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Ese oscuro objeto del deseo (1977)

A 43 años de su estreno, Ese oscuro objeto del deseo continúa inquietando espíritus.

Con esta película finalizó la carrera cinematográfica del cineasta español más reconocido internacionalmente, fue la última cinta que Buñuel realizaría, muriendo seis años más tarde. Fue uno de los artistas más importantes del surrealismo, uno de los integrantes del grupo en París, donde viajó con su amigo Dalí, cuando el movimiento daba sus primeros pasos.

Lo onírico, el mundo de los sueños, ha resultado inquietante para el hombre desde siempre, un universo al que ha tratado de encontrar explicación, una vida paralela sin sentido en donde viven seres animados o inanimados. Las acciones que allí suceden son extrañas y arbitrarias y lo racional y lo ilógico se entremezclan, como en Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través de espejo (Lewis Carrol, 1865 y 1871), obras y autor que influyeron en el movimiento.

Así, por ejemplo, en esta película aparece el bebé cerdo que se encuentra en el primer libro de Alicia, en el capítulo VI. En la cinta una mujer lo lleva en brazos, arropado como un bebé humano, un sinsentido que, sin embargo, a ningún personaje sorprende, viéndolo como si fuera algo totalmente natural.

En el cine la obra más importante del surrealismo fue Un perro andaluz (1929) de Luis Buñuel sobre el guión de Dalí. Sin embargo, hay quien como André Breton considera que fue La edad de Oro (1930) la referente del surrealismo cinematográfico, también de Buñuel y Dalí, cinta que provocaría la final ruptura de la amistad entre ambos.

Su última película

Su última película, Ese oscuro objeto del deseo, como otras de sus creaciones también tiene al sexo como parte central del argumento, más bien en este caso es su ausencia. Recibió el premio especial del Festival de Cine de San Sebastián. Para ella se basó en la novela La mujer y el pelele de Pierre Louys. La novela fue llevada al cine en dos ocasiones antes. La primera, El diablo era mujer (Josef von Sternberg, 1935) fue protagonizada por Marlene Dietrich. La segunda versión, con título homónimo al del libro (Julián Duvivier, 1959) lo fue por Brigitte Bardot.

Un hombre maduro y adinerado Mathieu, interpretado por Fernando Rey, narra a sus compañeros de vagón durante un viaje en tren, cómo se enamoró de una joven que jugaría con sus sentimientos, Conchita, personaje interpretado por Ángela Molina y Carole Bouquet. En un principio la elegida fue Maria Schneider gracias a su interpretación en El último tango en París (Bernardo Bertolucci, 1972) pero, al tercer día de rodaje, fue sustituida por las dos actrices.

Muchos significados se le han intentado encontrar a que un personaje lleve dos rostros diferentes, como que las personas tenemos una doble faz, que la francesa es la más fría de rostro angelical y Molina la más ardiente y racial. Todo ello fue desmentido por el propio director, quien tomó esa decisión por las circunstancias.

Algo que más adelante en el tiempo también haría Terry Gilliam, tras el fallecimiento de su protagonista en pleno rodaje de El imaginario del Doctor Parnassus (2009). El personaje principal sería interpretado en total por cuatro actores, todos ellos caracterizados de forma muy similar.

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El deseo

Pero con Conchita no sucede así, son dos actrices muy diferentes, tanto físicamente, una rubia y otra morena, como en su interpretación, la francesa más hierática y una española más visceral. Lo interesante es que pese a los significativos contrastes que hay entre ambas, el espectador se acostumbra a los repetidos y continuos cambios de las actrices sin que llegue a molestar u obstaculizar el visionado, más bien todo lo contrario, ya que se percibe como algo natural.

Mathieu, desde la primera vez que ve a Conchita sirviendo en su casa, tratará de conseguirla. La joven logrará mantenerlo en el anzuelo gracias a sus insinuaciones sexuales, con las que se aprovecha de los deseos desaforados de un hombre obcecado por yacer con ella y desvirgarla.

Esta perturbación convierte al hombre en la parte débil de una febril relación donde la mujer saca a la luz una mente malévola, pues disfruta jugando y atormentando a un hombre con una obsesión sexual tal que le impide tener una vida plena sin esa mujer, fetiche de sus deseos.

Una obsesión pesada con la que carga desde el inicio de la película, representada por ese saco de arpillera que repetidamente aparece portado por diversos hombres, incluido el propio Mathieu, y del cual no se liberará, hasta el final, cuando tras el escaparate de una tienda que ambos observan, una costurera lo abre sacando ropa interior y de cama femenina, blanca, únicamente teñida por una mancha de sangre, que es observada ávidamente por Mathieu.

En la importancia que finalmente adquieren estos fluidos corporales en la cinta, se puede intuir un eco lejano a la poesía de Walt Whitman que tantos versos les dedicó y a los que tanto cantó.

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Texto publicado originalmente en https://www.encadenados.org/rdc/rashomon/130-rashomon-n-87-luis-bunuel/3929-ese-oscuro-objeto-del-deseo-1977

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