investigaciones de Azara van a tener como contrapunto la ciencia de Buffon. En primer lugar, rectificando aquellos errores que Azara detecta en los libros de Buffon. Estos se debían fundamentalmente, al método seguido en la recopilación de datos. Sin embargo, en este aspecto, Félix de Azara es extremadamente riguroso, pues se basa en la observación directa y en una meticulosa elaboración. Siendo esto uno de los grandes aciertos de las investigaciones de Azara que pone de manifiesto su sagacidad en la recogida de datos y su base científica fundamentalmente empírica.

Conforme Azara va conformando su propia estructura científica basada en sus observaciones, se va alejando del «Modelo Creacionista» y la «Teoría Fijista» en la que se apoyaban Buffon y los naturalistas de la época. Para ellos, estas teorías eran un fiel reflejo, en las Ciencias Naturales, de las tesis de Newton, quien afirmaba que en el universo rige un orden perfecto al modo de una maquinaria de relojería y que el universo es un sistema cerrado en cuanto a sus posibilidades. Precisamente, en aceptar el orden cerrado, o no, en cuanto a posibilidades, está la clave de la diferencia de los planes de investigación entre los naturalistas del s. XVIII y del s. XIX.

Por ejemplo, Azara había observado diferencias entre los animales de una misma especie que no se debían a una causa superficial (Tesis Fijista) sino a una causa interna. El no sabía explicar los mecanismos de la evolución, pero observa que existe, en el ser vivo, la posibilidad de cambiar, con lo cual introduce el desorden, algo se escapa a la perfecta armonía del universo newtoniano y además se acerca al concepto de mutación de la biología moderna.

Resumiendo, podríamos decir que la singularidad de Azara, su importancia como naturalista, no está en la formulación de hipótesis, sino en la ruptura del orden científico del s.XVIII, abriendo un abanico de posibilidades a los programas de futuros investigadores. Desde esta perspectiva podemos afirmar que Azara fue un precedente de la «Teoría de la evolución de las especies» de Darwing.

AZARA COMO HUMANISTA

Azara, por ser un hombre ilustrado, es un polifacético que no sólo centra sus investigaciones en aquello que es cuantificable y medible, es decir, las Ciencias de la Naturaleza, sino que dedica gran parte de su trabajo al estudio del hombre desde varias perspectivas:

Como etnógrafo, haciendo una interesante y sagaz recopilación de datos sobre las costumbres, formas de vida y relaciones humanas de los indios salvajes de la América Meridional.

Como filósofo, interviniendo en la polémica que se suscita a raíz del Descubrimiento de América sobre el origen de los indios y si el «indio» es un ser racional y, por lo tanto, hombre digno de recibir el sacramento de la Eucaristía, o si no llega a esta categoría.

Como historiador, investigando sobre el descubrimiento y conquista de Río de la Plata y del Paraguay.

Como crítico, que imbuido de las ideas filosóficas del s. XVIII analiza «los medios empleados por los conquistadores de América para reducir y sujetar a los indios salvajes». Contraponiendo los métodos eclesiásticos a los seglares, decantándose por los segundos; porque desde su formación de hombre ilustrado tenía como objetivo primordial la secularización de la cultura y el triunfo de la verdad útil, medida en grados de rentabilidad económica.

Como literato, Azara es un buen escritor en el sentido técnico del término y no artístico. Para Azara el «bien escribir» es un oficio, no un arte, porque él concibe lo literario, no como la búsqueda de la belleza absoluta, sino como el medio para la divulgación científica. Azara escribe en una prosa tersa, con una sintaxis clara, con unas proporciones áureas de la frase, buscándole a sus ideas la mayor concisión y la mayor nitidez. Apuntándose con ello al conjunto de escritores del s. XVIII que crean la prosa moderna y el género del ensayo.

En conclusión, el perfil humano y científico de Félix de Azara es de una gran riqueza. Por eso, cuando el claustro de profesores quiso ponerle un nombre al Instituto, quería que este fuese una meta de su quehacer pedagógico y Félix de Azara simboliza ese deseo de formar a los alumnos :

  • En el espíritu crítico y tolerante.
  • En el deseo de saber y de investigar.
  • En el equilibrio entre las ciencias y las humanidades.
  • En el valor de la cultura y no de la doctrina.
  • En la importancia de ser hombre.

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