MúsicaEthel Smyth | Alexander Ewing | Londres | Alfred Musset | Emmeline Pankhurst | Thomas Beecham | Harry Brewster | música | ópera | TEATRO | Virginia Woolf | Wagner

Ethel Smyth: la compositora del himno sufragista

Dame Ethel Mary Smyth nació en Londres, el 23 de abril de 1858 y murió en Surrey, el 8 de mayo de 1944. Fue una compositora inglesa y activista social revolucionaria reconocida por haber creado el himno del movimiento sufragista y por haber sido la primera mujer en conseguir que una de sus obras fuera representada en la Ópera Metropolitana de Nueva York.

Hija de un militar perteneciente a la burguesía conservadora que no estaba de acuerdo con que su vástaga estudiase música (y menos en el extranjero), Ethel, gracias a que Alexander Ewing (un oficial de la Army Service Corps que fue su primer profesor de composición y quien la introdujo en el mundo de la orquestación y de la música de Wagner, Berlioz y Brahms) convenció a su padre del talento que poseía su hija, emprendió su carrera musical estudiando en el conservatorio de la ciudad alemana de Leipzig para pasar más tarde a Berlín y recibir lecciones privadas del profesor Heinrich von Herzogenberg.

Regresó a su ciudad natal en 1888, justo para la época en la que hubo un resurgir del género de la ópera británica, la cual durante varias décadas prácticamente había llegado a desaparecer, debido al hecho de que las óperas de los compositores extranjeros, particularmente la de los italianos, eran las que acaparaban las preferencias del público en aquellos años. A finales del siglo XIX y principios del XX, fueron emergiendo compositores ingleses decididos a emprender la recreación de una ópera nacional en lengua inglesa edificada sobre los patrones de la dramaturgia británica. Ejemplos significativos de esa iniciativa fueron los compositores Edward Elgar, Charles Stanford y Ethel Smyth.

La primera ópera de Smyth llevó por título “Fantasio” y fue compuesta sobre un libreto del escritor romántico francés Alfred Musset, y estrenada en la ciudad alemana de Weimar en el año 1898. La crítica que recibió no fue muy encomiástica para la autora y, de hecho, al cabo de los años, ella misma consideró que carecía de la calidad suficiente y destruyó todos los ejemplares que pudo encontrar. Sin embargo, el exiguo éxito agenciado por esa obra no la desanimó en lo absoluto y en 1901 publicó su ópera breve “Der Wald” (El bosque), la cual fue representada en Berlín y, casi inmediatamente, en el teatro londinense de Covent Garden. Al año siguiente, la Ópera Metropolitana de Nueva York también la presentó sobre su escenario, coronando así a Ethel como la primera mujer en haber formado parte de la programación del prestigioso -y misógino hasta ese momento- teatro estadounidense.

La validación política de la mujer era una problemática que le interesaba asazmente, la misma que la llevó a unirse, en 1910, a la Unión Social y Política de las Mujeres (Women´s Social and Political Union, WSPU), una organización militante sufragista a la que se dedicó de lleno durante dos años, y para la que compuso “La marcha de las mujeres” (“The March of the Women”) en 1911, la cual se convirtió en el himno del movimiento sufragista femenino. Cuando la líder de la WSPU, Emmeline Pankhurst, llamó a los miembros a romper las ventanas de los políticos anti-sufragistas como protesta, Smyth (junto a 108 mujeres) lo hizo. Cumplió dos meses en la prisión de Holloway. Cuando Thomas Beecham fue a visitarla allí, se encontró a sufragistas marchando en un cuadrángulo y cantando mientras Smyth se apoyaba en una ventana y conducía la canción con un cepillo de dientes.

ethel smyth

Ethel era un ser impetuoso, completamente pasional, proclive a grandes paroxismos románticos, mayormente con personas de su mismo género. En una carta a Harry Brewster (posiblemente su único amante masculino) escribió: “es más sencillo para mi amar mi propio sexo apasionadamente, que al tuyo”, y calificó ese sentir suyo como a un “eterno puzzle”. A sus 71 años se enamoró intensamente de Virginia Woolf, quien, acoquinada y embelesada a la vez, dijo que era “como ser presa por un cangrejo gigante”, pero terminaron siendo buenas amigas.

Debido al desarrollo de unos problemas auditivos que venían amenazando a la compositora desde hacía tiempo, Smyth abandonó poco a poco su actividad musical para dedicarse cada vez con más ahínco a escribir libros sobre diversas experiencias de su propia vida, así como acerca del ambiente musical de su época. Antes de morir y de que sus restos fueran incinerados, el rey Jorge V la condecoró con el título honorífico de Dama del Imperio Británico por su labor como compositora y por haber difundido el prestigio de Inglaterra por otros países de Europa. Posteriormente a su óbito sirvió de modelo para la ficticia Dama Hilda Tablet de la serie radiofónica de 1950 de Henry Reed y setenta y seis años después fue nominada a un premio Grammy por su sinfonía “The Prision”, grabada en 1930.

Ethel Smyth fue es y será un torbellino sáfico de herencia wagneriana y simbolismo alemán que marcó la historia de la música clásica inglesa en particular y occidental en general para y por los siglos de los siglos, Amén.

ethel smuth

Dejá tu comentario