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Entre el Picnic y la caída del Muro

En la esperada y publicitada visita de Mijail Gorbachov a Estados Unidos en diciembre de 1987, el asunto principal de la agenda a tratar con el presidente Ronald Reagan fue el control de armamento de las dos grandes potencias. Así, el resultado de las conversaciones dio como resultado el acuerdo para reducir sus arsenales nucleares.

El encuentro resultó una exitosa presentación de Gorbachov en los Estados Unidos, que tenían gran expectativa de ver cara a cara al artífice de la perestroika (el proceso de reestructuración económica en la Unión Soviética) y la glasnost (la liberalización del sistema político soviético qe incluía también libertades inéditas para los medios de comunicación, por ejemplo).

Además del acuerdo nuclear, se firmó el Range Nuclear Forces Treaty, un tratado en el que ambas superpotencias acordaban eliminar misiles terrestres de un alcance entre 480 km y 5440 km. En total, URSS eliminaría 1.750 armas y EEUU 860.

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A consecuencia de esto, la dirección de la política de Europa del este comenzó a cambiar. Alentados por lo que parecía ser una clara intención de Gorbachov de renunciar (al menos formalmente) a una competencia armamentista (y por lo tanto de poder) con EEUU, y guiados por las significativas reformas que había llevado a cabo en la Unión Soviética, los movimientos que apoyaban una economía de mercado y una democracia pluralista empezaron a hacerse escuchar y se fueron volviendo cada vez más fuertes. Así, estos movimientos políticos fueron derrotando a los regímenes comunistas. Esto se desarrolló mayormente en forma pacífica excepto en Rumania, donde el régimen de Nicolae Ceaușescu se cobró la vida de 7.000 ciudadanos antes de caer.

La transformación de Europa oriental comenzó en Hungría. El Partido Comunista húngaro desbancó a János Kádár en 1988; el nuevo primer ministro, Miklós Németh, comenzó a liberalizar la política y la economía, y lo hizo tan rápido que en octubre de 1989 el Partido Comunista quedó directamente disuelto. Esta transición terminaría en 1990 con la llegada al poder del líder del Forum Democrático, un político de centro derecha llamado Jószef Antall.

Pero quizá el evento que mejor simboliza el cambio de paradigma que comenzaba a gestarse en Europa fue el llamado “Picnic Paneuropeo”: el 19 de agosto se abrió simbólicamente un agujero en la alambrada (“el telón de acero”) de la frontera entre Hungría y Austria, más precisamente entre Sankt Margarethen im Burgenland (Austria) y Sopronköhida (Hungría). La idea fue una iniciativa pacifista pergeñada inicialmente por Hungría y llevada a cabo por los ministros de relaciones exteriores de ese país (Gyula Horn) y de Austria (Alois Mock). Esta “abertura” debía durar tres horas, y se buscaba que fuera un “símbolo de cambio”. Y resultó ser más que eso: 600 alemanes del este, enterados del evento, aprovecharon para cruzar la frontera, y los guardias fronterizos no les dispararon. Los días siguientes el celo en la custodia fue mayor y los que cruzaron fueron pocos, pero ya había una grieta instalada en el telón de acero, simbólica o no. Hungría abrió su frontera con Alemania del este el 11 de septiembre de 1989, y se considera al Picnic Europeo el primer evento de una sucesión de hechos que terminarían en la caída del Muro de Berlín.

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Mientras tanto, en Polonia, en abril de 1989, tras meses de negociaciones, el gobierno legalizó Solidaridad (la federación sindical de raíces cristianas dirigida por Lech Walesa), que pasó a ser rápidamente la opción predominante entre la población polaca, por encima del Partido Obrero Unificado gobernante, de extracción marxista-leninista. En las elecciones de junio de ese año ganó todos los escaños no reservados para los comunistas (empezaban a democratizarse, pero tampoco era cuestión de hacerlo tan de golpe), y el secretario general del Partido Comunista, Wojciech Jaruzelski, nombró primer ministro a un miembro de Solidaridad: Tadeusz Mazowiecki. Esto fue una clara transición, ya que duró poco: un año después Lech Walesa fue elegido presidente polaco, y las cosas en su lugar.

Y lo más trascendente, en lo que al futuro de Europa refería, ocurrió en Alemania Oriental. Mientras proliferaban las manifestaciones contra el gobierno, miles de ciudadanos se dirigían hacia la frontera recién abierta entre Hungría y Austria, ya fuera como paso intermedio para llegar a Alemania Occidental o en busca de asilo en las embajadas de Alemania occidental en Praga y Varsovia. Hacia fines de noviembre ya 2.000.000 de alemanes orientales habían abandonado la RDA, la mayoría de ellos con destino hacia Alemania Occidental. A esta altura, el viaje ya era más corto: de Alemania Oriental a Alemania Occidental, sin escalas. La entrada de alemanes del este se volvió una marea incontenible que ni siquiera el Muro podía detener. Europa ya era otra, y los guardias del Muro no se movieron ni detuvieron a nadie; es más, muchos se unieron a quienes comenzaron a destruirlo. El Politburó de Alemania Oriental intentó responder: el presidente del Consejo de Estado de la RDA, Erich Honecker (claro opositor a la política de la perestroika de Gorbachov), adujo problemas de salud y presentó su dimisión, pero la realidad es que el partido no le toleró la decisión de relajar las restricciones sobre viajes de ciudadanos fuera del territorio de la RDA, y su salida fue una destitución encubierta. Fue reemplazado por otro miembro del partido, Egon Krenz, cuyo destino no sería muy diferente: superado por los acontecimientos que precedieron lo que terminó siendo el colapso final del Estado Socialista, terminó siendo detenido en 1990 y encarcelado por 6 años. Asumió un comunista “reformista” (neologismo más que conveniente para un comunismo que languidecía sin remedio), Hans Modrow, pero en las primeras elecciones libres posteriores al comienzo de la caída del Muro de Berlín su partido perdió sin atenuantes ante el partido Demócrata Cristiano y su líder Lothar de Maizière, quien terminó siendo el último jefe de gobierno de la RDA. Después vendría la reunificación alemana.

A todo esto, en Bulgaria cayó el presidente del partido Comunista, Todor Zhivkov, y se convocó a elecciones libres en noviembre.

Y en Checoeslovaquia las cosas no fueron muy diferentes: allí se desarrolló la llamada “Revolución de Terciopelo”, un movimiento pacífico por el cual el Partido Comunista de Checoeslovaquia perdió su poder político en 1989, siendo reemplazado por un estado de régimen parlamentario (Vaclav Havel fue elegido presidente) y un sistema económico que viró rápidamente hacia el capitalismo.

Europa del este ya era otra. Como en dominó y en mucho menos tiempo de lo imaginado, las fronteras cayeron. Las visibles y las invisibles…

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