Engelbert Humperdinck, un gran pedagogo musical "semiolvidado"

Sólo unas pocas obras vocales redactadas por el compositor, crítico y pedagogo alemán Engelbert Humperdinck (Siegburg, Alemania, 01/09/1854-Neustrelitz, íd., 27/09/1921), han sobrevivido al paso del tiempo y del olvido. De hecho, su celebérrima ópera infantil Hänsel y Gretel –estrenada el 23 de diciembre de 1893 bajo la batuta de un jovencísimo Richard Strauss–, obra cuya fuente de inspiración es un cuentecillo homónimo de los que conforman la exquisita selección y recopilación de cuentos populares de transmisión oral llevada a cabo por Jacob Ludwig y Wilhelm Karl Grimm (conocidos universalmente como los hermanos Grimm), sigue representando la culminación de su quehacer compositivo, además de ser la única ópera de este músico representada en todos los grandes escenarios del mundo en la actualidad –con alguna honrosa excepción–.

Siegburg era en aquellos años una pequeña ciudad de la región alemana de Westfalia (zona septentrional de las tierras del Rhin), ubicada en las proximidades de Bonn (cuna del genial Ludwig van Beethoven). Nacido casi cien años antes de la trágica desaparición del mítico Wilhelm Furtwängler (el luctuoso suceso tuvo lugar el 30 de noviembre de 1954), y cien años después que el gran compositor valenciano –y universal– Vicente Martín y Soler (Valencia, España, 02/05/1754-San Petersburgo, actual Rusia, 30/01/1806), Engelbert Humperdinck comenzó sus estudios de piano y composición a una edad muy temprana (con siete años), a pesar de la fuerte oposición familiar hacia sus inclinaciones artísticas (el pequeño ya había demostrado sus cualidades musicales como niño cantor del coro de su ciudad).

Como ha ocurrido con tantos compositores e intérpretes en los últimos cuatro siglos en la Historia de Occidente, el joven músico tuvo que ingeniárselas para salvar toda suerte de dificultades a la hora de dedicarse por entero a su gran pasión: la música.

Su padre aún insistiría durante algún tiempo con severidad y firmeza para que nuestro protagonista terminase sus estudios universitarios de arquitectura. Una vez cumplidos los deseos paternos, Engelbert descartó casi de inmediato la posibilidad de dedicarse profesionalmente a esta disciplina.

La determinante etapa de formación musical: 1872-1880

En 1872, alcanzados los dieciocho años de edad, el joven músico alemán ingresa en el Conservatorio de Colonia –con la estimulante aceptación paterna– , estudiando con el gran pianista, compositor y director musical alemán Ferdinand Hiller (Frankfurt am Main, 24/10/1811-Köln, 12/05/1885). Éste último había estudiado a su vez en Weimar con el reputado Johann Nepomuk Hummel, lo que proporcionó a Hiller la posibilidad de entablar amistad, verbigracia, con Johann Wolfgang von Goethe –entre otros hombres insignes en aquellos tiempos–.

Además, la beneficiosa y magnífica tutela provisional que ejerció Hiller sobre el incipiente Humperdinck queda patente también en el círculo de amistades del primero, entre las que se encontraban –por citar algunos ejemplos– Felix Mendelssohn-Bartholdy o la familia Schumann. Con un bagaje como el descrito, es fácil adivinar que nuestro protagonista entró a formar parte activa de la vida musical de muchas de las ciudades con mayor tradición musical de la Alemania del siglo XIX.

Otro de sus maestros en aquellos años fue Hompesch, cuya amplia trayectoria docente facilitó al joven músico el aprendizaje del contrapunto.

Nuestro compositor recibe el espaldarazo definitivo a su carrera musical en 1876, al ganar el Premio Mozart de la ciudad de Frankfurt am Main. Dicho certamen le permite viajar a Múnich, donde amplía sus estudios de contrapunto con Rheinberger y Lachner en una de las mejores instituciones musicales de la capital bávara.

Uno de los acontecimientos más relevantes para Engelbert tiene lugar en el año 1879, cuando la Fundación Mendelssohn de Berlín decide otorgarle su prestigioso Premio, en el que se incluía un viaje de fin de curso a Italia para perfeccionar sus conocimientos musicales.

Un momento decisivo: Bayreuth y Richard Wagner (1880)

Ya asentado en el bellísimo país que viese nacer el género operístico el 24 de febrero de 1607 (con el estreno de L’Orfeo de Claudio Monteverdi), la vida y la carrera profesional de Engelbert Humperdinck dan un giro radical e inesperado en el invierno de 1880. El 9 de marzo de aquel año, nuestro protagonista conoce en Nápoles a Richard Wagner. El talento musical de Engelbert debió de llamar muy pronto la atención del genio de Leipzig, quien le instó a desplazarse en breve a Bayreuth para colaborar de primera mano con él –en calidad de ayudante técnico–, en las labores escenográficas de preparación del estreno de Parsifal (26 de julio de 1882), el último gran “drama” wagneriano en tres actos al que el propio autor denominó Bühnenfestspiel (festival escénico sagrado).

Al año siguiente (1881), Humperdinck se traslada al centro neurálgico de la actividad musical wagneriana. Será en Bayreuth donde Engelbert se convertirá en el protegido de Wagner. Es el comienzo de una fructífera e intensa etapa de colaboración con su admirado maestro.

Seguidor de las propuestas estético-musicales del creador del Anillo del Nibelungo, puede afirmarse que su estilo, su inspiración y su estética nos revelan a un compositor de marcada –que no absoluta– influencia wagneriana, a la vez que su estilo en materia de orquestación –sencillo, directo y sin grandes ostentaciones ni exigencias orquestales–, recupera la frescura y la luminosidad del canto popular de su tierra natal, exaltando el rico folklore existente en el norte de Westfalia.

Su predilección por la voz humana hunde sus raíces en su niñez, cuando cantaba todo tipo de repertorio secular y sacro en el coro de Siegburg con gran entusiasmo. Su posterior paternidad hizo el resto: de las obras que conforman el corpus de Humperdinck, muchas de ellas surgieron como respuesta a la educación musical de sus retoños, a la vez que su dominio del arte de la composición le permitía hacer pedagogía musical de forma activa e involucrada con los nuevos retos estilísticos de su época.

El intenso quehacer docente en un lustro: 1885 – 1890

Su labor como docente le llevó hasta la Península Ibérica, donde impartió clases en el Conservatorio del Liceu de Barcelona durante un breve espacio de tiempo (1885-1886). Su creciente desánimo (debido a la escasa preparación del alumnado), y su debilitada salud llevaron a Humperdinck a desistir en el empeño de impartir ciertas disciplinas musicales en España, por lo que decide regresar a su Alemania natal al término de aquel curso académico.

Su afán por la pedagogía le instó a probar fortuna como profesor en el Conservatorio de Colonia (1887), y posteriormente en el de la ciudad de Hoch (1890). Durante aquellos años, Engelbert colaboró como crítico operístico en el prestigioso rotativo Frankfurter Zeitung (Frankfurt am Main), además de desempeñar funciones como asesor editorial de Schott en Mainz (Maguncia, 1888).

Uno de sus mayores logros profesionales –a la vez que un gran reto personal–, fue la aceptación del encargo (realizado en vida de Wagner) para ocuparse de la educación musical de su hijo Siegfried. Dicho reto fue asumido de manera admirable en 1889, y daría sus frutos en pocas décadas. El hijo varón del ilustre compositor de Leipzig se convertiría, con el transcurrir de los años, en el director de los Festivales de Bayreuth.

Hänsel y Gretel, obra musical cimera

Hänsel y Gretel abre las puertas a un subgénero operístico desconocido hasta la época (con la excepción de La flauta mágica, compuesta por Wolfgang Amadé Mozart en 1791): se trata de la ópera infantil o, si se prefiere, encarna una manera diferente de entender el gran género, ideado ad hoc para los niños y niñas, sin que por ello la calidad compositiva de la obra en sí experimente merma alguna. Según Kurt Pahlen:

“Comprobamos que con la ópera infantil se crea un nuevo género de gran éxito, con posibilidades poco aprovechadas hasta hoy. Esta ópera se ha traducido a muchos idiomas pero se ha difundido poco en las grandes salas fuera de Alemania y Austria.”

Estrenada en el Teatro de la Corte de Weimar (al igual que Lohengrin, 1850), Hänsel y Gretel está estructurada en tres actos (la obertura instrumental con la que se inicia la obra es de una belleza extraordinaria), siguiendo el esquema sintáctico (grosso modo) de su predecesor y mentor Richard Wagner.

El compositor Richard Strauss escribió las siguientes palabras a Humperdinck después de estudiar la partitura y dirigir los primeros ensayos de la ópera:

“Tu ópera me ha encantado. Es una obra maestra; hacía tiempo que no había visto un trabajo tan importante. Admiro la riqueza melódica, la finura, la abundancia polifónica de la orquestación..., todo ello es nuevo, original, verdaderamente alemán.”

Efectos de repetición mediante contrastes dinámicos: el ‘eco’

Sirva como ejemplo el excelente dominio del oficio compositivo que poseía el músico alemán este breve fragmento del inicio del segundo acto (en la versión realizada por la Editorial Schott en idioma inglés), en el que Humperdinck utiliza ingeniosas soluciones compositivas –como el “efecto eco”– de manera muy notable, asegurándose de que el impacto psicológico del citado efecto musical sea mayor al disminuir deliberadamente la intensidad dinámica de forma progresiva en cuatro ocasiones, primero con un contraste notable en el episodio que contiene la célula melódica principal (“Who’s there?”)

- Idea a desarrollar en ‘eco’.- fortissimo [frase a repetir] > piano [primera repetición],…

… para proseguir con disminuciones más suaves y continuadas en repeticiones sucesivas (segundo episodio, “You there!”):

- Solapamiento de voces diferentes.- Lejanía: p > pp > ppp > pppp.

El “efecto eco” queda asegurado al unir ambos episodios de la siguiente manera: (ff [frase a repetir] > p [primera repetición] > pp [segunda repetición] > ppp [tercera repetición] > pppp [cuarta repetición]):

humper20.jpg

Primero es Hänsel quien formula la pregunta, para dejar paso a continuación en la siguiente pregunta a su hermana Gretel (“Is someone near?”).

Otro delicioso pasaje que se trae aquí a colación es el que sirve para abrir la cuarta escena del tercer acto (molto tranquillo, pp):

humper21.jpg

TEXTO EXTRAÍDO DEL SITIO: http://www.filomusica.com/filo86/humperdinck.html

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